29.4.09

Nadal, ejemplo dentro y fuera de la pista

El tenista inspira un caso en el IESE como modelo de identificación y gestión del talento. Llegar a ser el número uno no es mera cuestión de suerte. Cristina Blas nos lo cuenta.


¿Qué tienen en común el tenista Rafael Nadal y una clase en una escuela de negocios en Nueva York? A primera vista podría pensarse que nada, pero un profesor del IESE, Santiago Álvarez de Mon, ha convertido la fulgurante trayectoria del deportista español más reconocido en un caso de estudio para los futuros líderes de los negocios, porque los valores sobre los que sustenta su carrera deportiva se pueden aplicar al mundo de la empresa. Así que se utilizará para las clases impartidas en España por la escuela, pero también en Nueva York, en Latinoamérica y en China.

Y es que los valores que han marcado su trayectoria son “universales”. Para los ejecutivos noveles es un ejemplo de cómo cultivar la disciplina, el sacrificio o la humildad para llegar a lo más alto y mantenerse ahí. Los más experimentados también pueden aprender “cómo plantearse el futuro en un cargo que tiene fecha de caducidad”.

Álvarez de Mon explica que los adjetivos que definen la personalidad de un deportista de élite y que se podrían aplicar a un alto ejecutivo son disciplina, constancia, energía y perseverancia. Antes de llegar a la cima, Rafa Nadal también perdió partidos, pero no tiró la toalla y consiguió su objetivo. “Hay que trabajar estas cualidades día a día”, insiste el experto.

El caso también hace referencia a la relación del mallorquín con el suizo Roger Federer. “Son dos caballeros que compiten de forma muy elegante”, señala Álvarez de Mon, lo que muestra una calidad humana más allá de la competitividad natural entre rivales. De Nadal se pueden extraer lecciones clave para el mundo de la empresa:

1. Talento. Con talento se nace, pero también hay que desarrollarlo. Nadal empezó a jugar al tenis con cinco años y, desde el primer momento, tuvo la intuición de cómo se cogía una raqueta, pero comenzó con un duro entrenamiento que le ha llevado a ser el número uno con 22 años. Un directivo también debe tener unas características innatas, pero sin olvidar la formación y el desarrollo.

2. Carácter. El tenista español es un ejemplo de cómo un carácter fuerte y decidido puede llevarte hasta la cima. Como señala Álvarez de Mon, junto al talento es “el segundo motor de un tándem invencible”.

3. Aprendizaje. Porque un deportista de éxito nace y se hace, y lo mismo le ocurre a un directivo. En el deporte y en la empresa es necesario tener una relación natural con el error y estar dispuesto a aprender y a emprender. En Nadal, la técnica es una parte muy importante, pero no lo es menos su actitud de constante superación y su control mental.

4. Valores. Si hay algo en lo que coinciden medios de comunicación y analistas deportivos es que el Nadal persona es casi tan grande como el Nadal deportista, que ha ganado todo lo que se podía ganar. Antes de llegar a ser el número uno hay que trabajar valores como la humildad, para tener unas raíces sólidas que permitan afrontar tanto el éxito como el fracaso. (Ver texto completo)

28.4.09

Carácter sagrado del matrimonio

En la sociedad actual, tan plural, existen múltiples modelos de conducta y también distintas concepciones del matrimonio (o de la convivencia estable entre dos personas de distinto sexo). Pienso que tiene su interés recordar aquí la visión católica, tal como la resume el Concilio Vaticano II ("Gaudium et spes", 48-49):


Fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable. Así, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina.

Este vínculo sagrado, en atención al bien tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisión humana. Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio, al cual ha dotado con bienes y fines varios, todo lo cual es de suma importancia para la continuación del género humano, para el provecho personal de cada miembro de la familia y su suerte eterna, para la dignidad, estabilidad, paz y prosperidad de la misma familia y de toda la sociedad humana.

Por su índole natural, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados por sí mismos a la procreación y a la educación de la prole, con las que se ciñen como con su corona propia. De esta manera, el marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19,6), con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada vez más plenamente. Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad.

Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia. Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio.

Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como El mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella. El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad.

Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y , por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios.

Gracias precisamente a los padres, que precederán con el ejemplo y la oración en familia, los hijos y aun los demás que viven en el círculo familiar encontrarán más fácilmente el camino del sentido humano, de la salvación y de la santidad. En cuanto a los esposos, ennoblecidos por la dignidad y la función de padre y de madre, realizarán concienzudamente el deber de la educación, principalmente religiosa, que a ellos, sobre todo, compete. (Ver texto completo)

27.4.09

Caetano Veloso - Cucurrucucu Paloma

Caetano Veloso nació el 7 de agosto de 1942 en Santo Amaro de Purificação, una pequeña ciudad del estado de Bahía, (Brasil). La suya fue una familia amante de la música y numerosa integrada por ocho hijos, dos de ellos adoptados; Caetano aprendió en su casa a tocar el piano y a los nueve años compuso su primera canción, un baião.Cuando llegó el momento de los estudios universitarios, junto a su hermana María Bethania, se trasladó a Salvador de Bahía, donde pasó su juventud y estudió Arte en la Universidad.
A fines de 1966 acompañó a su hermana María Bethania, quien había sido invitada a cantar en una obra musical en Río de Janeiro; obtuvo su primer éxito cuando su hermana grabó su primera composición.

26.4.09

El “sí” a Dios: don y conquista

Ramiro Pellitero nos recuerda que el amor es afirmación de nuestro ser por parte de otro, que nos ha amado primero y que espera correspondencia. En Jesucristo Dios nos ama con amor de padre y de madre.


Uno de los libros de Stefan Zweig se titula en castellano “Momentos estelares de la historia de la humanidad”. En ese título se contiene el mensaje de que muchas aventuras, descubrimientos y acontecimientos que han engrandecido a la humanidad, han dependido de algunos momentos y decisiones de unos pocos. Momentos y decisiones que con frecuencia pasaron inadvertidos por muchos, pero que fueron claves, “estelares”. Y por eso están escritos para siempre en el libro de la historia. Lo recordé hace poco tiempo, después de leer que, de una manera u otra, todas las personas nacen y se forman para un momento importante de su vida.

Desde el punto de vista cristiano, todo tiene su origen en el gran “sí” que Dios ha dado al hombre en Jesucristo. Éste ha sido un estribillo continuo en la predicación de Benedicto XVI. A los jóvenes franceses reunidos en Lourdes, en abril de 2008, les decía: “El Evangelio es el gran ‘sí de Dios’ que espera nuestro ‘sí a Dios’ para participar de los proyectos de su amor”. ¿Cómo es posible –cabría preguntarse– que los planes grandes y amorosos de Dios dependan de nuestro sí, que nos parece a veces tan pequeño y estrecho? La respuesta la daba el mismo sucesor de Pedro, al explicar que el sí de un corazón es capaz de hacer surgir una potentísima fuente liberadora de vida y fuerza divina, sin quitar nada de lo que aporta la verdadera felicidad:

“Nuestro sí a Dios hace brotar la fuente de la verdadera felicidad: este sí libera al yo de todo lo que lo encierra en sí mismo. Hace que la pobreza de nuestra vida entre en la riqueza y en la fuerza del proyecto de Dios, pero sin entorpecer nuestra libertad y nuestra responsabilidad. Abre nuestro corazón estrecho a las dimensiones de la caridad divina, que son universales. Conforma nuestra vida a la vida misma de Cristo, que nos ha marcado en nuestro bautismo”. Todo esto supone, aunque no se diga, que el sí a Dios es, en primer lugar, un don de Dios. Como la madre que le da al niño el regalo para el padre, o el padre para la madre: así el niño transforma sus carencias en un regalo que le engrandece.

Hace pocos días, el Domingo de Ramos, justo antes de que los jóvenes australianos entregaran a sus coetáneos españoles la cruz de la Jornada Mundial de la Juventud que enlaza las jornadas de Sidney con las de Madrid-2011, insistía:
“Solamente en el abandono de sí mismo, en la entrega desinteresada del yo en favor del tú, en el ‘sí’ a la vida más grande, la vida de Dios, nuestra vida se ensancha y engrandece… En efecto, el amor significa dejarse a sí mismo, entregarse, no querer poseerse a sí mismo, sino liberarse de sí: no replegarse sobre sí mismo –¡qué será de mí!–, sino mirar adelante, hacia el otro, hacia Dios y hacia los hombres que Él pone a mi lado. Y este principio del amor, que define el camino del hombre, es una vez más idéntico al misterio de la cruz, al misterio de muerte y resurrección que encontramos en Cristo”.

Hacía notar el Papa, con realismo, que esto puede ser fácil de aceptar como teoría. Pero que no se trata de reconocer un principio, sino de vivir la verdad de la cruz y la resurrección. Por eso, no basta “una única gran decisión”.
“Indudablemente –señalaba–, es importante, esencial, lanzarse a la gran decisión fundamental, al gran ‘sí’ que el Señor nos pide en un determinado momento de nuestra vida. Pero el gran ‘sí’ del momento decisivo en nuestra vida –el ‘sí’ a la verdad que el Señor nos pone delante– ha de ser después reconquistado cotidianamente en las situaciones de todos los días en las que, una y otra vez, hemos de abandonar nuestro yo, ponernos a disposición, aun cuando en el fondo quisiéramos más bien aferrarnos a nuestro yo. También el sacrificio, la renuncia, son parte de una vida recta”. Como un principio educativo básico, añadía el Papa: “Quien promete una vida sin este continuo y renovado don de sí mismo, engaña a la gente. Sin sacrificio, no existe una vida lograda”.

Y como en confidencia íntima, concluía: “Si echo una mirada retrospectiva sobre mi vida personal, tengo que decir que precisamente los momentos en que he dicho ‘sí’ a una renuncia han sido los momentos grandes e importantes de mi vida”.
El jueves santo por la mañana se detuvo en qué significa esa “renuncia” en la práctica: “No querer imponer nuestro camino o nuestra voluntad”. Y esto sólo se puede realizar bien si Cristo es el centro de nuestra vida, por la oración y el servicio a los demás. Porque sólo así se pueden apreciarse los pequeños y grandes signos de su amor, que nos da continuamente, de modo que podemos experimentar una creciente alegría. Alegría que se compagina con la solidaridad por todos los que sufren, como expresó el Papa al final del Viacrucis del día siguiente. Todo eso es comprometerse con Jesús por los demás.
En algún lugar he leído que cuando una persona nunca toma una decisión importante para su vida, es como un taxista que se pasea por la ciudad con el cartel de “libre” sin querer llevar a ningún pasajero. O como una tierra fértil que nunca se acaba de sembrar, por miedo a equivocarse. Pero eso no tiene que ver con la fe y la esperanza, y desde luego no corresponde al “sí” del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo.

Dios da a cada uno la oportunidad y el don mismo de un sí plenamente libre. Y al mismo tiempo ese don ha de ser conquistado antes, durante y después, para ser recibido y multiplicado en servicio de los demás. Ese “gran sí” es la respuesta a la llamada o la vocación divina, sea en el ministerio sagrado, en la vida religiosa o, más frecuentemente, en la condición laical (vivida en el celibato o en el matrimonio). Es un gran “sí” que decide, en efecto, el destino de una vida, y que tiene una larga preparación, con frecuencia sin que uno la perciba con claridad. Y después de pronunciarlo, ese mismo “sí” se alimenta, se cuida y así se hace más grande, hasta sumergirse en la fidelidad y la fecundidad de Dios, como todo lo que pertenece al amor.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

24.4.09

Semilla de los cristianos

Hace unos días un amigo me contó una anécdota conmovedora. Un sacerdote anciano lloró al ver esta foto publicada en el semanario Alfa y Omega: era de un compañero de estudios.

Es un sacerdote, un instante antes de ser fusilado a causa de su fe. La foto estaba en el despacho del recientemente fallecido, en trágico accidente de montaña, don Pablo Domínguez, Decano de la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid. El pasado mes de enero, lo visitaron unos amigos. He aquí su testimonio:

-«¿Eres tú, Pablo, hace unos años?», le preguntamos.
-«¡No!», y sonriendo dijo que le gustaría haberlo sido... «La conseguí en Moscú, en un congreso. Me gustó y, al leer las frases del recuadro, me interesé mucho más. Es la fotografía -lo explicaba brillándole los ojos, se sentía emocionado y con ganas de imitarle; parecía que hablaba de sí- de un sacerdote español, el Beato Martín Martínez, operario diocesano, natural de Valdealgorfa (Teruel), diócesis de Zaragoza. Se la tomó un fotógrafo ruso que estaba entre los republicanos, durante la guerra civil española. Fijaos bien en su mirada firme, los brazos en jarras, seguro y valiente... Se la tomaron unos segundos antes de fusilarlo».

Yo he recordado después las palabras de Juan Pablo II en la Carta Apostólica escrita“Ante la llegada del Tercer milenio” (n.37) decía:

La Iglesia del primer milenio nació de la sangre de los mártires: « Sanguis martyrum, semen christianorum» (sangre de los mártires, semilla de los cristianos). Los hechos históricos ligados a la figura de Constantino el Grande nunca habrían podido garantizar un desarrollo de la Iglesia como el verificado en el primer milenio, si no hubiera sido por aquella siembra de mártires y por aquel patrimonio de santidad que caracterizaron a las primeras generaciones cristianas. Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes —sacerdotes, religiosos y laicos— han supuesto una gran siembra de mártires en varias partes del mundo.

22.4.09

«El otoñado» de Juan Ramón Jiménez

Comentario de texto de A. Barroso, “Introducción a la Literatura española a través de los textos” (Madrid: Ediciones Istmo, 1986), tomo 3 (págs. 250-52).


Estoy completo de naturaleza
en plena tarde de áurea madurez
alto viento en lo verde traspasado.
Rico fruto recóndito, contengo
lo grande elemental en mí (la tierra,
el fuego, el agua, el aire), el infinito.
Chorreo luz: doro el lugar oscuro,
trasmino olor: la sombra huele a dios,
emano son: lo amplio es honda música,
filtro sabor: la mole bebe mi alma,
deleito el tacto de la soledad.
Soy tesoro supremo, desasido,
con densa redondez de limpio iris,
del seno de la acción. Y lo soy todo.
Lo todo que es el colmo de la nada,
el todo que se basta y que es servido
de lo que todavía es ambición.
(La estación total, 1946)

En 1916 viaja a Estados Unidos y se casa con Zenobia Camprubí, extraordinaria mujer, de gran cultura, traductora al castellano de Rabindranah Tagore, que sería una fiel colaboradora del poeta durante toda su vida. Gracias a ella podía Juan Ramón despreocuparse de las cuestiones domésticas, o de la economía de la pareja, e incluso de la edición de sus poemas, para dedicarse de lleno a su «Obra». El cruzar el océano y la boda representaron para el poeta una experiencia extraordinaria que cuajó en un libro de poernas y prosas, Diario de un poeta recién casado (1917). Este libro marca la transición a una nueva época en la obra lirica juanramoniana. A partir de entonces, sus poemas se van desnudando de todo artificio, se irán «limpiando» de todo lo que para el poeta resulta superfluo: elementos decorativos y ornamentales, anécdotas, biografismo o sentimentalismo, etc., en el camino hacia una Poesía y una Belleza «pura», que colme su búsqueda de algo esencial y eterno. La realidad exterior que aparecía en los poemas primeros (el paisaje, la música, los perfumes ... ) no aparece ya, y en todo caso la utiliza como simple imagen simbólica de su mundo interior.

Una segunda lectura «El otoñado» ilustra bien lo que acabamos, de decir, y tiene ya cierta dificultad de comprensión. Su autor era consciente de ello, pero no parecía importarle, pues se sentía satisfecho de ser poeta de la «inmensa minoría». La dificultad de expresar sus vivencias le lleva a utilizar una serie de recursos que, efectivamente, dan al poema cierto hermetismo. En estos versos, el poeta se identifica claramente con la Naturaleza. El título es significativo: no el otoño, sino el otoñado; es decir, él mismo en el otoño o madurez de su vida. (Ver texto completo)

21.4.09

La clase

“La clase” es una película notable, que pone de manifiesto, en mi opinión, dos cosas: por un lado el atractivo que siente el cine actual hacia el realismo, la tendencia hacia el documental: un esfuerzo, que tiene algo de utópico, por mostrar la realidad tal cual es, sin tomar postura ante los hechos; por otro lado preocupa –y con razón- el tema de la educación. Publicamos la crítica tomada de la web decine21.com. Estamos ante una película de obligada visión para los interesados en el tema. Para el crítico de LA BUTACA Julio Rodríguez Chico, quizá la mejor película del año.


Una magnífica película sobre el mundo de la educación escolar, Palma de Oro de 2008 en Cannes. Laurent Cantet se basa en "Entre les murs", un libro donde François Bégadeau, un profesor auténtico, recogía algunas de sus experiencias profesionales. Rodada con un tono realista, que recoge anécdotas reales recogidas en ese libro, el propio Bégadeau es coguionista, además de interpretar al profesor protagonista. El marco de la acción es un instituto conflictivo de París, donde debido al multiculturalismo vigente, conviven chicas y chicos de procedencia muy diversa, África negra, el Magreb, China... François es profesor de lengua, peros sus clases no se limitan a enseñar el uso correcto del francés, sino que son una continua conversación con los alumnos, donde éstos son obligados a pensar, a razonar sus ideas, a bucear por qué mantienen un determinado punto de vista. La relación no es perfecta, hay alumnos que responden mejor que otros. Algunos se niegan a responder a las preguntas del profesor, pues implican darse a conocer, algo que pueden no desear hacer. Otros hacen el tonto, mantienen una actitud pasiva, se distraen... Pero ése es el reto para François, motivarles un día tras otro, tratarles con respeto.

El cine francés tiene una interesante tradición en abordar el tema de la educación de modo sugerente, basta pensar en títulos como Hoy empieza todo y Ser y tener. Además, dentro de la tradición en Francia de enseñar cine en las aulas, tiene mucho sentido que exista el viaje inverso, enseñar la educación en las pantallas. Cantet, Bégaudeau y Robin Campillo han sabido articular una trama muy realista y natural, uno verdaderamente tienen la sensación de ser una especie de cámara oculta, testigo de lo que acontece en las clases, o en las reuniones de profesores. Hay una decisión de que todo lo mostrado transcurra en el instituto, nada veremos de lo que pasa fuera. Y esto, lejos de escamotear el resto de la vida de los personajes, sirve para pintar mejor lo que ocurre en las clases, y la bidireccional influencia que puede tener lo que pasa dentro y fuera de ellas; hay formas eficaces de enseñar cómo lo del exterior repercute en lo del interior, ya sea la anunciada expulsión de Francia del padre de Wei, un alumno chino, o el comportamiento en casa de Souleymaine, un chico sometido a un consejo disciplinario. Curiosamente, no tiene uno la sensación de estar ante un film consciente y aburridamente pedagógico, sino que todo parece emocionante, muy estimulante, con lugar para las sorpresas, como esa alumna que, ante el estupor de su profesor, declara haber leído "La República" de Platón en su tiempo libre, lo que además es un homenaje a la socrática pedagogía del maestro.



El film contiene unas interpretaciones tremendamente naturales, aunque Cantet niega que ello se deba a que los alumnos se interpreten a sí mismos. El director organizó un talles con los alumnos de un instituto, y logró que de los 50 asistentes iniciales 25 siguieran comprometidos con su proyecto cuando arrancó el rodaje. Lo cierto es que el desarrollo de cada clase es atractivo, y que los chicos resultan creíbles, se abandona cualquier estereotipo, tan difícil de evitar, piénsese en la esforzada Diarios de la calle. Afirma Cantet que el planteamiento de muchas escenas, rodadas con tres cámaras digitales para captar al profesor, al alumno principal, y al resto de la clase, era como un partido de tenis, un intercambio de raquetazos donde cualquiera podía resultar más o menos vencedor, y tal enfoque funciona muy bien. También es un acierto mostrar la fragilidad del profesor, quien a pesar de sus buenas intenciones también puede equivocarse, o encontrarse sin respuesta ante un alumno. El reto, por supuesto, es no tirar la toalla, seguir adelante con la loable meta de formar bien a los chicos que están a su cargo.

20.4.09

Sobre el sentido del pudor

Ninfa Watt publicó hace algún tiempo, en Alfa y Omega, un interesante artículo titulado “El pudor: Una olvidada forma de libertad”. Creemos que vale la pena recordarlo por su interés antropológico.

"El grado de pudor de una persona mide exactamente su valor espiritual" Kierkegaard



¿Qué decimos hoy cuando decimos hombre? Su instinto actuando sin coacción se presenta como forma de libertad; lo espontáneo se identifica con lo verdadero; el impudor se nombra como sinónimo de naturalidad. Y, en la ignorancia del valor de su dimensión espiritual, el hombre se disuelve. En este contexto, el acercamiento al concepto de pudor cobra una especial importancia: primero, porque permite desentrañar algunas falacias que destruyen la verdadera imagen de lo humano; segundo, porque da pie para insistir en aquello que constituye el núcleo de las —tan ambiguamente definidas hoy— relaciones interpersonales

Se precisa una gran calidad literaria para definir una obra de arte; no reviste tanta dificultad afrontar un estudio crítico de la obra en sí: puede valorarse su textura, su composición, el tipo de pincelada; pero todo ello entra dentro de la experiencia analítica y, como tal, requiere la desmembración de la unidad original.

El ser humano es la más perfecta e insondable obra de arte: cualquier intento de parcelación lo destruye y cualquier simplificación lo degrada. Por eso lo humano, más que ninguna otra realidad, se ve afectado por la tendencia racionalista que preside el pensamiento occidental. Al pretender convertirlo en objeto de estudio, es necesario proceder a una disección que lo reduce a sus partes e ignora —necesariamente— la unidad que realmente lo define.

Recordemos las palabras de Saint-Exuperie: "Únicamente el espíritu, si sopla sobre la arcilla, puede crear al hombre". Ciertamente es más cómodo prescindir del misterio. Pero resulta al menos paradójico que se admita con tanta facilidad la amputación de lo humano para poder definirlo más correctamente. Si el hombre es libre, no lo es para decidir cuál sea su esencia, sino para conocer, asumir y realizar la esencia que le viene dada.

Conciencia de la grandeza humana
En una sociedad en la que se afirma que se ha librado a lo corpóreo de una ancestral minusvaloración frente al espíritu, nos encontramos precisamente con la más pobre valoración de la corporeidad. Al desligarla del alma, se produce de inmediato un vaciamiento de significado y un empequeñecimiento de su verdadera dimensión. Cuando en la defensa, por ejemplo, de la filosofía nudista se escucha el argumento de que no hay nada que ocultar, porque todos somos iguales, algo debería rebelarse en nuestro interior. Porque cada ser es único e irrepetible; y el cuerpo, como cualquiera de las dimensiones que conforman nuestra unidad vital, no debería ser un elemento uniformante, sino distintivo. Que la desnudez sea algo positivo no hay que ponerlo en duda siempre que, como tal, se interprete la capacidad de mostrarse en la propia verdad, sin ocultamientos. Pero la verdad de cada ser humano siempre es irrepetible, y cuanto más verdadera, más irrepetible.

El hombre, por medio del cuerpo, habla de sí mismo y se abre a la experiencia. Considerar lo corporal como una realidad opaca es un error, al menos tan grave como el de anular su importancia en una exagerada afirmación de la primacía del espíritu. Sólo desde una previa —y sin duda triste— banalización de la corporeidad es posible considerar el pudor en un aspecto negativo y ceñirlo a su referencia a lo físico. Asimismo, sólo quien considere la riqueza de lo humano, en lo que tiene de profundidad insondable, podrá entender la necesidad de protegerlo de caer en la uniformidad de la masa, en el vaciamiento que supone la reducción de lo interior a lo público (E. Strauss), en el reduccionismo trágico que supone la anulación de lo espiritual.

Resulta suficientemente significativo que el niño carezca de pudor. Eso, que un análisis superficial puede convertir en argumento a favor de la tesis de la naturalidad, debería hacernos reflexionar en una dirección contraria. El niño carece de la capacidad de comprender la diferencia entre lo íntimo y lo público: no tiene, por tanto, nada que proteger. Que el pudor haga su aparición en la adolescencia —época en que la toma de conciencia de sí mismo es la experiencia primordial— no es, en absoluto, una casualidad; porque, conforme el ser humano va abriéndose hacia dentro, conforme va ahondando en las riquezas de su humanidad, más natural resulta la aparición del sentimiento del pudor en su más positiva vertiente. (Ver texto completo)

18.4.09

Reconocer la verdad

Han pasado cuatro años desde que el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido Papa. Para él nuestro recuerdo y nuestra oración. Si como intelectual Ratzinger ha estuvo siempre atento a las ideas de otros, ya desde sus años de profesor universitario comprendió la importancia de reconocer la verdad. Por eso confía en la capacidad de la razón frente a la inconsistencia del relativismo. A continuación algunas citas representativas de su pensamiento:


“A lo largo de mi trayectoria intelectual me fui dando cuenta de lo siguiente: viendo todas nuestras limitaciones, ¿no será una arrogancia por nuestra parte decir que conocemos la verdad? Y, lógicamente, después me planteaba si no sería conveniente suprimir esa categoría. Tratando de resolver esta cuestión, llegué a comprender y a percibir con claridad que renunciar a la verdad no sólo no solucionaba nada, sino que además se corría el peligro de acabar en una dictadura de la voluntad. Porque lo que queda después de suprimir la verdad sólo es simple decisión nuestra y, por tanto, arbitrario. Si el hombre no reconoce la verdad, se degrada; si las cosas sólo son resultado de una decisión, particular o colectiva, el hombre se envilece”.
“De este modo comprendí la importancia que tenía que el concepto de verdad –con las obligaciones y exigencias que, indudablemente, conlleva– no desapareciera y fuera para nosotros una de las categorías más importantes. La verdad tiene que ser como un requisito que no nos otorga derechos, sino que –por el contrario– requiere humildad y obediencia, y, además, nos conduce a un camino colectivo”. (“La sal de la tierra”, pg. 73).

Esta búsqueda de la verdad exige también no confundir el papel de la conciencia con el subjetivismo: “No es posible identificar la conciencia humana con la autoconciencia del yo, con la certeza subjetiva del sí y del propio comportamiento moral. Esta conciencia puede ser a veces un mero reflejo del entorno social y de las opiniones difundidas en él. Otras veces puede estar relacionada con una pobreza autocrítica, con no escuchar suficientemente la profundidad del alma. (...) La identificación de la conciencia con el conocimiento superficial y la reducción del hombre a la subjetividad no liberan, sino que esclavizan. Nos hacen completamente dependientes de las opiniones dominantes y reducen día a día el nivel de las mismas opiniones dominantes. (...) La conciencia se degrada a la condición de mecanismo exculpatorio en lugar de representar la transparencia del sujeto para reflejar lo divino, y, como consecuencia, se degrada también la dignidad y la grandeza del hombre. La reducción de la conciencia a seguridad subjetiva significa la supresión de la verdad”. (“Verdad, valores, poder”, pg. 54-55).

El peligro del relativismo

Por la misma razón, piensa que el relativismo hace un flaco favor a la democracia: “El relativismo puede aparecer como algo positivo, en cuanto invita a la tolerancia, facilita la convivencia entre las culturas, reconoce el valor de los demás, relativizándose a uno mismo. Pero si se transforma en un absoluto, se convierte en contradictorio, destruye el actuar humano y acaba mutilando la razón. Se considera razonable solo lo que es calculable o demostrable en el sector de las ciencias, que se convierten así en la única expresión de racionalidad: lo demás es subjetivo. Si se dejan a la esfera de la subjetividad las cuestiones humanas esenciales, las grandes decisiones sobre la vida, la familia, la muerte, sobre la libertad compartida, entonces ya no hay criterios”. (Diálogo con Ernesto Galli della Loggia).
Entre los nuevos peligros para la fe señala el que una sociedad secularizada solo acepte un cristianismo adaptado, mientras que los pilares de la auténtica fe se tachan de fundamentalistas. “Creo que esto puede desembocar en una situación que exija resistirse, concretamente a una dictadura de aparente tolerancia que frena el estímulo de la fe declarándolo intolerante. Aquí sale a relucir realmente la intolerancia de los ‘tolerantes’. La fe no busca el conflicto, sino el ámbito de la libertad y de la tolerancia mutua. Pero no puede dejarse formular en etiquetas estereotipadas y adecuadas a la modernidad”. (“Dios y el mundo”, pg. 429).

Defensa de la racionalidad
Aunque la fe no es demostrable, Ratzinger defiende que “una fe irracional no es una verdadera fe cristiana”. Por eso afirma que la Iglesia debe defender la racionalidad, encontrando aquí un punto de contacto con la Ilustración. “Hay dos cosas que, en mi opinión, debemos defender como gran herencia europea. La primera es la racionalidad, que es un don de Europa al mundo, también querida por el cristianismo. Los Padres de la Iglesia han visto la prehistoria de la Iglesia no en las religiones sino en la filosofía. Estaban convencidos de que ‘semina verbi’ no eran las religiones sino el movimiento de la razón comenzado con Sócrates, que no se conformaba con la tradición”.
“Esa necesidad de salir de la cárcel de una tradición que ya no es válida abrió las puertas al cristianismo. Tenemos algo que es comunicable y ante lo cual la razón, que lo estaba esperando, sale al encuentro. Es comunicable porque pertenece a nuestra naturaleza humana común. La racionalidad era, por tanto, postulado y condición del cristianismo y permanece como una herencia europea para confrontarnos, de modo pacífico y positivo, con el islam y con las grandes religiones asiáticas”.
“El segundo punto de la herencia europea es que esta racionalidad se convierte en peligrosa y destructiva para la criatura humana si se transforma en positivista, si reduce los grandes valores de nuestro ser a la subjetividad. (...) Europa debe defender la racionalidad, y en este punto también los creyentes debemos agradecer la aportación de los laicos, de la Ilustración, que ha de permanecer como una espina en nuestra carne. Pero también los laicos deben aceptar la espina en su carne: la fuerza fundante de la religión cristiana en Europa”. (Diálogo con Ernesto Galli della Loggia).

17.4.09

Educar la inteligencia y la voluntad

Alfonso Aguiló nos recuerda la importancia de educar la voluntad:


Hay muchos padres que centran la educación exclusivamente en los conocimientos, en los idiomas, en las habilidades musicales o deportivas, o en cosas semejantes. Atiborran a sus hijos de academias y de gimnasios, de enciclopedias, ordenadores y diplomas, y luego se olvidan de hacer de sus hijos personas de criterio, con carácter y personalidad.
Con ese esquema educativo producen criaturas de gran fortaleza física pero que son débiles interiormente, cabezas llenas de conocimientos pero sin templar, hombres y mujeres sin principios firmes. Y al final consiguen lo contrario de lo que buscaban, pues dejan a sus hijos indefensos ante el futuro.
— No cabe duda que es mejor herencia una cabeza bien amueblada y una voluntad fuerte que un montón de títulos y de conocimientos. Pero mejor son las dos cosas.
Por supuesto, pero lo que no sería acertado es sacrificarlo todo en aras de los títulos y los conocimientos. Es preciso lograr que padres e hijos piensen sobre cómo son, sobre cómo les gustaría ser, y sobre cómo deberían ser. Para lograrlo son vitales esas conversaciones sosegadas con cada hijo, procurando formar a un tiempo su cabeza y su corazón, su inteligencia y su voluntad. Hacerles razonar bien, hacerles capaces de hacer lo que deben hacer, y hacerles quererlo hacer libremente.
— Creo que los padres solemos dar más importancia a educar la inteligencia que a educar la voluntad, y en eso creo que nos equivocamos.
Pienso que si se educara realmente la inteligencia no habría problema, porque cuando las cosas se entienden con claridad y a tiempo, la voluntad se dirige a ellas sin muchas dificultades. Lo que pasa es que a veces se busca sobre todo insuflar conocimientos en vez de en educar realmente la inteligencia.
A veces parece como si la inteligencia fuera el don mejor distribuido, al menos si nos atenemos al escaso número de personas que se quejan de la porción que les ha correspondido en el reparto. Pero cuando un chico es realmente inteligente, enseguida se da cuenta de que sin desarrollar su voluntad apenas hará nada en la vida, y que, si no se esfuerza, lleva camino de ser uno más de los muchos talentos malogrados por usar poco la cabeza.
Con razón se ha dicho que no hay criatura más desgraciada que una gran cabeza huérfana de voluntad, porque esa gran inteligencia, suponiendo que exista, se pierde sin remedio.

Semana Santa

No me resisto a poner este magnífico video del JUEVES SANTO (VELEZ MALAGA 2009)

16.4.09

El trilema de Lewis

El trilema de Lewis (o el Lewis Triumvirate) es una forma de apologética, atribuida a C. S. Lewis, que pretende demostrar la divinidad de Jesucristo.


Suele resumirse como "Lunático, Mentiroso o Señor" (Lunatic, Liar, or Lord), o como "Loco, Malo, Dios" (Mad, Bad, or God), este argumento procede de los dichos de Jesús, ya sea implícitos o explícitos, de que era Dios. De estos dichos se pueden obtener las siguientes afirmaciones de la cual una de ellas debe ser cierta:

1. Lunático: Jesús no era Dios, pero erróneamente creía que lo era.
2. Mentiroso: Jesús no era Dios, y lo sabía, pero lo sostenía de todas formas.
3. Señor: Jesús es Dios.

La argumentación básica se sostiene en el siguiente dilema: o Jesús decía la verdad o no.

14.4.09

10 claves de la educación

La educación ha sido siempre problemática, y quizá hoy más que nunca. José Ramón Ayllón nos proponee 10 claves que pretenden aportar un poco de luz y algunas soluciones, desde la experiencia de un profesor que puede decir el siguiente axioma: "El que no haya sufrido como yo, que no me dé consejos".


1. El misterio de la condición humana
Lo primero que nos plantea la educación es una gran interrogación sobre sí misma: ¿qué es educar? Sabemos que se trata de una acción compleja que se ejerce sobre el ser humano para ayudarle precisamente a ser humano. Pero eso exige que seamos capaces de responder a la gran pregunta previa: ¿quién es el hombre? La permanente dificultad de la tarea educativa deriva, en primer lugar, del desconocimiento que tenemos de nosotros mismos.

La disparidad de visiones de la vida y de modelos educativos es un hecho, pero también es un hecho la naturaleza humana, y su lectura correcta será la garantía de que dichos modelos son auténticos. El ser humano es un peculiar animal de naturaleza racional, social, moral y sentimental. En consecuencia, su educación será el desarrollo lógico de esos rasgos constitutivos.

2. Los sentimientos
El arte de educar requiere amor por parte de los padres y afecto por parte de los profesores. Sin embargo, por un olvido histórico de esta dimensión sentimental, la educación -en la familia y en la escuela- ha pecado de severidad y autoritarismo.

Los romanos recordaban su paso por las aulas como unos años perdidos en reiteraciones y torpes balbuceos, puntualizados por crueles castigos. Griegos y romanos no ignoraron el laberinto sentimental que nos constituye, pero lo redujeron a un problema de dominio de sí, según el ideal estoico. Hoy sabemos que la excelencia educativa es imposible sin atención a los sentimientos. Una atención que -más allá de la disciplina estoica- podríamos resumir en "exigir con afecto".

3. La familia
Entre los rasgos esenciales de la familia figuran la comunidad de vida, los lazos de sangre, una unión basada en el amor, con tres fines fundamentales y de máxima importancia: proporcionar a sus miembros bienes necesarios para su vida, criar y educar a los hijos, y ser "célula-madre" de la sociedad.

Sin familia, la especie humana no es viable, ni siquiera biológicamente. Un niño, una anciana, un hombre enfermo, no se valen por sí mismos y necesitan un hogar donde poder vivir, amar y ser amados, alimentados, cuidados. El hombre es un ser social y, por consiguiente, familiar; precisamente porque nace, crece y muere necesitado. Además, todo hombre es siempre hijo, y esa condición es tan radical e irrefutable como el hecho de ser varón o mujer.

4. La autoridad
Decir que toda educación requiere autoridad es casi una afirmación de perogrullo, aunque conviene matizar que autoridad no es el autoritarismo de la violencia física o la humillación, sino el prestigio capaz de garantizar un orden básico. Para lograr una buena formación humana se precisa fundamentalmente y en primer lugar una información moral sobre lo que está bien y lo que está mal, para que la norma de conducta no sea la ausencia de toda norma, el todo vale.

En el magnífico ensayo Los límites de la educación, Mercedes Ruiz Paz explica que la autoridad supone transmitir la obligatoriedad de unas pautas y valores fundamentales, de unos criterios que ayudarán a construir personalidades equilibradas, capaces de obrar con libertad responsable. De lo contrario, nos daríamos de bruces con el incómodo panorama que la misma autora describe: "La moderna pedagogía nos ha enseñado, con una didáctica demoledora, cómo la tolerancia ilimitada, la permisividad extrema y, en definitiva, la educación sin límites garantizan la educación en y para la impunidad".

5. el arte de escuchar
Para educar hay que escuchar. ¿A quiénes? A los que van a ser educados. ¿Por qué? Porque no son muebles, sino seres humanos, inteligentes y libres, protagonistas de su propia educación.

Escuchar es un arte porque a veces no es sencillo saber cuándo y de qué manera debemos hacerlo, ni cómo hemos de proceder a continuación. Como criterio general, podemos admitir que el diálogo educativo ha de presuponer buscar y aceptar siempre la verdad. De ahí que la necesidad de escuchar no equivalga a una educación por consenso, pues el mutuo acuerdo no crea el bien ni la verdad. (Ver texto completo)

13.4.09

50 años de la Unión Europea

El 20 de mayo de 1950 Robert Schuman hace aprobar por el Consejo de Ministros francés el plan que había sido concebido por Jean Monnet para unir Europa. Ese mismo día, Adenauer, consciente de la importancia del acto, declara: “Es el día más feliz de mi vida… El plan Schuman corresponde perfectamente a mis ideas... ¿No teníamos el deber de consagrar todas nuestras fuerzas espirituales, morales y económicas a la creación de una Europa que pudiera convertirse en elemento de paz?”


El pasado mes de noviembre la Comisión Europea cumplió 50 años de existencia. Con la perspectiva de este medio siglo, se comprende mejor la clarividencia de tres de los principales fundadores de la Europa unida: Robert Schuman, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer, unidos por su concepción de Europa, su amistad y su fe cristiana. Vivieron primero en sus personas lo que fomentaron después entre sus pueblos. Un interesante artículo de Acepensa firmado por Ana Gonzalo Castellanos nos cuenta los orígenes de la Comunidad Europea

Con ocasión del aniversario, José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión, pronunció un discurso en el que se refirió en estos términos a los padres fundadores de la Unión Europea: “Hace 50 años, Europa sufría las divisiones creadas por la guerra fría y entraba en el confuso proceso de descolonización. ¿Quién habría creído entonces que la aventura europea lanzada por algunos se convertiría en el proyecto faro de todo un continente, en una realidad compartida hoy por casi 500 millones de ciudadanos, en un modelo de organizacion para otras regiones del mundo?

”Nada de esto habría sido posible sin la determinacion de un puñado de europeos, profundamente marcados por dos guerras fratricidas, pero con la mirada firmemente dirigida hacia el futuro, hombres capaces de superar los marcos nacionales para ofrecer un proyecto de integración política y económica a Europa”. (Ver texto completo)

12.4.09

Haendel - ¡Aleluya!

Coro "Allelujah" Concierto de la Orquesta de Extremadura con el Coro de la Fundación Orquesta de Extremadura en el Palacio de Congresos Manuel Rojas de Badajoz (15/Diciembre/2007)

11.4.09

buscadores del Infinito

Todos los años, por estas fechas, me gusta releer el “Libro de la Pasión” de José Miguel Ibáñez Langlois. Es un libro de poesía, aunque sus “poemas” no tengan ninguna rima ni métrica, ni signos de puntuación. Son sólo unas pocas palabras verdaderas, llenas de fuerza. Copio este dedicado “A los buscadores del Infinito”:



A los buscadores del Infinito por cuenta propia
se les hace saber
que el objeto de sus nobles y erráticas exploraciones
ha sido ya encontrado en una cruz
el viernes de Nisán en las afueras de Jerusalén
ese madero vendría a ser el horizonte de su revelación al mundo
se comunica pues a los peregrinos de su Inmensidad que se acabó la búsqueda
toda vez que su objeto ha sido plenamente identificado
con el nombre de Jesús de Nazaret
sólo a partir de dicho crucificado es posible seguir buscando al Dios infinito
tan sólo Jesús adentro puede el Absoluto ser explorado
a los pescadores de los abismos se hace saber que fuera de Jesús
el Infinito niega terminantemente el esplendor de su rostro
toda vez que lo ha presentado en forma exclusiva y total
coronado de espinas para más señas
fuera de él sólo encontrarán el espejismo de sus caminos abandonados
no se responde por la salvación eterna de los peregrinos
a los buscadores del Infinito por iniciativa propia
se les comunica que son buscados por el Infinito
la cita es a la hora sexta en las afueras de Jerusalén
poco o nada se podrá saber fuera de ese cuerpo
crucificado el viernes de Nisán
más allá de la irradiación de esa cruz sangrante
el Infinito no responde absolutamente
de nada.

9.4.09

Bach - Pasión según San Mateo

La Pasión según San Mateo (en alemán Matthäuspassion) BWV 244 es un oratorio de Johann Sebastian Bach. Presenta el sufrimiento y la muerte de Cristo según el evangelio de San Mateo. Con una duración de más de dos horas y media, es la obra más extensa del compositor. Es una obra central de la música clásica europea (Hubert Parry la ha definido como el más rico y noble ejemplo de la historia de la música sacra).

"¡Venid, hijas, secundadme en mis lamentaciones!
Mirad -¿a quién? - al Predestinado.
¡Contempladle! -¿cómo? -como un Cordero.
¡Oh, Cordero de Dios, Inocente,
sacrificvado en la cruz!
¡Mirad! -¿qué? -la Inocencia."

8.4.09

El verdadero glamour

El pasado mes de marzo se celebró internacionalmente el Día de la Mujer, publicamos este artículo sobre el tema de Remedios Falaguera.


Desde que Olimpia de Gouges, Marie Gouze, escritora y precursora de la igualdad de derechos para todos “hombres y mujeres, negros y blancos” en los tiempos de la revolución francesa, fue encarcelada y guillotinada por sus compañeros por rechazar la esclavitud de los negros y publicar la Declaración sobre los Derechos de la Mujer, hemos ido superado la maltrecha inferioridad al hombre de nuestras capacidades y nuestra valía.

Es ya una evidencia incontestable que la mujer participa en todos los ámbitos de la vida pública, laboral y familiar; también lo es que a lo largo de estos últimos años la mujer ha demostrado estar igual de preparada que el hombre para trabajar y acceder a los centros de poder, de decisión empresarial, política, económica, jurídica y de cualquier otro ámbito.

Afortunadamente para todos, gracias al sentido común, hemos superado la conquista de la igualdad que, en no pocas ocasiones, nos ha llevado a abandonar por el camino no solo la vida y la familia, sino también nuestra inteligencia, nuestros meritos, nuestras capacidades y nuestros dones. Y que, desgraciadamente, nos ha convertido en “victimas de un complejo de inferioridad, cuando no de desviaciones patológicas mas severas”, como suele decir una amiga mía.

Nuestra “lucha” de hoy, y para esto debe servirnos también el Día Internacional de la Mujer, es defender nuestra dignidad como ser humano y para el ser humano, aceptando nuestras diferencias, y celebrando ser nosotras mismas. Es decir, reconocer “un feminismo de la diferencia, haciendo hincapié en que el conocimiento y el respeto por la especificidad femenina es el modo correcto de interpretar la necesaria y omniabarcante complementariedad entre el varón y la mujer, convocados desde el inicio de la creación a construir juntos y en pareja el destino de la humanidad”, como le gustaba decir a Edith Stein.

Por esta razón, soy de las que afirman que ser mujer, que no mujer-florero, tiene un glamour especial; un glamour que no se encuentra ni en una cara bonita ni en un cuerpo perfecto, sino más bien, en el encanto y la seguridad que produce descubrir que la mujer orgullosa de serlo “sabe ocupar su lugar en un plano de autentica igualdad”.

Dicen los expertos en moda que “glamour” es sinónimo de elegancia, de atractivo, de fascinación, de buen gusto; significa, en fin, brillar, pero no por los accesorios externos sino por la seguridad que cada persona desprende. Es más, la persona verdaderamente glamourosa es aquella que sabe combinar principios, creencias, educación, cultura, sensibilidad y saber estar, consciente de la calidad y el atractivo que provoca en todo aquel que se cruza en su camino. Entonces, ¿por qué no lucir todas esas cualidades con la elegancia y el descaro propio de la que se sabe una persona glamourosa?

Es verdad que todavía existen mujeres que se sienten acomplejadas por su feminidad, su ternura, su intuición, etc.; o que se consideran unos bichos raros, retrógrados y anticuados, y que se esconden ante un mal entendido “todo vale” para acallar su conciencia. Muchas otras, recurren a un vocabulario confuso y tibio que pervierte el sentido original de las palabras con el fin de “no mojarse”, de quedar bien, ante quienes les rodean, convirtiéndose así en auténticas esquizofrénicas. E incluso, encontramos a mujeres que intentan adornar sus ideas y principios para no ser rechazadas por la ortodoxia política, cultural y social, aun sabiendo que ponen en juego su coherencia, su identidad y su autoestima.

Sin embargo, hay muchas mujeres que se sienten orgullosas de serlo y que se atreven con gran descaro y glamour a caminar en la dirección contraria a la que se dice y se piensa en la sociedad que impera actualmente a su alrededor. Son mujeres valientes que ven en las ideas y comportamientos considerados políticamente incorrectos, un encanto especial, una mezcla entre estilo, serenidad, brillo, sencillez y garbo, que aporta a la mujer un glamour humano y sobrenatural que ennoblece su vida, aunque muchos consideren y se mofen de que la suya es una vida triste y sin atractivo. No estamos hablando de algo baladí.

Cada una verá cual es su presente y cual quiere que sea su futuro y el de la humanidad pero nunca olviden que “Primero te ignoran, luego se burlan, después pelean contigo, después ganas”, como decía Gandhi. Y este pequeño gran hombre, cuando se refería a valores sólidos y duraderos con los que servir de estímulo para construir un futuro mejor, un mundo más humano, no se equivocaba ni un ápice.

6.4.09

morir de hambre

Cada seis segundos un niño, menor de cinco años, agoniza a causa del hambre. Y cada tres minutos han fallecido por depauperación 30 chavales. Nos lo cuenta Clemente Ferrer Roselló.


Los resultados son espeluznantes. En total, seis millones de críos menores de cinco años mueren cada año de enflaquecimiento en el orbe, según una investigación de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Más de 180 millones de criaturas, menores de 10 abriles, padecen hambre porque no tienen nada para sustentarse. Asimismo 177 millones de niños padecen demora en su desarrollo a causa de la flacura de sus mamás durante el embarazo y casi 8 millones de recién nacidos fallecen al año, debido a la aciaga salud y a la mala alimentación de la madre, al escaso cuidado durante el alumbramiento y a la negligencia en la atención del bebé. Y esta evidencia tiene lugar en unos terruños donde 15 millones de jovencitas entre 15 y 19 años dan a luz, todos los años.

En el análisis se recalca que el planeta está lejos de obtener el propósito de la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 de rebajar a la mitad, para 2015, el total de chavales indigentes. En los terruños citados, un bebé tiene una perspectiva de vida de apenas 38 años, mientras que en los 24 estados más acaudalados llega hasta más de 70 años. Apunta la investigación que, uno de cada siete chiquillos nacidos en los países más indigentes está sentenciado a fallecer antes de cumplir los cinco años.

Al año agonizan más de 250.000 chavales: “La mayor parte de los niños mueren por carencia de alimentos y nutrientes esenciales, lo que les debilita, reduce su peso y acentúa su vulnerabilidad”. Esta angustiosa carga de congoja y defunción sucede en una parte de los terruños de Hispanoamérica y el Caribe.

Agustín de Hipona aseveró: “Lo que sobra a los ricos es patrimonio de los pobres.”

4.4.09

Eliminar las dificultades, no al hijo

Ante la proximidad de una reforma del aborto en España, el movimiento pro vida ha decidido reorganizarse con más vitalidad que nunca. Su objetivo primordial es facilitar a las mujeres alternativas realistas al aborto. Para eso promueven políticas que den la mayor protección legal posible al no nacido y la máxima atención y ayuda a las mujeres embarazadas. Agradecemos a Aceprensa esta información.


Su idea es que el aborto sin restricciones no ha satisfecho ninguna verdadera necesidad de las mujeres, ni ha favorecido su liberación. De hecho, ha producido justamente lo contrario. Ha estimulado a los hombres irresponsables, que tienen en el aborto una excusa fácil para eludir sus responsabilidades, y ha extendido enormemente la explotación de las mujeres por parte de la industria del aborto.

Contra este planteamiento viene clamando el Foro Español de la Familia (www.forofamilia.org), un movimiento social no adscrito a un partido, a un sindicato o a una confesión religiosa, que ha logrado aglutinar lo que hasta el momento eran iniciativas dispersas de distintas entidades y hacer de nuevo visible a la familia en la vida pública.

El Foro, fundado en 1999, saltó a la opinión pública el 18 de junio de 2005, con la manifestación más multitudinaria de los últimos años a favor de la familia y el matrimonio, desvirtuado por la ley del matrimonio homosexual propuesta por el gobierno socialista. También estuvo presente en la otra gran manifestación contra la Ley Orgánica de Educación y en el posterior diálogo con los poderes públicos.

Pero quien piense que el Foro viene en son de guerra se equivoca. Más que enredarse en polémicas partidistas, lo que pretende es ofrecer soluciones a problemas concretos y promover el bienestar social. Una de las iniciativas que ha impulsado el Foro para reducir el número de abortos en España es el programa RedMadre (www.redmadre.es). Se trata de una red de apoyo solidario a la mujer en gestación que le ofrece alternativas reales a la decisión de abortar. Para consolidar este programa, el Foro está promoviendo Iniciativas Legislativas Populares (ILP) en todas las comunidades autónomas.

Castilla y León es la primera comunidad autónoma que ha aprobado la ILP RedMadre. Entre otros recursos concretos, la Ley de Apoyo a la Mujer Embarazada prevé la creación de una residencia donde las mujeres se pueden alojar temporalmente, un programa de integración socio-laboral y un sistema de asesoramiento jurídico y apoyo psicológico, así como una serie de ayudas por cada hijo.

Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, cree que con esta ley se ha dado un paso importante en la defensa de la mujer y del niño. “Sólo hay una solución progresista y humana en materia de aborto –dijo–: proteger siempre al no nacido como a cualquier otro ser humano y proteger siempre a la mujer para que nunca se vea abocada al aborto como única salida a los problemas derivados del embarazo”.

3.4.09

La sinfonía de la libertad

Ramiro Pellitero nos ofrece esta reflexión sobre el concepto cristiano de libertad


¿Qué sería de una sinfonía musical si cada instrumento se declarase autónomo y absoluto? Cabe recordar el sugerente comienzo de ”El Silmarillion”, de Tolkien. La sinfonía ha comenzado. Pero uno de los músicos decide separarse del tema principal, “entretejer asuntos de su propia imaginación…, porque intentaba así acrecentar el poder y la gloria de la parte que le había sido asignada”.

No es posible entender ni vivir la libertad como un poder que nace y se desarrolla por sí mismo, pues la libertad es propia de los seres inteligentes que se perfeccionan por el amor. “La verdad os hará libres” dice el Evangelio. Ahora bien, ¿qué verdad es esa? No se trata de la verdad meramente lógica o racionalista, sino la verdad que se enraíza, crece y se manifiesta en el amor a Dios y a los demás. La libertad que procede de esa verdad se identifica en la práctica con el amor. Por eso San Agustín pudo expresar: “ama y haz lo que quieras”. Como si dijera: “Si amas auténticamente, todo lo que hagas procederá de ese amor y será obra del amor”. Con otras palabras, la libertad no es un absoluto, sino que depende de la verdad. Pero no de la verdad entendida como una pura doctrina o sistema de ideas, sino que la libertad se alcanza plenamente en el amor de una vida “vivida” con la autenticidad del Evangelio. Por eso la libertad es un don de Dios, pero también es una tarea humana; más aún, una conquista. Sólo el que ama de verdad es libre.

Esto es lo que ha explicado Benedicto XVI acudiendo al pensamiento de San Pablo en la carta a los Gálatas. Cuando el apóstol dice “Habéis sido llamados a la libertad”, añade: “Que esta libertad no se convierta en un pretexto para vivir según la carne, sino poneos al servicio unos de otros en la caridad”. La libertad no es una excusa para el egoismo, que degrada al hombre. Paradójicamente –interpreta el Papa– “llegamos a ser libres si nos convertimos en siervos unos de otros”. Y el motivo es este: “Somos seres relacionales, y sólo aceptando esta relacionalidad entramos en la verdad, de otra manera caemos en la mentira y en ella, al final, nos destruimos”.

La relación con Dios y con los demás es, pues, aquella verdad profunda que fundamenta, crea e incluso acrecienta la libertad humana. La verdad de que el hombre es imagen de Dios-amor, personalmente y también en comunión con los demas. La libertad depende del amor y se realiza en el amor: es una sinfonía, un concierto de muchos instrumentos que se respetan y limitan mutuamente. “Sólo aceptando al otro, aceptando también la aparente limitación que supone para mi libertad el respeto por la libertad del otro, sólo insertándome en la red de dependencias que nos hace, finalmente, una sola familia humana, yo estaré en camino hacia la liberación común”.

Desarrollando la metáfora de la sinfonía –dentro de sus límites–, se ve que el concierto sólo es posible si hay una partitura que leer y dar vida con los matices propios de cada instrumento, y un director que señale el ritmo, imprima el carácter de la interpretación y sepa sacar de cada uno lo que es capaz de dar. Según el Papa, “el concierto de la libertad” sólo puede realizarse si hay una verdad común acerca del hombre, de su naturaleza, de tal manera que la verdad no tenga que ser impuesta desde fuera como un positivismo violento que se experimenta como esclavitud. Si el orden y el derecho están al servicio de la naturaleza humana, entonces estarán al servicio de la libertad. El amor es la plenitud de la ley. Y por eso el Evangelio y el Bautismo son una llamada a la libertad, a la superación del egoísmo: “Habéis sido llamados a la libertad”. Cabría añadir: el Evangelio y el Bautismo son la liberación de la libertad, que, a espaldas del amor, se convierte en esclavitud.

Este es –concluye Benedicto XVI– el significado de las célebres palabras de san Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Amar quiere decir aquí participar del amor de Dios, por los sacramentos –sobre todo la Eucaristía–, la escucha de la Palabra de Dios, el cumplimento de la voluntad divina. “Así –dice el Papa– somos realmente libres, podemos realmente hacer lo que queremos, porque queremos con Cristo, queremos en la verdad y con la verdad”. Por el contrario, si no hay esta comunión con Cristo y esta “obediencia de la fe”, prevalece la polémica, “la fe degenera en intelectualismo y la humildad es sustituida por la arrogancia de ser mejor que el otro”. Y eso destruye la Iglesia, que debería ser una sola alma y un solo corazón.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

2.4.09

Recuerdo de Juan Pablo II

El 2 de abril de 2005, Juan Pablo II dejó este mundo. Ahora, lo recordamos en uno de los momentos más tiernos de su existencia. En un momento en el que él disfruta del humor de un comediante con absoluta sencillez y dulzura.

1.4.09

Cansancio filosófico

El profesor Juan Fernando Sellés resumía el panorama filosófico actual en un artículo titulado "Pensamiento en crisis, retórica en alza" publicado en la revista "Nuestro Tiempo" (n. 648) que reproducimos parcialmente:

"debemos recordar que, en general, el objetivo de nuestros periódicos es más el de crear una opinión, impresionar a sus lectores, que defender la causa de la verdad"
Edgar Allan Poe




Si, como decía Julián Marías, el atributo principal de la filosofía es la radicalidad, las épocas de crisis filosófica se deben caracterizar porque los pensadores se dedican a temas periféricos en vez de atender a los centrales. Como entre los más importantes está el propio sentido personal humano, en épocas críticas los "filósofos" centrarán más su atención en las manifestaciones humanas que en la intimidad y, consecuentemente, medirán su sentido personal por el de sus actividades. Como dichas expresiones dan lugar a medios culturales, en esos periodos el hombre se olvida de sus propios fines, o los posterga a los medios que emplea.

De entre los bienes mediales con los que el hombre cuenta, el superior es el lenguaje, porque esta forma cultural posibilita y rige todas los demás. Ahora bien, si este no se subordina como medio al fin último del ser humano, aparece la sofística. Este tipo de filosofía parece caracterizar a todos los periodos de crisis filosófica. Como se recordará, es propio de este modo de pensar convertir el argumento más débil en el más fuerte buscando intereses pragmáticos, consumistas, lucrativos (por ejemplo, un anuncio televisivo). Como se desconoce la solución de fondo al problema, se siguen probando reiteradamente diversos medios atrayentes. En tiempos de crisis de pensamiento ocurre aquello que indicaba Ortega: "Todo el mundo percibe la urgencia de un nuevo principio de vida. Mas -como siempre acontece en crisis parejas- algunos ensayan salvar el momento por una intensificación extremada y artificial, precisamente del principio caduco" (...)

Al parecer, todos los periodos de crisis filosófica desatienden la recomendación del oráculo de Delfos, "conócete a ti mismo", mientras que los periodos de esplendor indagan en lo radical del hombre. En efecto, la filosofía surge cuando se comienza a pensar de modo teórico el fundamento u origen, y se encumbra al atender al fin del hombre, al destino humano. No es esta la actual situación. Asimismo, se debe preguntar si este contexto es más crítico que los precedentes. Se puede responder diciendo que, mientras en las crisis filosóficas anteriores la indagación sobre lo radical del ser humano pasó a un segundo plano, en nuestro momento se da un paso más, a saber, se niega el propio sujeto. No se trata sólo de lo que -según la fábula de Esopo- decía la zorra respecto de las uvas, pues ahora ya no se suponen verdes por inalcanzables, sino incluso inexistentes. En efecto, la tesis central del pensamiento posmoderno radica en que el sujeto no existe. A esta se podría sumar aquel añadido de la sofística antigua: "Si existiera, no se podría conocer; si se pudiera conocer, no se podría decir", sencillamente porque la razón y el lenguaje son fragmentarios, mientras que el sujeto no puede serlo. Además, de poder pensarlo y decirlo, no interesa hacerlo, es decir, no se desea voluntariamente tratar ese tema, porque compromete de lleno.

El cansancio filosófico es muestra del desfallecimiento por ser hombre, en rigor, por alcanzar el sentido personal que se está llamado a ser. En la actualidad, el filosófico es un agotamiento humano, aunque no el único. Piénsese, por ejemplo, en el cansancio genético, es decir, en la carencia de hijos, en el matrimonial y familiar, en el moral, educativo, etcétera. La de la filosofía se puede comparar a las crisis de esas otras realidades humanas, porque en ellas es el mismo existente el que se halla enteramente comprometido. Como se ve, no sólo se cansa el intelecto humano de buscar la verdad, ni sólo la voluntad de serle fiel según virtud, sino que es el mismo ser humano quien se retrotrae de buscar su verdad. Cuando alguien no se adhiere a la verdad se otorga protagonismo a la opinión; como adquirir la virtud es tarea ardua, se abre paso el sentimiento sensible; si no se busca la propia verdad personal, el hombre sestea dotando de cierto sentido a sus manifestaciones humanas menores, pero esa actitud no inspira a nadie.

La filosofía hoy parece falta de inspiración. Mira con timidez al futuro. Pero es claro que en el hombre el futuro influye más que el pasado, porque el hombre es un ser de proyectos, ya que él mismo es un proyecto como hombre. Ya decía Ortega que "nada tiene sentido para el hombre, sino en función del porvenir", pues sin futuro no cabe esperanza, y sin esta el hombre es un muerto en vida. En suma, la filosofía no parece estar en su mejor momento: ¡como para pedirle que lidere la tan ansiada interdisciplinariedad! El pensador citado declaró que "para que la filosofía impere, basta con que la haya; es decir, con que los filósofos sean filósofos. Desde hace casi una centuria, los filósofos son todo menos eso: son políticos, son pedagogos, son literatos o son hombres de ciencia". El anterior veredicto de hace décadas podría ampliar su prolongación temporalmente hasta hoy. (Ver texto completo)