31.12.08

Existe una vida humana desde la concepción

Gracias a Aceprensa terminamos el año con una noticia sobre la vida, que siempre es algo esperanzador. Una encuesta de la Fundación BBVA mide las percepciones hacia la biotecnología en nueve países europeos. Afortunadamente los valores básicos de nuestra sociedad no dependen de las encuestas ¿se imaginan una encuesta sobre temas como "si los negros tienen alma"? De todos modos, ante el escandaloso número de abortos en nuestro país, la información me parece de interés, la postura mayoritaria es que existe una vida humana desde la concepción:


Mientras el gobierno español insiste en proponer una ley de plazos sobre el aborto aduciendo la “demanda social”, una encuesta de la Fundación BBVA revela que el 44% de los españoles cree que existe una vida humana desde el momento de la concepción y otro 12% piensa que es a partir de los 15 días. Solo el 21% responde que a partir de los 3 meses y un 12% en el momento de nacer.

La encuesta de la Fundación BBVA pretende reflejar las percepciones de los europeos ante la biotecnología. La investigación, que se ha realizado en nueve países de Europa seleccionados en función de su peso demográfico y de la variabilidad asociada a las creencias religiosas (España, Italia, Polonia, Francia, Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Holanda y Austria), ha tenido en cuenta 13.500 entrevistas.

Respecto de la opinión sobre el comienzo de la vida humana individual, el sondeo recoge que en Italia y Polonia el 52% de los ciudadanos lo sitúa en el momento mismo de la concepción, postura que también obtiene mayoría relativa, aunque con porcentajes más bajos, en España (44%), Alemania (38%), Francia (35%), Austria (33%) y Reino Unido (32%). Sólo en Holanda y en Dinamarca alrededor del 40% opina que la vida humana comienza a partir del tercer mes de la concepción.

Respecto a cómo hay que considerar al embrión, en seis de los nueve países la posición que obtiene mayor aprobación relativa es la que afirma que el embrión humano de apenas pocos días tiene la misma condición moral que un ser humano. En España, esta es la posición mayoritaria (30%), junto a otro 13% que lo considera “más cercano a un humano que a un conjunto de células”. Los que lo consideran “un conjunto de células sin condición moral” son el 22%.

Sólo en Dinamarca y Reino Unido una mayoría relativa –37% y 26% respectivamente– lo equipara a un conjunto de células sin condición moral, mientras que en Holanda las respuestas se inclinan por una “posición intermedia entre un conjunto de células y un ser humano”.

El estudio también ha considerado como variable la adscripción de los entrevistados a una creencia religiosa. Los creyentes (con independencia del credo que profesen) tienden a ser más respetuosos con la vida humana naciente, mientras que los no creyentes tienden a percibir la condición del embrión como más cercana a un conjunto de células que a un ser humano.

29.12.08

Lealtad

Derivado de ley, al igual que legalidad, indica la cualidad interior de rectitud y franqueza, de fidelidad a la palabra dada, a las personas e instituciones y aun al propio honor personal.

Esta acepción del vocablo en las lenguas española y portuguesa tiene su correspondiente en el idioma inglés (loyalty). En la literatura francesa, el contenido ético del término en las relaciones entre personas es transferido, frecuentemente, hacia jidelité. Es precisamente bajo el vocablo equivalente de “fides” que la filosofía latina y la teología medieval trasmiten lo esencial de ese término.

La lealtad se presenta en la historia a través de una extraordinaria polivalencia semántica. El «lealismo» es el fundamento de las instituciones y el alma del mundo feudal. Igualmente los regímenes monárquicos aprovechan la estabilidad de la lealtad del pueblo y, muy especialmente, de una minoría, de la nobleza unida a la dinastía por vínculos de «leal» servicio y vasallaje. Semejante «lealismo» está expuesto a diferentes riesgos de degradación, pudiendo degenerar en servilismo, en apego incondicional a personas, regímenes o facciones que no están al servicio del bien general. En cuanto cualidad ética, y no simple conformismo histórico-sociológico, la Iealtad incluye capacidad de discernimiento, lucidez y coraje para rectificar la adhesión enraizándola en los valores humanos y sociales y no en organizaciones o personas que, eventualmente, las representan. Los momentos de crisis y de mutaciones de orden político o cultural ponen a prueba la autenticidad de la Iealtad. Son conocidas las vacilaciones del pensamiento monárquico frente al alcance de los ideales e instituciones republicanas. Igualmente los regímenes de inspiración nazi, fundados en una fidelidad incondicional al jefe, a veces confirmada por un juramento, representarán en el siglo XX como una especie de enloquecimiento de la actitud de lealtad (“el ‘duce’-el jefe- siempre tiene razón”).

Algunas corrientes del existencialismo exaltaron la libertad absoluta como respuesta dialéctica a la alienación de la civilización técnica o de los regímenes totalitarios. Pero esta exaltación de la libertad exige la correspondiente valoración de la fidelidad, del empeño en la acción, del apego a los auténticos valores de la civilización o de la tradición. En el clima espiritual de inquietud derivado de la I Guerra mundial, momento en el que se empieza a detectar una preocupante crisis de valores en Occidente, surgirá una reflexión filosófica que resalte las exigencias éticas de una adhesión lúcida, generosa y ponderada a las grandes causas, a los movimientos históricos que las encarnan, a fin de que el individuo pueda realizarse, superando el egoísmo que se manifiesta en el abstencionismo y en las formas más depuradas de la autosatisfacción. Semejante reflexión, en armonía con la filosofía de los valores (SCHELER), pone de manifiesto que la elevación y el perfeccionamiento espirituales del hombre no son frutos de doctrinas puramente abstractas, sino que requieren instituciones enraizadas en la historia, capaces de influenciar el presente y preparar el futuro en una línea de continuidad coherente.

En Francia, la reflexión en torno al tema de la fidelidad es continuada por G. Marcel, que procura profundizar el análisis fenomenológico de esa actitud espiritual. No sólo apunta sus defectos, sino que establece, como fundamento de la auténtica existencia, la exigencia radical de fidelidad, que es considerada como «la primera virtud», en la medida en que «cada destino individual se caracteriza como la afirmación del hombre a través del tiempo». Teniendo en cuenta la convergencia de las diferentes corrientes filosóficas en torno al valor, a la acción, a la autenticidad, se pueden destacar los siguientes elementos constitutivos de la virtud de la Iealtad. Primeramente expresa la necesaria adhesión de la persona humana a un otro, sea individual o colectivo. La I. significa inicialmente, pues, la superación del individualismo, y engendra un vínculo interior correspondiente a los lazos externos designados por la legalidad, de la cual la Iealtad es como su alma. De esa forma se caracteriza como un triunfo sobre el tiempo, perennizando amistades e instituciones, a pesar de las tribulaciones y de las crisis por las que puedan pasar.

Para realizar este ideal de persistencia en la fidelidad, la Iealtad no asume el carácter de un fanatismo incondicional, sino que por el contrario reviste el aspecto de una participación activa dotada de sentido crítico. Frente a los desvíos de un partido, de un movimiento o de un jefe, el hombre leal evita la traición a través de una colaboración que incluye el reconocimiento y una denuncia de los errores cometidos por los propios amigos o partidarios. Se distinguen, por consiguiente, dos grandes aspectos o dos modalidades: por un lado, la Iealtad como vínculo interpersonal, y como adhesión de naturaleza espiritual, uniendo persona a persona, en un tipo de promesa de fidelidad más o menos explícita. La ruptura de este vínculo constituye una traición o desprecio de la palabra dada de manera recíproca.

27.12.08

Haendel -El Mesías

Georg Friedrich Händel (Halle, 23 de febrero de 1685 – Londres, 14 de abril de 1759) fue un compositor de origen alemán, posteriormente nacionalizado inglés, considerado una de las cumbres del Barroco y uno de los mejores y más influyentes compositores de la música occidental. En la historia de la música, es el primer compositor moderno en haber adaptado y enfocado su música para satisfacer los gustos y necesidades del público,1 en vez de los de la nobleza y de los mecenas, como era habitual. Considerado el sucesor y continuador de Henry Purcell, marcó toda una era en la música inglesa siendo el compositor más importante entre Purcell y Elgar en Inglaterra. Es el primer gran maestro de la música basada en la técnica de la homofonía y el más grande dentro del ámbito de los géneros de la ópera seria italiana y el oratorio.

Su oratorio más famoso es el renombrado "Mesías" (1741). La historia cuenta que éste surgió después de un largo período de escasez en la producción musical del compositor, debido a una inspiración divina. Su coro más famoso es el majestuoso "Aleluya". Este oratorio fue representado en el Convent Garden y dirigido por el mismísimo Händel todos los años en la época de Pascua hasta el día de su muerte.

Handel - Mesías - REJOICE GREATLY - Subtitulado en español


duración, 4:30 min.

26.12.08

la bandera de Europa

Nos recuerda hoy el profesor Luis Suárez en ABC los orígenes de la bandera de la Unión Europea. Los hechos son como son, por mucho que les incomode a algunos.


En 1955 se decidió diseñar una bandera para Europa. Robert Bichet era entonces vicepresidente del Consejo de Europa y no tuvo duda; de algún modo tenían que salir a la luz viejas raíces. Se hizo un concurso. Y uno de los que lo ganaron, Arsenio Heitz reveló, no tardando mucho que su diseño, el fondo azul de las doce estrellas, había sido inspirado en el Apocalipsis, en esos versículos que la Iglesia ha atribuido siempre a la Virgen María. No se trataba de hacer una manifestación litúrgica sino de representar un orden de valores. Cuando esta inspiración se demostró no faltaron las dudas y las vacilaciones ya que se trataba de un signo católico. Católicos lo eran, y de qué modo, De Gasperi, Adenauer y Schuman. Aquella bandera que se izó por primera vez un día 8 de diciembre, que coincide con la fiesta de la Inmaculada.

Me complace recordar que estos tres grandes políticos fueron cristianos. Robert Schuman, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer fueron hombres de fronteras y al mismo tiempo sin fronteras; fueron encarcelados ya en su juventud y reaccionaron sin rencor; ante las dificultades opusieron el buen humor y el optimismo; los tres supieron aliar en su carácter firmeza con bondad, sustituir el odio por la confianza; los tres fueron hombres de fe, fe que heredaron pero también supieron cultivar. En sus propias vidas, y no sólo en sus palabras, echa Europa sus raíces. Vivieron primero en sus personas lo que fomentaron después entre sus pueblos.

24.12.08

El humor de Dios

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Siempre me ha llamado la atención el sentido del humor que tiene Dios. La Navidad es un buen momento para pensar en ello, porque tiene bastante gracia. Los relatos que nos ofrece la Sagrada Escritura tienen una interesante lectura en clave de humor. Para empezar está la genealogía de Jesús, que Mateo coloca al comienzo de su Evangelio (1, 1-17). Es común entre los humanos presumir de parientes o antepasados ilustres, pues bien, en la genealogía del Salvador no aparecen las grandes heroínas del Antiguo Testamento (Sara, Rebeca, Raquel, etc.) sino que se nombran personajes como Rajab, la prostituta que facilita a los israelitas el camino hacia Jericó, o Betsabé, la mujer de Urías, con quien David engendró a Salomón, y que además era hitita, es decir, pagana como su marido, “adoradora de dioses extraños”. Sería difícil encontrar a alguien que no se avergonzara de semejante pasado, que no tratase de ocultar hechos que pudieran manchar su honor, pero parece que esos “honores” son poco importantes para Dios.

Pero lo que no tiene desperdicio es el Nacimiento de Jesús. El “Rey de reyes” nace en una cueva o establo. Es increíble. Ni en un palacio, ni en una amplia casa de campo, ni en un confortable apartamento: ¡en una cueva! Y los primeros en enterarse son unos pobres pastores, unos campesinos humildes y presumiblemente analfabetos. Así es Dios. El Dios de la cueva nos hace reír de los hombres de los palacios, y de nosotros mismos, que de haber podido hubiéramos organizado desfiles, banquetes, discursos y quizá fuegos artificiales... Pero El ha escogido esta manera desconcertante y pardójica, rompiendo así nuestros esquemas e invitándonos a reír. Si, el Dios Niño se ríe de los hombres importanes, y con su llanto de recién nacido, atenazado por el frío nos deja muy pensativos...

17.12.08

Días de retiro






Días de retiro. Recogimiento para conocer a Dios, para conocerte y así progresar. Un tiempo necesario para descubrir en qué y cómo hay que reformarse: ¿qué he de hacer?, ¿qué debo evitar?

San Josemaría Escrivá
(Camino 177)

15.12.08

Tragedias y "culebrones"

En un sugerente artículo que encontramos en su página web, José Ramón Ayllón trata de responder a la pregunta sobre ¿por qué muere Ofelia?


Hay lectores que no perdonan al novelista la muerte del personaje que les ha conquistado. Pero el escritor suele ser inocente, porque su obligación es reflejar la vida, y en la vida sólo hay dos certezas: que tú y yo estamos aquí y que vamos a morir. Todo lo demás es más o menos probable e incierto: no sabemos con seguridad qué va a ser de nosotros dentro de cinco, diez, veinte años... Por eso, un relato literario donde no muere nadie es parcial, incompleto. Por eso, en muchas obras maestras mueren los protagonistas, y las grandes historias de amor no son una excepción: mueren Romeo y Julieta, Calixto y Melibea, Cyrano, Hamlet y Ofelia, Héctor, Desdémona, Antígona...

Platón afirmaba que la filosofía es, en el fondo, una meditación sobre la muerte. Quería decir, con esa contundencia, que quien pasa por la vida sin pensar en la muerte vive como un sonámbulo. Así piensan también los clásicos de la literatura, que lo son por haber puesto la brillantez de su estilo al servicio del misterio de la condición humana. Además, los griegos nos han enseñado que las mejores historias son las que ponen a los protagonistas en situaciones límite. No admiramos a un señor por el mero hecho de verle caminar por la calle, pero nos maravilla cuando camina sobre un cable de acero a gran altura, en el circo, o cuando sube al escenario y se convierte en Alejandro Sanz. De la misma manera, en literatura no admiramos la historia de lo que puede hacer cualquiera de nosotros cualquier día. En cambio, nos interesa la resolución de situaciones difíciles (desde Ulises a Harry Potter), nos conmueven las grandes pasiones (desde Aquiles a Ana Karenina), y nos sacude violentamente la muerte de alguien a quien queremos (desde Patroclo a la madre de Bamby).

La tragedia griega -origen de la novela y del cine- no representaba culebrones para pasar el rato, sino acciones de gran calado, escogidas para conmover al espectador, configurar su corazón y hacer de él un ciudadano a la medida de la polis. Mediante el temor y la compasión que provoca en el espectador, la tragedia lleva a cabo la purgación de tales sentimientos: una descarga de tensión interior (catarsis), semejante a la que muchos consiguen haciendo deporte o animando a su equipo en un estadio, y también riendo o llorando ante la gran pantalla. Pero hay otro sentido de la catarsis mucho más importante: consiste en poner en su sitio los sentimientos fundamentales, pues las emociones y las pasiones están con frecuencia "revueltas", de forma que lo bueno nos puede parecer malo, y lo malo bueno. La telebasura, sin ir más lejos, lleva muchos años practicando a la perfección esta perversión de los sentimientos.

Los griegos sabían que la educación, además de amueblar la cabeza con conceptos y fortalecer la voluntad con virtudes, ha de llegar hasta los sentimientos para configurarlos correctamente. Si el conocimiento requiere lecciones y discursos, la sensibilidad necesita una historia capaz de inducir emociones profundas. Eso logra la tragedia -y en su estela la novela y el cine- cuando presenta lo vil y lo heroico como vil y como heroico, y cuando provoca las reacciones emotivas correspondientes, de forma que el mal resulta despreciable y el bien nos atrae, sin ambigüedad ni confusión. Por ese precio muere Ofelia.

13.12.08

Mataharis

Esta película nos cuenta una historia de tres detectives. Una historia muy especial por prestar una gran atención a los problemas humanos que entraña. La conciliación entre el trabajo y el hogar, la comunicación en el matrimonio, la necesidad de reconciliación ante los conflictos cotidianos, o la ética profesional, son algunos de los temas que el film plantea con desparpajo y hondura, aunque en ocasiones también con cierta crudeza verbal. Un notable trabajo, de los que prestigian al cine español. Reproducimos la crítica de la web almudí.org:


Cuarta película como directora de Icíar Bollaín, que sigue los pasos de tres mujeres, que trabajan en una agencia de detectives madrileña. Eva, una mujer casada y con dos hijos, sospecha que su marido se ve con una desconocida, por lo que decide seguirle. Éste conduce hasta Zaragoza, donde Eva descubrirá que le ha ocultado un hecho del pasado bastante importante, lo que pondrá en peligro la relación matrimonial.

Por su parte, Carmen descubre que la mujer de su cliente mantiene una relación con el socio de éste. Mientras asiste impasible a la desesperación de este individuo, cuyo matrimonio hace aguas, Carmen se da cuenta de que ella misma apenas se relaciona con su marido, un tipo que se pasa el día trabajando con un portátil.

Completa el trío Inés, una mujer soltera que recibe un encargo especial de Valbuena, el jefe de la agencia de detectives. Les ha contratado una importante multinacional, por lo que es importante hacer un buen trabajo. Inés deberá infiltrarse entre los empleados de esta empresa para investigar un posible robo, pero poco a poco descubre que no se ha cometido ningún delito y acaba del lado de sus nuevos compañeros, lo que le colocará ante una compleja decisión moral.

El principal acierto de Bollaín, también coguionista, es que describe tan bien a los personajes, que hasta se entienden a la perfección las motivaciones de los más secundarios, como el jefe que teme por el futuro de la empresa. Están tan bien trazados que dan pie a interpretaciones memorables de Najwa Nimri, en su mejor trabajo, Nuria González, muy por encima de su registro cómico habitual, y la más desconocida, María Vázquez (La noche del hermano), una pelirroja que en pantalla parece un trasunto de la propia Bollaín, como Mastroianni era el alter ego de Fellini.

Entre los roles masculinos, más secundarios, destaca el trabajo de Antonio de la Torre, el socio engañado, un actor fetiche para Icíar Bollaín, que suele contar con él para casi todos sus trabajos. En el plano técnico, llama la atención la labor de Ángel Hernández Zoido, que hasta el momento ha montado todos los films de Bollaín, y que logra que el espectador no se pierda entre las tres historias.

Como en Flores de otro mundo y Te doy mis ojos, Bollaín sigue explorando las relaciones de pareja, y se detiene en problemas muy a la orden del día, sobre todo la incomunicación y el desgaste en la vida cotidiana. Expone también Bollaín las dificultades para conciliar la familia con el trabajo, dos ámbitos interrelacionados que se pueden resentir el uno del otro.

La historia más redonda es la de Eva, con un marido que defiende su derecho a la intimidad, a tener su propio espacio personal, incluso en el ámbito conyugal, pero sus secretos dan al traste con la confianza que hasta entonces le tenía depositada su esposa. La cinta de Bollaín también da que pensar sobre otros asuntos, como la ética en el trabajo, una cuestión importante en una época en la que todo el mundo está dispuesto a comulgar con ruedas de molino por el bien de la empresa.

La historia de Eva es sin duda la que más conmueve, y en ello tiene mucho que ver la magnífica interpretación de Najwa Nimri (una de las más logradas evoluciones de personaje del cine español reciente). En este sentido, es llamativa la hondura y la sensibilidad del acercamiento a las relaciones afectivas que alcanza el guión de Icíar Bollaín y Tatiana Rodríguez, en especial cuando pone el foco en el matrimonio Eva-Iñaki (Nimri y Ulloa).

12.12.08

El Bien común en Juan Pablo II

El Concilio Vaticano II dirá que el bien común es “el conjunto de aquellas condiciones de vida social que facilitan tanto a las personas como a los mismos grupos sociales el que consigan más plena y más fácilmente la propia perfección”(Gaudium et spes, 26). Esto quiere decir que gracias a los debates conciliares y a los nuevos escenarios que tuvieron que enfrentarse a lo largo del siglo XX el significado personalista del bien común eclosionó. Si somos atentos este significado se encontraba implícito en muchas teorías políticas de la antigüedad y de la edad media. Sin embargo, fue necesaria una nueva valoración de la subjetividad, de la conciencia, de la libertad y de los derechos humanos, como la que emergió en la edad moderna, para que de una manera más explícita pudiera notarse que el bien de la comunidad tiene que ser orientado por una antropología normativa basada en la persona como portadora de un valor absoluto del que derivan algunas obligaciones morales y jurídicas igualmente absolutas.

El autor contemporáneo que, releyendo el significado filosófico de la modernidad, más ha contribuido al enriquecimiento de la noción de bien común desde un punto de vista explícitamente personalista, es Karol Wojtyla-Juan Pablo II. Desde su época como Catedrático de Filosofía en la Universidad Católica de Lublín logró construir una hermenéutica de la persona a través de la acción que precisamente culmina con una nueva teoría de la intersubjetividad y del bien común. Esta compleja teoría reivindica que la persona es naturalmente social más que por menesterosidad – como creía Aristóteles y una larga tradición – por una plenitud ontológica que de suyo es difusiva y que hermana a todos los seres humanos de origen. El bien común será aquel bien que realice precisamente la dimensión personalista de la acción entre las personas.

Tiempo después, ya como Juan Pablo II, escribiría la Encíclica Sollicitudo rei socialis en la que culminará esta intuición a través de la articulación de la noción de solidaridad y de bien común. La solidaridad es el bien común en acción: “El hecho de que los hombres y mujeres, en muchas partes del mundo, sientan como propias las injusticias y las violaciones de los derechos humanos cometidas en países lejanos, que posiblemente nunca visitarán, es un signo más de que esta realidad es transformada en conciencia, que adquiere así una connotación moral. Ante todo se trata de la interdependencia, percibida como sistema determinante de relaciones en el mundo actual, en sus aspectos económico, cultural, político y religioso, y asumida como categoría moral. Cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como «virtud», es la solidaridad. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. (Sollicitudo rei socialis, 38). Desde este punto de vista, el fin del Estado es hacer posible la solidaridad, es decir, que las personas podamos encontrarnos con otras personas y relacionarnos de modo responsable para construir entre todos una vida personal y social más humana.

10.12.08

Sensibilidad de ruptura

Vivimos tiempos de crisis, que son siempre tiempos para plantarse cambios. En ocasiones serán simples reformas, en otros casos verdaderas rupturas con el pasado. El profesor Carlos Soria, maestro de periodistas, escribía este notable ensayo que se incluye en su libro “Elogio de la intolerancia”. Provocador título que responde a una realidad, porque no podemos olvidar que hay cosas intolerables que deben cambiar.


Permitidme, antes de nada, que vuelva a formular esas preguntas que han inquietado y comprometido a los hombres de todos los tiempos. ¿Cómo va a ser el futuro? Mejor aún: ¿Qué futuro nos espera, a nosotros, a los que nos rodean, a todas las personas con las que compartimos nuestro presente? ¿Podemos hacer algo significativo en la construcción del futuro? jamás ha habido tantos futurólogos, adivinos del porvenir, indagadores de tendencias, echadores de cartas, o astrólogos encaramados en la tapia del más allá. ¿Significa todo esto que el futuro se ha hecho más permeable, o que hemos perdido el respeto al futuro porque se han intuido las leyes que rigen su construcción?

Es cierto que tanto la experiencia histórica como la memoria colectiva de los pueblos nos están permitiendo conocer algunas cosas del futuro. Por ejemplo, esto: que resulta una pasión inútil intentar conocer el futuro por la simple razón de que el futuro... no existe. En un sentido estricto, el conocimiento sólo puede estar referido al pasado, a la historia, a las huellas que el hombre ha ido dejando al caminar.

EL FUTURO ES EXORABLE
Tiene razón Schumacher cuando afirma rotundamente que el futuro está siempre haciéndose. Pero también tiene razón cuando matiza que, además, el futuro se hace principalmente con el material existente. Por eso, si tenemos un profundo conocimiento del pasado; si somos capaces de detectar el pulso y las tendencias emergentes de nuestro tiempo presente, tal vez seamos capaces de predecir algunas notas del futuro. Sólo unas notas. Sólo una predicción esbozada. Sólo un boceto desdibujado. Nunca una predicción total, ni una predicción axiomática, ni una predicción coloreada de certeza.

Ocurre así porque el futuro está entretejido de libertad. El porvenir, lo que puede existir más allá del instante presente, está vertebrado por esa fuerza misteriosa y rebelde de la libertad creadora de los hombres. El futuro no puede ser, en consecuencia, el puro inmovilismo, el no cambio. Pero también se opone al sentido común y a la libertad creadora -que siempre tiene alguna finalidad- entender el futuro en clave de cambio por el cambio, como si el puro y desnudo movimiento, sin cuestionarse ni su por qué ni su para qué, fuera en sí mismo un elemento redentor.

El futuro es siempre exorable, nunca inexorable. No es verdad que nuestro futuro -el futuro de todos- esté ya escrito. Ni sea nítido, ni sea cierto, ni seguro, para nadie, ni menos para una élite de profetas de los tiempos nuevos. El futuro no está determinado, ni es una corriente que fluye inexorablemente en el sentido que marcan unos hipotéticos signos de los tiempos. Tampoco parece cierto que la única alternativa de la sensatez sea arrojarse a la corriente determinista generada por esos signos. El futuro es suficientemente exorable como para que haya que desconfiar de todas las utopías -de todas las utopías desencarnadas- que lucen en su frontispicio la pretensión de que sólo existe un futuro, ese futuro, su futuro. No es así. El futuro termina declinándose en singular pero comienza a gestarse en plural: el futuro se hace a partir de eventuales futuros.(Ver texto completo)

8.12.08

Crucifijos en la escuela

La sentencia del juez de Valladolid que, a petición de uno de los padres, obliga a retirar los crucifijos de un colegio público, dice que la presencia de símbolos religiosos en una escuela pública es incompatible con la laicidad del Estado. Alega que atenta contra los derechos fundamentales, especialmente los referidos a la libertad ideológica y religiosa. La cuestión se planteó también en Italia, un país de mayoría católica y de Estado aconfesional como España, y la decisión del más alto tribunal fue la contraria. Pensamos que el problema planteado en Italia puede dar luces sobre este debate.


El caso italiano tuvo su origen en el recurso de una madre finlandesa que invocaba el principio de la laicidad del Estado para que la escuela de Padua donde estudiaban dos hijos suyos retirara todos los símbolos religiosos. La sentencia del Consejo de Estado señalaba que, según doctrina del Tribunal Constitucional, la laicidad es un principio supremo de la Constitución italiana, aunque no figure expresamente en ella. Por otro lado, advierte que las condiciones de aplicación de la laicidad se definen también con arreglo a la tradición cultural y a las costumbres de cada pueblo, como muestra la diversidad de determinaciones en distintos países. La sentencia menciona los casos de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.

El Consejo respondía examinando la función y el significado que tiene el crucifijo en la escuela, según la tradición italiana. "En un lugar de culto, el crucifijo es propia y exclusivamente un símbolo religioso", dice la sentencia. En cambio, en una sede no religiosa, como la escuela, destinada a la educación de los jóvenes, “exponerlo estará justificado y tomará un significado no discriminatorio en el plano religioso, si es apto para representar y recordar de modo sintético, inmediatamente perceptible e intuitivo (como todo símbolo), valores civilmente relevantes, sobre todo los que sustentan e inspiran nuestro orden constitucional".

En tal caso, "el crucifijo podrá cumplir, aun en un contexto ‘laico’, distinto del religioso que le es propio, una función simbólica altamente educativa, con independencia de la religión que profese cada alumno". Y prosigue la sentencia, "en Italia, el crucifijo es apto para expresar –en clave simbólica, desde luego, pero de modo adecuado– el origen religioso de los valores de tolerancia, respeto mutuo, estima por la persona y afirmación de sus derechos y su libertad, autonomía de la conciencia moral ante la autoridad, solidaridad humana, rechazo de toda discriminación; valores característicos de la civilización italiana". "Recordar, por medio del crucifijo, el origen religioso de tales valores y su plena y radical conformidad con las enseñanzas cristianas sirve pues para poner de manifiesto su fundamento trascendente, sin poner en cuestión, más bien subrayando la autonomía del orden temporal con respecto al orden espiritual (no su contraposición basada en una interpretación ideológica de la laicidad que no encuentra confirmación alguna en nuestra Carta fundamental)". Esos valores de origen cristiano "son vividos en la sociedad civil de modo autónomo”, de suerte que “pueden ser aprobados ‘laicamente’ por todos, con independencia de que pertenezcan a la religión que los ha inspirado y propugnado". Por tanto, concluía la sentencia, si el crucifijo en la escuela tiene la función de expresar el fundamento de los citados valores civiles, "en el contexto cultural italiano parece en verdad difícil encontrar otro símbolo que se preste mejor a hacerlo".

7.12.08

Glenn Gould - Goldberg Variations

Glenn Herbert Gould, más conocido con el nombre de Glenn Gould (1932 – 1982), pianista canadiense famoso sobre todo por sus virtuosas grabaciones de las obras para teclado de Johann Sebastian Bach. Nacido en Toronto en el seno de una familia de músicos, Gould aprendió a tocar el piano con su madre. Su abuelo era primo de Edvard Grieg. Fue a la escuela Royal Conservatory of Music cuando tenía diez años de edad, conviertiéndose en el discípulo más famoso del pianista chileno Alberto Guerrero.

Glenn Gould es un músico que a nadie deja indiferente. Directores y artistas de la época podían no estar de acuerdo con sus versiones o su forma de ver algunas obras, pero nadie dudaba de su genialidad y todos hablaban maravillas de él. Gould argumentaba su visión de la música con tanto peso que nadie podía poner en duda su talento y siempre quedaba bien patente que su originalidad daba lugar a interesantísimas versiones.



duración, 9:49 min.

5.12.08

Comunicar las propias convicciones

Interesante artículo del profesor de Etica Ángel Rodríguez Luño:



La consecución de la madurez moral personal no es independiente de la comunicación y de la cultura, es decir: de la lógica inmanente y objetivada en el ethos del grupo social, un ethos que presupone compartir ciertos fines y ciertos modelos, y que se expresa en leyes, en costumbres, en historia, en la celebración de eventos y personajes que se adecuan a la identidad moral del grupo.
Si a la ética le interesa la relación entre comunicación, cultura y conciencia personal, a los profesionales de la comunicación les importa sobre todo que la cultura posea una lógica inmanente y objetivada, en la cual las ideas y los sentimientos tienen una consistencia y un desarrollo en cierto modo autónomos. Es como si las ideas, cuando salen de la conciencia personal y pasan al plano de la comunicación, se separaran de las mentes singulares que las han producido y comenzaran a vivir una vida propia y a desarrollarse con una fuerza que depende solo de sí mismas, de su consistencia objetiva y de su dinámica intrínseca, tal vez bien distintas de la intención de la persona o de las personas que han puesto en circulación.
Quien a través de la comunicación aspira a intervenir positivamente en la creación y transmisión de la cultura deben prestar atención a la consistencia y al desarrollo objetivo de las ideas más que la intencionalidad de las personas singulares, a los argumentos ad hominem, a las “salidas” afortunadas o a las argumentaciones puramente dialécticas. Con un golpe de efecto se puede hacer callar momentáneamente a un adversario, pero si la mayor o menor consistencia intrínseca se sus ideas y sus posibles líneas de desarrollo no se han entendido y neutralizado objetivamente con un respuesta culturalmente adecuada, tales ideas tendrán una larga vida, aunque el adversario haya sido reducido al silencio.
Los profesionales de la comunicación conocen muy bien estas cosas y por ello ponen en la base de cada estrategia comunicativa un trabajo de análisis dirigido a entender los puntos de fuerza de la posición contraria. Solo una posición bien entendida puede ser eficazmente contrastada, y el contraste será eficaz solo si se logra elaborar una perspectiva positiva que conserve y supere aquello de bueno que hay en la posición del adversario.

VERDAD Y LIBERTAD

Juan Pablo II señaló en bastantes ocasiones que el conflicto entre libertad y verdad ha marcado en muchos aspectos la cultura contemporánea. A un problema muy similar se refiere Benedicto XVI con el contexto del relativismo. En los debates sobre el relativismo se ha caído frecuentemente en la tentación de oponer una argumentación dialéctica de este estilo: quien afirma que toda verdad es relativa hace en realidad una afirmación absoluta, y por tanto se contradice a sí mismo. Tal argumentación, en realidad, no sirve de nada, porque no entiende y no toca los puntos de fuerza de la posición criticada.

La cuestión es bastante compleja, en este plano, el relativismo de las concepciones del bien en el plano ético-social. Aquí, el relativismo toma aliento del hecho de que en la sociedad de hoy existe un pluralismo de proyectos de vida y de concepciones del bien humano. Según la perspectiva relativista, tal constatación motiva la siguiente alternativa: o se renuncia a la pretensión clásica de pronunciar juicios de valor sobre los diversos estilos de vida que la experiencia nos ofrece, o se debe renunciar a defender el ideal de tolerancia, según en cual cada concepción de la vida vale exactamente lo mismo que cualquier otra o, al menos, tiene el mismo derecho de existir. Más allá del valor que se quiera dar a esta argumentación, su punto fuerte reside en una verdad histórica: y es que ha sucedido muchas veces, en el curso de los siglos, que algunos han sacrificado violentamente la libertad sobre el altar de la verdad, creando así una contraposición entre verdad y libertad que la sensibilidad actual pretende hacer valer enteramente a favor de la libertad.

Las estrategias válidas para comunicar las convicciones cristianas en la sociedad y en la cultura actual pueden ser diversas. Pero hay una cosa que se debe evitar a toda costa: usar palabras o actitudes que refuercen aquello que en la mentalidad relativista es más persuasivo; es decir, hacer pensar que el cristiano convencido es un individuo siempre dispuesto a sacrificar la libertad sobre el altar de la verdad. Ello comportaría admitir que es inevitable una contraposición entre verdad y libertad, contraposición que el relativista haría jugar a favor de la libertad, mientras que el cristiano convencido haría valer a favor de la verdad. (Ver texto completo)

3.12.08

Violencia

JOSÉ JAVIER ESPARZA publica hoy en "El Diario de León" un interesante artículo sobre un tema que ha trabajado bastante: los niños ante la violencia. Creo que deberíamos pensar (y actuar) más sobre esta cuestión.


CINCO instituciones universitarias españolas -de Barcelona, Sevilla y Madrid- acaban de hacer público un estudio titulado Infancia, Violencia y Televisión: los espacios informativos y los imaginarios de la violencia en los niños y adolescentes . Una de sus conclusiones fundamentales es que los menores están muy influidos por los contenidos sensacionalistas y violentos que se emiten de forma cada vez más habitual en la televisión, y esos contenidos violentos provocan en la vida real de los jóvenes «actitudes de angustia». Por el camino, el estudio dice cosas que importa subrayar; por ejemplo, que los niños suelen estar ante la pantalla sin presencia adulta. La clave de la cuestión, según este estudio, no reside en que los niños crean real la violencia ficticia que ven en la tele, sino en que esa violencia golpea, por así decirlo, la sensibilidad de los pequeños espectadores, que luego la proyectan contra su entorno. El estudio señala, además, dos asuntos muy importantes: uno, que los niños son niños -en lo biológico y en lo psicológico-, obviedad que demasiada gente pasa por alto; el otro, que las cadenas ofrecen esos contenidos inconvenientes de manera interesada, es decir, buscando una rentabilidad, lo cual las hace culpables del problema. Los críticos de televisión -quiero decir los de verdad- llevamos años haciéndonos eco de los sucesivos estudios sociológicos y psicológicos que examinan la influencia de la tele en los comportamientos de la gente.

Entre esos estudios hay una ancha familia que se inclina sobre un aspecto muy concreto: la violencia televisiva y los niños. Creo que nadie puede honradamente discutir que la violencia transmitida a través de la pequeña pantalla influye directamente en el comportamiento infantil. Puede debatirse -y es bueno, más aún, necesario debatirlo- en qué grado y en qué dirección, pero la influencia es una realidad suficientemente demostrada. Esto es así, ya digo, desde hace muchos años, y apenas hay estudios en sentido inverso. A pesar de ello, las cadenas de televisión no han modificado sus hábitos, particularmente en España.

Debemos consignar la excepción de ciertas cadenas públicas, que en este asunto han demostrado una sensibilidad de la que carecen para otras cosas. Pero fuera de esos canales, la norma sigue siendo la libre administración de contenidos violentos en cualquier horario, en el bien entendido de que la violencia no consiste tanto en que Rambo tirotee a un helicóptero enemigo como en que la pantalla ponga en escena cualquier tipo de conflicto convertido en espectáculo. ¿Soluciones? Sólo una: que las cadenas de televisión entiendan que tienen una responsabilidad social. Exactamente aquello de lo que nuestros canales llevan años huyendo.

ver al niño no nacido

Una de las formas de violenca más extrema es la que se produce dentro del seno materno con el aborto. La Iglesia siempre ha mostrado su total rechazo, convencida de que las mujeres que lo admiten "no saben lo que hacen". Una reciente experiencia viene a confirmar esta tesis.

Hace poco tiempo han sido presentadas en España, las nuevas ecografías tridimensionales que graban las imágenes de los niños no nacidos. En un estudio de A Woman´s Concern, de Massachussets (Estados Unidos), centro que atiende mensualmente 200 mujeres embarazadas en situación difícil, se ofrecen datos significativos sobre el impacto de la nueva tecnología. Antes del examen por ultrasonido el 61,9% de las mujeres consideradas por los expertos del centro “vulnerables al aborto” acababan abortando, mientras el 33,7 decidía dar a luz. A partir del año 2000, una vez introducido el examen con ultrasonido como parte de su asistencia medica, las cifras se han invertido, el 63,5% de las mujeres “vulnerables al aborto” acaban completando su gestación, mientras que las que deciden abortar descienden al 24,5%. Las imágenes que ofrecen los nuevos sistemas de exploración son tan nítidas que la exclamación habitual de las madres suele ser al ver la ecografía: “¡Mi bebé!”.



duración, 4:15 min.

2.12.08

Los perros y la fe

JUAN MANUEL DE PRADA publicaba ayer otro de sus lúcidos artículos en ABC (Lunes, 01-12-08)


HAN sido muchas las veces en que la fe ha sido arrojada a los perros; y, cuando ya parecía que los perros la iban a devorar, han sido los perros los que perecieron. En las deslumbrantes páginas que rematan “El hombre eterno”, Chesterton computa hasta cinco ocasiones (pero fueron muchas más) en que la Historia parecía que iba a presenciar el fin de cristianismo; y otras tantas en que el cristianismo volvía a alzarse de sus ruinas, mientras sus enemigos se extinguían en la noche de los tiempos. Cuando el nominalismo crece triunfante sobre los escombros de la Edad Media, aparece Tomás de Aquino en la silla de Aristóteles; cuando el Islam galopa a rienda suelta, gritan como un trueno miles de jóvenes exultantes, hijos espirituales de Francisco de Asís, que elevan al cielo un bosque de flechas; cuando el paganismo renacentista se infiltra en las mismas estructuras de la Iglesia y desemboca en la disgregación de la Reforma, surge el aguerrido Ignacio de Loyola. Y así sucesivamente en todos los crepúsculos de la Historia, una y otra vez, hasta llegar a nuestros días: cuando ya parece que la fe está a punto de sucumbir, cuando ya los hombres que la profesan parecen cansados y claudicantes, surge un movimiento que les devuelve el ímpetu; y siempre se demuestra que, cuanto más irremediable parece la claudicación, más pujante es el resurgimiento. Y es que, como concluye Chesterton, la fe cuenta con un Dios que sabe cómo salir del sepulcro (…)

La Iglesia es ese barco frágil que navega a contracorriente. La singladura que promete es áspera y fatigosa, a diferencia del plácido abandono que augura dejarse arrastrar por la corriente. En su sufriente itinerario, ese barco es asaltado por piratas, desgarrado por luchas intestinas, acechado por bajíos y arrecifes, zarandeado por mil tempestades, pero el timonel que lo guía jamás desvía el rumbo. Y, cuando ya parece sucumbir a las Escilas y Caribdis que le lanzan mil dentelladas, vuelve a resurgir, dejando atrás a la jauría. A veces llegan hasta la prensa ecos de ese combate sempiterno: mientras el laicismo se afana en retirar los crucifijos de las paredes, 268.000 españoles más que el año pasado han decidido colaborar a través de la declaración del impuesto sobre la renta en esa singladura a contracorriente. Son 268.000 españoles más deseosos de sentirse vivos, hartos del vino adulterado que les sirven en la taberna del laicismo.

1.12.08

Comunicar el Evangelio

Ramiro Pellitero, profesor de Teología pastoral en la Universidad de Navarra, nos envía este artículo:


Entre personas, “comunicar” no quiere decir “pasar” un mensaje como se pasa un paquete, o transmitirlo como se transmite el impulso eléctrico. Comunicar es acción de poner, más aún, ponerse en comunión: unirse con otros en aquello de lo que se participa. La comunicación es acción que une. Por eso afecta al que comunica (puede hacerlo con alegría y esperanza o con miedo y preocupación) y al que recibe esa comunicación, que tiene su dignidad y libertad. Comunicar es algo más que informar asépticamente (si es que esto es posible). Significa inaugurar una realidad en la vida personal y social de otros. La comunicación implica siempre interpretación, pero debe oponerse al engaño y a la manipulación. Busca servir a la verdad con los medios que el comunicador dispone, a partir de su buen entender y hacer, en un esfuerzo frecuentemente innovador y en ocasiones arriesgado.

Evangelio quiere decir “buena noticia”. En perspectiva cristiana, la buena noticia de un Dios –el único Dios vivo y verdadero– que se manifestó en Jesús de Nazaret como el Dios del amor y de la vida, que dialogó con las personas de su tierra y de su tiempo, a la vez que les abrió horizontes insospechados de una vida plena de sentido. Dios mismo, comunicador por excelencia, quiere seguir extendiendo el Evangelio. Un conocimiento que, como ha escrito Benedicto XVI, cambia la vida en dirección a la plenitud y la alegría. Ahora bien, ¿comunicamos el Evangelio? Dios, al manifestarse a los hombres, lo hace afirmando la dignidad, la libertad, las circunstancias de cada persona en su contexto social. La Buena noticia del Evangelio debe comunicarse a cada persona teniendo en cuenta cómo es y como vive, con sus anhelos y preocupaciones.

Comunicar el Evangelio no es tarea exclusiva de los pastores de la Iglesia, ni sólo de los profesionales de las publicaciones o los medios de comunicación de contenido religioso. Es tarea de todo cristiano, que puede y debe realizar continuamente cada día, tomando ocasión del trabajo, de las relaciones familiares y sociales. Quien está convencido de que tiene lo mejor, aspira a comunicarlo, comenzando por las personas que más aprecia. No se lo plantea como un añadido artificial o una enojosa obligación, sino que surge naturalmente, porque el bien, decían los clásicos, es difusivo “de suyo”. Sin embargo, en la práctica, necesita el impulso de la oración y de los sacramentos, para seguir recibiendo esa luz y esa vida que no viene de uno mismo, pero que transforma la propia existencia y clama por hacerse Vida en otros. Sólo así, en palabras de Benedicto XVI, se puede “abrir el corazón y el mundo a Dios”.

Abrirse a Dios es encontrar en Él el amor que es capaz de hacer nuevas todas las cosas. Una alegría que pide abrirse a los demás, comenzando por los que están cerca (la propia familia, los amigos, los vecinos y conciudadanos): llevar la luz y el bien a cualquier persona hasta el último rincón del mundo, cada cristiano en y desde el rincón que ocupa. Y lo hace, como lo plantea el Evangelio, que es creativo y exigente, sin olvidar que también es yugo suave y carga ligera para quien va con Cristo. Como les dijo el Papa a los jóvenes en Sydney, la vida cristiana no se compagina con el culto a los ídolos (como la codicia, el amor posesivo y la explotación de la tierra), las respuestas parciales y el conformismo.

Al mismo tiempo, comunicar el Evangelio –involucrarse en el apostolado cristiano– implica una preocupación especial, prioritaria, por el bien material y espiritual de los más pobres y necesitados, desde los no nacidos hasta los ancianos y enfermos, los débiles, los oprimidos y los marginados, aunque nos saque de nuestros planes o de nuestra comodidad. Y donde no hay esa preocupación, se puede decir que falta algo muy importante, esencial al Evangelio. En definitiva, comunicar el Evangelio es un gustoso y urgente deber de los cristianos. La mayoría de las veces se lleva a cabo sencillamente, a través de la amistad. Y lo que se comunica es la propia experiencia de la vida con Cristo. Se ofrece sinceramente como diálogo, porque el Evangelio sólo se puede comunicar en la disposición a aprender y enriquecerse con las aportaciones válidas de los demás. Se apoya en la convicción de que la fe cristiana tiene capacidad para configurar y renovar la existencia de las personas y las comunidades. Es una propuesta vital (testimonio y palabra), abierta a la verdad más profunda de las personas: su dignidad de hijos de Dios. Es una propuesta capaz de explicar “las razones” de la esperanza (lo que requiere una formación constante y adecuada a las propias circunstancias). Una propuesta que vive de la Eucaristía (especialmente de la misa del domingo) y se autentifica cada día en el servicio a todos, combatiendo la injusticia, dentro y fuera de uno mismo.