13.11.09

Democracia y totalitarismo

El Cardenal español Julián Herranz publicaba este artículo en en L'Osservatore Romano al recibir el Premio Bonifacio VIII:


Permitidme que tome como punto de partida un problema que afecta a la teología política y hoy es muy actual en Italia y en otros países: la crisis de la justicia en el ordenamiento jurídico civil en relación al orden de los valores espirituales. Se trata de una crisis que parece que se está verificando no sólo por los frecuentes conflictos de competencia e invasiones de campo entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, sino también, y quizá prioritariamente, por el divorcio que progresivamente se ha instaurado entre la moral y el Derecho positivo.
No hay duda de que el fenómeno más positivo de la ciencia jurídica moderna y de las legislaciones democráticas elaboradas después de los regímenes totalitarios del siglo pasado ha sido el desarrollo doctrinal y normativo de los derechos fundamentales, lo que ha contribuido a poner en el centro de la realidad jurídica a su verdadero protagonista, que no es el Estado sino al hombre, con su inalienable dignidad y libertad. Pero es un hecho paradójico que, desde la segunda mitad del siglo pasado, está prevaleciendo el principio jurídico-positivo, fruto del relativismo moral, según el cual, en una sociedad democrática la racionalidad de las leyes sola y únicamente dependería de aquello que la mayoría de los votos decida que sea establecido. Estamos así, frente a la que ha sido justamente llamada una deriva totalitaria de la democracia. Son sistemas democráticos en los que -como en los tiempos del absolutismo monárquico- se pretende atribuir al legislador, es decir, al pueblo soberano representado en los Parlamentos, un poder ilimitado, absoluto: una potestad capaz de limitar los derechos inherentes e inalienables enunciados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y de inventarse nuevos derechos, propugnados por confusas ideologías libertarias. Con razón, hablando en 1993 al mundo académico de Lituania, una nación que apenas acababa de salir de la dictadura comunista, advertía Juan Pablo II de que «el riesgo de los regímenes democráticos es desembocar en un sistema de reglas que no estén suficientemente sustentadas en los valores irrenunciables, fundados sobre la esencia del hombre, que deben estar en la base de cada convivencia, y del que ninguna mayoría puede renegar sin provocar consecuencias funestas para el hombre y la sociedad. (...) Totalitarismo de signos opuestos y democracias enfermas han devastado la historia de nuestro siglo».

Desgraciadamente, es un hecho que en los dos casos -totalitarismos del pasado y democracias enfermas del presente- la racionalidad de las leyes no ha quedado ya vinculada a la correspondencia de la norma con la naturaleza humana, con la verdad objetiva sobre la dignidad del hombre, con los valores morales objetivos y permanentes que el Derecho debería defender y tutelar, para poder ordenar rectamente los comportamientos sociales, proteger las instituciones fundamentales y evitar el desarrollo progresivo de una sociedad salvaje.

Pero no podemos tener una visión negativa o pesimista del futuro. Es necesario reaccionar recurriendo a la razón y a la fe. Es la hora de la inteligencia libre y serena. Es necesario recuperar el auténtico concepto de libertad personal, que no puede ser separado de la verdad objetiva. Es necesario anteponer a la justicia la verdad; la verdad del hombre y de la mujer, la verdad sobre el inicio y sobre el valor de la vida humana, la verdad sobre el único posible concepto de tolerancia y orden, la verdad sobre el mismo concepto de ley, que debe siempre tutelar el bien común de la sociedad, y no los presuntos derechos personales o de un grupo de carácter arbitrario o superfluo. En una palabra, la verdad sobre la dignidad de la persona y de sus derechos fundamentales e instituciones naturales, que preceden a la lógica de cualquier ordenamiento jurídico positivo y de cualquier poder político.

12.11.09

El Evangelio en la cultura digital

Benedicto XVI ha aclaró el pasado 29 de octubre el gran malentendido que se da en ambientes eclesiales, que conciben los medios de comunicación como simples "medios", olvidando que hoy han conformado la cultura. Por este motivo, ha invitado a integrar el Evangelio en esta "nueva cultura" "creada por la comunicación moderna" para poder transformar el "continente digital" con "la única Palabra que puede salvar al hombre".


Esta fue la conclusión a la que llegó al recibir en audiencia a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, a quienes dirigió un discurso en el que reflexionó en un pasaje del magisterio de Juan Pablo II considerado por los expertos como una de las cumbres de la reflexión cristiana sobre la comunicación.

Esta propuesta fue presentada por el Papa Karol Wojtyla en la encíclica "Redemptoris missio" (7 de diciembre de 1990) en la que afirmaba que "el trabajo en estos medios no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho más profundo, porque la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo".

Y añadía en el número 37: "No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta 'nueva cultura' creada por la comunicación moderna".

Según aclaró Benedicto XVI, "la cultura moderna surge, antes aún que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos sicológicos".

"Todo esto constituye un desafío para la Iglesia --según el Papa--, llamada a anunciar el Evangelio a los hombres del tercer milenio, manteniendo inalterado el contenido, pero haciéndolo comprensible gracias también a instrumentos y medios armoniosos con la mentalidad y las culturas de hoy". Por este motivo, el Papa hizo un llamamiento a quienes en la Iglesia trabajan en el ámbito de la comunicación y tienen responsabilidades de guía pastoral "a acoger los desafíos que plantean a la evangelización estas nuevas tecnologías".

El arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, tras la audiencia confirmó a ZENIT la importancia de esta reflexión ulterior de Benedicto XVI sobre el panorama que abrió Juan Pablo II, pues constituye el nuevo contexto en el que la Iglesia está llamada a evangelizar.

Este es el motivo, como confesó en la audiencia el mismo Papa, que le ha llevado a dedicar el Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año al tema"Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo, de amistad".

Ese documento, añadió, pretendía alentar "a los responsables de los procesos comunicativos a todos los niveles, a promover una cultura del respeto por la dignidad y el valor de la persona, un diálogo arraigado en la búsqueda sincera de la verdad, de la amistad que no es fin en sí misma, sino capaz de desarrollar los dones de cada uno para ponerles al servicio de la comunidad humana".

11.11.09

Einstein contra el ateísmo

El genial físico y matemático reconocía su fascinación por "la figura luminosa del Nazareno" y criticaba el fanatismo de ciertos ateos. La web forumlibertas.com publica este artículo digno de ser difundido:


El siglo XXI ha empezado con una moda literaria: los libros groseros de ateos arrogantes. Cuanto más groseros son y más tonterías históricas acumulan, más libros venden. En estos libros, la religión –especialmente la cristiana- es culpable del SIDA, la pobreza, la estupidez, el nazismo, el terrorismo mundial, el fracaso de tu matrimonio y que tus tostadas salgan siempre quemadas.

Michel Onfray en Francia con su Tratado de Ateología, Sam Harris con Carta a una nación cristiana, el biólogo Richard Dawkins con El Espejismo de Dios (The God Delusion), Steven Weinberg, Daniel Dennett... En España se ha apuntado al mini-boom del género Fernando Savater con un libro rutinario, poco pensado y menos trabajado, con el que sacarse un dinerito extra atizándole a la fe.

Grandes mentes

La fe cristiana, o al menos la deísta, puede que sea verdadera. O puede que no. Que muchos hombres inteligentes hayan militado a favor o en contra del deísmo puede hacer pensar en nuestra capacidad de buscar la verdad usando la inteligencia.

“¿Si el cristianismo es tan razonable por qué Celso, Plotino, Hobbes, Maquiavelo, Voltaire, Rousseau, Goethe, Melville, Jefferson, Shaw, Russell, Franklin, Sartre, Camus, Nietzsche, Marx, Freud y Skinner lo rechazaron?”, pregunta el "Handbook of Christian Apologetics" de Peter Kreeft y Ronald K. Tacelli.

Dejando aparte que parece que Voltaire sí murió católico y reconciliado y que Camus en sus últimos años redescubrió la fe cristiana, una respuesta rápida –aunque un poco anglocéntrica- puede ser que “el listado de no creyentes es fácil de superar con Pablo, Juan, Agustín, Tomás de Aquino, Anselmo, Buenaventura, Scoto, Lutero, Calvino, Descartes, Pascal, Leibniz, Berkeley, Galileo, Copérnico, Kepler, Newton, Newman, Lincoln, Pasteur, Kierkegaard, Shakespeare, Dante, Chesterton, Lewis, Solzhenitsin, Tolstoy, Dostoyevsky, Tolkien, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, T.S. Eliot, Dickens, Milton, Spenser y Bach, por no mencionar un tal Jesús de Nazaret”.

Y continua el manual de Kreeft y Tacelli:

“las mentes brillantes a menudo rechazan el cristianismo porque no quieren que sea verdad, porque no está de moda o simplemente porque el cristianismo pide obediencia, arrepentimiento y humildad”.

Einstein y los ateos

Es curioso que en ninguna de estas listas de mentes brillantes salga el genial físico y matemático Albert Einstein. Y es que Einstein era deísta. Creía en un Dios que daba orden y armonía al Universo. Siempre rechazó ser ateo, incluso rechazó ser panteísta. Dios no estaba en el Universo, sino detrás del Universo. Sin embargo nunca aceptó que fuese un Ser Personal. Y mucho menos que interviniese alterando las leyes naturales. Einstein no creía que Dios tuviese libre voluntad, pero es que tampoco creía que los hombres la tuviesen.

En EEUU se acaba de publicar una nueva biografía de Einstein a cargo de Walter Isaacson, que además ha publicado algunas líneas en TIME (www.time.com) sobre la fe de Einstein.

“A lo largo de su vida, Einstein fue constante al rechazar la acusación de ser ateo. ‘Hay gente que dice que no hay Dios, pero lo que realmente me enfada es que me citan para apoyar su punto de vista’, dijo a un amigo.

Al contrario que Sigmund Freud o Bertrand Russell o George Bernard Shaw, Einstein nunca sintió la necesidad de denigrar a los que creían en Dios. Al contrario, tendía a denigrar a los ateos: ‘lo que me separa de la mayoría de esos que se llaman ateos es un sentimiento de radical humildad hacia los secretos inalcanzables de la armonía del cosmos’, explicaba.

‘Los ateos fanáticos’, escribió en una carta, ‘son como esclavos que aún sienten el peso de las cadenas que arrojaron tras un duro esfuerzo. Son criaturas que en su pleito contra la religión tradicional como opio de las masas, no pueden escuchar la música de las esferas”.

Otra de las cosas que distinguen a Einstein de los ateos modernos y groseros es que reconoce los logros históricos de la Iglesia, especialmente los que vivió en carne propia. Así, el 23 de diciembre de 1940 declaraba en la revista TIME sobre la facilidad con que Alemania adoptó la cultura nazi:

"Cuando tuvo lugar la revolución en Alemania, miré con confianza a las universidades, pues sabía que siempre se habían enorgullecido de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron amordazadas. Entonces confié en los grandes editores de los diarios que proclamaban su amor por la libertad. Pero, al igual que las universidades, también ellos tuvieron que callar, sofocados en pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció firme, en pie, para cerrar el camino a las campañas de Hitler que pretendían suprimir la verdad. Antes nunca había experimentado un interés particular por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque la Iglesia fue la única que tuvo la valentía y la constancia para defender la verdad intelectual de la libertad moral."

10.11.09

Como si no hubiera Dios

Juan Pablo II describía así la situación del mundo actual en la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "CHRISTIFIDELES LAICI" 34:


Países y naciones enteras, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateismo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida «como si no hubiera Dios».

Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateismo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y ceremoniales— tiende a ser arrancada de cuajo de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. De ahí proviene el afianzarse de interrogantes y de grandes enigmas, que, al quedar sin respuesta, exponen al hombre contemporáneo a inconsolables decepciones, o a la tentación de suprimir la misma vida humana que plantea esos problemas.

En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad.

8.11.09

el monje y el pez

Me ha llamado la atención la obra del cineasta holandés, realizador de cortos de animación, Michaël Dudok de Wit, del que reconozco conocía poco, pero que tiene ya un gran prestigio (nominaciones y un oscar incluidos).

"The Monk and the Fish" by Michael Dudok de Wit:

6.11.09

Ayuda a los inmigrantes

Interesante artículo de Enric González en El País sobre la negativa de ayudas del Ayuntamiento de Barcelona a Braval, una iniciativa del Opus Dei en el barrio de El Raval para integrar a niños y jóvenes españoles y extranjeros:


En Braval, una de las entidades asistenciales del barrio, se ocupan de la integración de niños y jóvenes españoles y extranjeros. Por explicarlo rápido, les atraen con deportes y actividades extraescolares, les enseñan a convivir e intentan que, ya puestos en ello, estudien. Braval es del Opus Dei, lo cual puede suscitar cierto recelo a según quien. El Ayuntamiento de Barcelona les ha denegado este año la subvención porque sólo trabajan con chicos (tienen otra cosa para chicas y mujeres jóvenes, llamada Terral), y eso no se aviene, al parecer, con las directrices municipales sobre integración sexual.

Tampoco es que la subvención recibida en años anteriores fuera para tirar cohetes. En 2008 ascendió a unos 3.000 euros. Teniendo en cuenta que Braval paga unos 8.000 euros anuales en concepto de alquiler de equipamientos deportivos municipales, sólo significa que el Ayuntamiento hará aún más negocio en el presente ejercicio.


Vale la pena visitar las instalaciones de Braval, fundada en 2002 en la calle de la Cera, para ver el Raval desde abajo, desde el punto de vista de los niños. Tiene sus símbolos cristianos, su capilla y su placa dedicada a Escrivá de Balaguer, pero el barullo (las idas y venidas de los chavales, la limpieza de las camisetas deportivas, la manutención de los ordenadores) y la mezcla (chicos procedentes de 30 países, con 10 idiomas distintos y nueve religiones, sin contar con los no religiosos) generan un cierto ecumenismo. En cualquier caso, el objetivo de Braval no consiste en salvar almas, sino en resolver urgencias muy concretas y materiales. Su director, Pep Masabeu, un tipo tremendamente pesado cuando se trata de conseguir cosas para sus chavales (casi 250 este ejercicio), es pedagogo. ¿Sus máximos orgullos? Que seis de sus críos hayan llegado ya a la Universidad, que una cincuentena hayan encontrado trabajo regular, que varios de ellos se hayan convertido a su vez en voluntarios para ayudar a los que están llegando.

En el Bronx neoyorquino existe un centro similar, el Cretona, también del Opus. Lo visité hace unos años. Pregunté a un voluntario (numerario del Opus Dei) si los chicos, de entre 10 y 18 años, tenían que ir a misa. "¿Misa? Mi trabajo consiste ahora mismo en evitar que ese cabronazo de ahí (y señaló con una sonrisa a un chavalín que tendría 11 o 12) acabe robando en las iglesias pistola en mano, e intentaré que estudie y se imponga un mínimo de autodisciplina; a partir de ahí, él sabrá". La idea viene a ser ésa.

La imperfección, al desnudo

La actitud contemporánea ante la imagen del cuerpo humano pone de manifiesto una curiosa paradoja: en el mundo real estamos obsesionados por la búsqueda del cuerpo 10, el pánico a lo imperfecto, la eterna juventud, la belleza corporal, aunque sea al precio de la cirugía estética; mientras, en el mundo del arte se compite para ver quién muestra el cuerpo humano de forma más degradada o repulsiva. María Molina es Directora de la Galería ArteVeintiuno. Nos lo cuenta en Aceprensa (24-10-09)


Uno se pregunta por qué buena parte del arte contemporáneo da una visión tan degradada del cuerpo humano, con un posicionamiento “maldito” anti-yo, en contraste con la obsesión social por la búsqueda de la perfección corporal. Si al ver el arte de otras épocas creemos detectar cuál era el ideal de belleza corporal del momento, en el caso actual resultaría totalmente equívoco. Calvo Serraller, en Los géneros de la pintura, advierte que la concepción del desnudo en el arte contemporáneo refleja sobre todo “la idea de la imperfección, de la antielección, el antiideal”, la vida como es.

Un icono como el recién fallecido Michael Jackson nos mostró su mejor música, francamente genial, y su aspecto físico transformado, una renuncia a su color de piel y a sus rasgos de raza, en búsqueda de una perfección corporal imaginada en el País de Neverland.

Un género artístico polémico
Nuestro amor por la belleza, según el crítico Kennedy Fraser, “tiene algo de desesperado, heroico, humano”. Amamos nuestra imagen y la reflejamos en el arte. Aceptada la perfección y la belleza de la forma humana, los artistas se apoderan de ella para describirla y explicarla.

Existe la creencia de que el cuerpo humano desnudo es en sí un objeto en el que la vista se detiene con agrado y que nos complace ver representado. Desde la época clásica el cuerpo humano ha constituido una materia prima que ha suscitado el interés de todas las disciplinas –pintura, escultura y hoy también fotografía–, pero las trabas para representarlo han sido innumerables. El desnudo tal vez sea el género más polémico de la Historia del Arte.

El crítico Kenneth Clark afirma: “un desnudo es una forma de arte inventada por los griegos en el siglo V (a.C.), del mismo modo que la ópera es una forma de arte inventada en Italia en el siglo XVII. El desnudo no es un tema de Arte sino una forma de Arte” (El desnudo, Alianza, Madrid, 2002, p.34).

Tanto por las constantes prohibiciones como por la atracción que ejercen los cuerpos desnudos, resulta un tema artístico sumamente interesante. En la segunda década del siglo XX, cuando las costumbres se vuelven aparentemente más naturales y la mentalidad más abierta, la fotografía se beneficia de los influjos de ese cambio postulándose como un género artístico autónomo. Se abren así nuevas vías de experimentación creativa en las que el desnudo se desliga de la censura moral y de la clandestinidad, hasta llegar en los últimos años a una situación de normalidad. (Ver texto completo)

4.11.09

50 obispos anglicanos pasan a la Iglesia Católica

Los obispos, sacerdotes y fieles anglicanos que hasta ahora llegaban a la Iglesia católica eran recibidos individualmente a título personal. Benedicto XVI ha creado un sistema para que puedan ser recibidas en la Iglesia católica parroquias enteras con sus respectivos fieles o incluso diócesis enteras como han solicitado unos 50 obispos anglicanos. La petición requiere aceptar explícitamente el catecismo de la Iglesia católica y la autoridad del Papa.

Card. William Joseph Levada
Prefecto Congregación de la Doctrina de la Fe:
"Sí, serán católicos. Eso quedará claro, porque como las personas que siguen el proceso de catecumenado, hacen una profesión de fe personal y ritual". La estructura de acogida en la Iglesia católica serán los Ordinariatos personales, similares a los Ordinariatos militares ya existentes o a las Iglesias católicas de rito oriental.

3.11.09

Cuando contemplo el cielo…

Texto de Mons. José Antonio Munilla, obispo de Palencia

Se cumplen cuatrocientos años desde que Galileo apuntase por primera vez al cielo con su telescopio, y las Naciones Unidas han declarado el 2009, el Año Internacional de la Astronomía. Si bien es cierto que la ciencia astronómica tiene sus propios fines y métodos, el hombre religioso recibe con sumo interés todos sus descubrimientos y avances, porque para nosotros el firmamento es un lugar privilegiado por el que nos asomamos al misterio de la inmensidad de Dios y a la contemplación de su infinita belleza. Así lo dice el Salmo 8: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?” (Sal 8, 4-5).


Inmensidad del universo: ¡Ponte en mis manos y… observa!

La astronomía dispone de las comprobaciones científicas suficientes para afirmar que el universo es finito y que está en expansión. Recientemente, un astrónomo sevillano, José Luis Comellas, nos impresionaba con unos datos que nos ayudan a contemplar el universo: Cuando observamos el sol, lo estamos viendo tal y como era hace ocho minutos. La razón es que, ése es el tiempo que tarda en llegar la luz desde el sol hasta nosotros, a razón de 300.000 kilómetros por segundo. Y cuando miramos en el firmamento la Estrella Polar, la estamos viendo como era hace ¡trescientos años! Pero… eso no es nada, comparado con la distancia que nos separa de la Galaxia de Andrómeda: la luz que nos llega hoy desde ella, ha salido hace ¡¡dos millones de años!! Podría haber ocurrido perfectamente que esa galaxia hubiese desaparecido hace miles de años, y que nosotros no tuviésemos todavía noticia de ello... Desde estos datos, los creyentes nos maravillamos al considerar que toda esta inmensidad que forma el Universo, no es sino una pequeña criatura del amor de Dios.

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

Una de las cuestiones más apasionantes es la posibilidad de encontrar otras formas de vida en el Universo, y especialmente, otras formas de vida inteligente. De forma mayoritaria, la comunidad científica no excluye esa posibilidad, aunque estima que las probabilidades son pequeñas, dadas las condiciones tan hostiles para la vida en el universo conocido.

En la hipótesis de que solamente existiese vida inteligente en la Tierra, parece lógico que los creyentes nos hagamos la pregunta de por qué un universo tan inmenso: ¿Somos tan importantes como para que Dios crease un universo de estas dimensiones, teniéndonos sólo a nosotros como sus habitantes? Si así fuese, estaríamos ante una prueba más de la dignidad del hombre. Tal vez, Dios nos está diciendo: “Si piensas que el firmamento es maravilloso, deberías ver mi obra maestra en…¡el espejo!”.

Iglesia Católica y astronomía

Una de las leyendas negras más extendidas contra la Iglesia Católica es la sospecha de que en su historia se ha comportado como enemiga de los avances científicos. La realidad es justamente lo contrario: Baste recordar que Copérnico fue un eclesiástico polaco; o que Lemaître, el pionero en proponer la hipótesis del Big Bang como origen del universo, era un sacerdote belga. Sin olvidar que los papas fueron grandes impulsores del estudio del cosmos, hasta el punto de fundar tres observatorios astronómicos.

Por lo que respecta al caso Galileo, frecuentemente aducido, hoy en día sabemos con precisión que el factor determinante del conflicto no fue otro que las malas relaciones personales y las rivalidades entre científicos. Conviene recordar que Galileo no estuvo un minuto en las cárceles de la Inquisición, ni fue sometido a tortura o vejación alguna. Su condena, por no cumplir su compromiso de enseñar el heliocentrismo como una hipótesis –ciertamente, una injerencia indebida del tribunal eclesiástico, como reconoció Juan Pablo II-, consistió solamente en una reclusión en su propia casa y la recitación de algunas oraciones. La leyenda negra sobre Galileo no sólo ha extendido la falsedad de su condena a la hoguera, sino que ha ocultado que Galileo falleció en su vejez, bajo el cuidado de su hija religiosa, y habiendo recibido la bendición papal.

En el momento presente, la Santa Sede mantiene un Observatorio Astronómico, conocido con el nombre de la “Specola Vaticana”, desde el que se están impulsando importantes proyectos. Su razón de ser es el diálogo interdisciplinar, ya que la astronomía es una ciencia que nos ayuda a poner en perspectiva nuestra realidad, al mismo tiempo que nos introduce en un terreno fronterizo, entre ciencia, teología y filosofía.

1.11.09

Carta póstuma

Un amigo bloguero me envía esta carta póstuma de un padre a sus hijos. Se trata de algo real, ocurrido en Valladolid, que quiero publicar aquí por su ejemplaridad:


Queridos todos:

Si leéis esta carta es que el Señor me ha llamado a su presencia. Espero, de su benevolencia, perdone mis cobardías, egoísmos, traiciones. Mis últimos deseos os los dejo en esta carta, espero que reflexionéis sobre ello.

En primer lugar, querer a mamá y mimarla cuanto podáis; todo sería, en términos económicos, poco para pagar el cariño y develo hacia vosotros, toda una vida sin más objetivo que ¡sus hijos! Habrá tenido fallos, pero son insignificantes en el haber general. Todo cariño es poco para compensar sus preocupaciones, sus dolores por todos vuestros problemas. Pero no se trata de compensar nada, mamá ha cumplido con todo su saber y energía la función de madre. Se trata que le deis el cariño y el mimo que ella necesita en este tiempo difícil para ella.

Segundo: Llevaos bien, permaneced unidos. Tratrar de comprenderos y respetaros. No ampliéis vuestras diferencias, ayudaros todos y en especial al que más lo necesite.

Tercero: he tratado de transmitiros la fe que a su vez mis padres me dieron a mí y tengo como el bien más precioso. En algo he fallado, pues me parece que vuestra vida espiritual es lánguida, como si tuvierais miedo a que esa fe fuera incompatible con el mundo actual. La fe que yo he querido daros es en un Dios bueno, paciente, que sólo busca nuestro bien, aunque la impaciencia humana sea un obstáculo para entender sus decisiones.

La felicidad en este mundo está en entender y aceptar con alegría lo que Dios nos manda, apoyados en esa fe, que cree firmemente que Dios nunca nos abandona. Una vida espiritual sin frecuentar los sacramentos es una vida anémica. La comunión frecuente es el mejor alimento del alma.

Cuarto: No quiero lutos para mí, ni visitas al cementerio. Sí os pido que cuando os acordéis pidáis a Dios por mí y en vuestras comuniones tended un recuerdo para vuestro padre.

Quinto: Deseo que mis cenizas reposen junto a mis padres. La esquela la dejo hecha. Deseo que no figure ningún título, simplemente el nombre y debajo: "dejo este mundo, en Valladolid, el día... de... esperando de la misericordia del Padre ganar la vida eterna".

Sexto: A los que, por razones de matrimonio, os habéis encontrado formando parte de mi familia, mi agradecimiento por haber soportado mis errores, mis pesadeces, que sin duda las ha habido. Mi actitud hacia vosotros no ha sido de aceptación, sino de cariño. Todos tenéis virtudes para ser amados. En la parte que os toca, procurad fomentar la unión entre los hermanos. No todos somos iguales, hay diferencias pero éstas no deben ser elevadas a la categoría de enemistades.

Habéis sido buenos hijos, cada uno a su manera siempre me habéis demostrado cariño. Os he querido sin límite y sin diferencias, he procurado formaros lo mejor que he sabido y me he preparado para ello. Habrá habido fallos, propios de la imperfección humana, nunca por despreocupación o falta de amor.

Para todos mi agradecimiento.