30.5.09

Los pro-vida mayoría en USA

Leemos en Aceprensa una buena noticia:


Por primera vez desde 1995, los contrarios al aborto son mayoría en EE.UU., según revela una nueva encuesta Gallup, en la que el 51% se declara contrario al aborto o pro vida, y el 42% está a favor del aborto o pro elección. Este resultado contrasta con el del año pasado, en el que el 50% se declaraba pro elección y el 44% pro vida. Hasta ahora, el más alto porcentaje de los pro vida había alcanzado un 46% en mayo de 2002.

Estas preguntas sobre el aborto forman parte de la encuesta anual de Gallup sobre valores y creencias, realizada entre el 7 y el 10 de mayo.
la pregunta sobre si el aborto debería ser legal, la postura que más baja es la mantiene que debería ser libre en todas las circunstancias, que es sostenida por el 22%. En cambio, un 23% cree que debería ser ilegal en cualquier caso. “Esto contrasta con lo observado en los últimos cuatro años, cuando Gallup encontró una fuerte inclinación en las actitudes públicas a favor del aborto sin restricciones”, explica la organización en su página web.

La postura predominante (53%) sigue siendo la de que el aborto debería ser legal solo bajo ciertas circunstancias. Si se profundiza en la cuestión, la postura mayoritaria es que debería ser “legal solo en unas pocas circunstancias” (37%). Aunque los partidarios del aborto lo presentan como un derecho de la mujer, la encuesta muestra que actualmente el 49% de las mujeres se declaran pro-vida frente a un 44% que se manifiestan pro elección. Es la primera vez que esto ocurre. Entre los hombres, el 54% son pro vida y el 39% pro elección.

El cambio a favor de la postura pro vida se atribuye sobre todo a que entre los seguidores del Partido Republicano los pro vida han aumentado un 10% respecto al año pasado (del 60 al 70 por ciento), mientras que entre los demócratas no se ha advertido ningún cambio.

29.5.09

Llevar la fe al ciberespacio

Las nuevas tecnologías son un medio espléndido para la educación y la comunicación, y al mismo tiempo, un desafío. De un lado, son un fruto de la inteligencia humana al servicio de todos. De otro lado, un desafío, porque pueden volverse en contra, particularmente de los más necesitados y vulnerables. Lo señala Benedicto XVI en su mensaje para 24 de mayo, Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales-2009.


Es interesante su profundización en la raíz antropológica del fenómeno. “Su popularidad… responde al deseo fundamental de las personas de entrar en relación unas con otras”. El anhelo de comunicación y amistad, que caracteriza a la denominada “generación digital” no es un resultado de las innovaciones tecnológicas, sino que es anterior a ellas, y puede comprenderse a la luz del mensaje bíblico. “Cuando sentimos la necesidad de acercarnos a otras personas, cuando deseamos conocerlas mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a la llamada divina, una llamada que está grabada en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicación y de la comunión”. En síntesis, todo ser humano tiene una tendencia a salir de sí mismo para entrar en relación con los demás, porque ha sido hecho para amar. Y las nuevas tecnologías pueden facilitar la comunicación y la comunión con los otros, si promueven una cultura de respeto, diálogo y amistad. Así como los primeros cristianos comprendieron la cultura grecorromana hasta el punto de poder tocar la mente y el corazón de sus contemporáneos, hoy los cristianos están llamados a saber moverse en el ciberespacio para testimoniar, también ahí, su fe.

Primero, el ciberespacio permite conocer, experimentar y encontrarse con los valores y tradiciones de otros, a condición de que ese diálogo esté basado en la verdad y el respeto, la comprensión y la tolerancia. De ahí surgen la felicidad y la alegría, que son fruto de la búsqueda del bien, de la belleza y la verdad. Pero –observa el Papa– no hay que confundir la elección misma con el bien, la novedad con la belleza y la experiencia meramente subjetiva con la verdad.

En segundo término hay que subrayar la amistad como ayuda para la maduración y el desarrollo de las personas. La condición en el caso de las amistades on line, es que no vayan “en deterioro de nuestra disponibilidad para la familia, los vecinos y quienes encontramos en nuestra realidad cotidiana, en el lugar de trabajo, en la escuela o en tiempo libre”, o se vuelvan en obstáculo para el descanso, el silencio y la reflexión. La amistad auténtica no encierra ni aísla, sino que madura y abre a las personas ante las necesidades de los demás. Por eso otra condición para que las nuevas redes digitales favorezcan la solidaridad y la cooperación entre los pueblos, es que estén realmente accesibles a todos; de lo contrario, sólo contribuirían a separar a los pobres de la información y la socialización humana.

Por último, aunque no menos importante: los cristianos y sobre todo los jóvenes, están llamados a dar testimonio de su fe también en el mundo digital. Con la misma naturalidad con que se mueven en el “continente digital”, pueden ofrecer ahí el mayor don y la mejor noticia: “El corazón humano anhela un mundo en el que reine el amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una comunión respetuosa”. Lo expresa bien el británico Danny Boyle, director de la película Slumdog Millionaire que ha ganado ocho oscars, cuando dice que intentó mostrar cómo el consumismo se opone a lo espiritual del hombre, y que “lo verdaderamente importante es respetar la vida y amar a los demás”.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

Y tu... ¿de qué te quejas?

28.5.09

Amor es unión de voluntades

Hay tres caminos por los que pueden fundirse las voluntades, según Tomás de Aquino: queriendo la misma cosa; queriéndola por el mismo motivo; amándola con idéntico amor (De Veritate, q. XXIII, a. 7).


Querer lo mismo (querer lo que tú quieres). Para querer lo que Dios quiere, sería necesario conocer siempre cuál es su voluntad precisa: sólo en la medida en que la conocemos somos responsables de cumplirla. Sin embargo la Voluntad divina no se nos desvela plenamente aquí en la tierra. Si supiéramos con certeza absoluta, inequívocamente, que Dios nos llama no seríamos moralmente libres para decir que no; estaríamos obligados y poco mérito tendría nuestra decisión, poca fe y poco amor necesitaríamos poner en juego...
Pero el Señor sí nos ha revelado las grandes vías que recorre su amor hacia nosotros: en último término sus mandamientos. Los mandamientos son una barrera, un límite para el amor egoísta: eso sabemos con toda certeza que no es lo que Dios quiere.

Querer por el mismo motivo (querer porque tú quieres). Si no es posible saber siempre el querer de Dios, sí está en nuestras manos, en cambio, querer como quiere el Señor, es decir, poniendo su bondad como fin y motivo de todo amor. Amando a Dios con amor absoluto, sobre todas las cosas, se logra la identificación con el querer divino que es posible alcanzar en esta vida. La enseñanza de Nuestro Señor es que Dios ha de ser nuestro principal amado (Mt 10, 37; Lc. 14, 26). Sólo Dios merece ser amado absolutamente y sin condiciones; todo lo demás debe serlo en la medida que es amado por Dios.

Querer con idéntico amor (quiero como tú quieres). El amor de Dios debe ser la regla de todas las acciones humanas. Del mismo modo que los objetos que construimos se consideran correctos y ultimados si se ajustan al proyecto trazado previamente; también cualquier decisión y acción humana será recta y virtuosa cuando concuerde con la regla divina del amor. La caridad —que nos hace participar del mismo amor con que Dios ama— ordena y transforma al cristiano. El amado se encuentra en el amante: El que ama a Dios, en cierto modo lo posee; y es propio del amor transformar al amante en el amado.

27.5.09

El lenguaje positivo de Benedicto XVI

Extracto de la larga entrevista que concedio el Papa Benedicto XVI a la television Alemana.

26.5.09

Las claves de Almodóvar

El reciente Festival de Cine de Cannes nos hace presente a Pedro Almodóvar, uno de los más reconocidos y laureados cineastas españoles. Juan Orellana (joregut@ceu.es), crítico de cine y profesor de Narrativa Audiovisual en la Universidad San Pablo-CEU publicaba en Aceprensa, antes del estreno de su nuevo éxito con “Volver”, este interesante artículo explicando las claves de su obra. Nos parece interesante reproducirlo aquí.


Una parte de los espectadores ha experimentado un progresivo distanciamiento de Almodóvar desde que este abandonó el estilo popular y cómico de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988); otros consideran ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) la última gran obra y el punto de inflexión de Pedro Almodóvar. Pero este proceso, que sin duda le ha hecho perder adeptos, le ha hecho ganar otros nuevos que han encontrado en el segundo Almodóvar unos valores que no hallaban en el primero, especialmente a partir de La flor de mi secreto (1995). A pesar de todo, pensamos que no existe tal ruptura en su filmografía, sino un proceso lento de maduración personal, estilística y argumental que, en términos generales, ha mejorado mucho la calidad de sus películas.

Junto a "los dos Almodóvares", hay otro lugar común que conviene cuestionar. Contra lo que se ha dicho muchas veces, Pedro Almodóvar no ha sido nunca bandera cultural de la transición a la democracia en España, ni de la movida de los ochenta. Por razones de claridad expositiva vamos a aproximarnos a todas estas cuestiones desde dos perspectivas: la estética y la temática.

Una estética de aluvión
Si hay algo fuera de discusión es que la concepción estética de Almodóvar tiene un sello personal. Desde Pepi, Lucy y Bom y otras chicas del montón (1979) –o desde sus once cortometrajes anteriores– hasta Hable con ella (2002), el cineasta español no ha hecho más que conjugar los mismos verbos estéticos, aunque cada vez con más depuración. Sus ingredientes tienen mucho que ver con el "pop", con el "underground" americano, con el "kitsch"... y con directores como Cassavetes, Mekas y William Klein. Almodóvar considera también a Truman Capote como uno de sus referentes literarios. No es el caso del artista Andy Warhol, con el que forzadamente se le ha querido comparar, y con el que Almodóvar marca las distancias.

Aun así, existe algo de "cromo" en sus diseños, con ese empleo riquísimo y variadísimo del rojo y del azul, con esa decoración entre feísta y fetichista, pero siempre popular –o populachera–; y con su vocación por lo "freak", lo marginal, lo urbano y tribal,... siempre combinado con lo rural, lo pueblerino, con la cultura ancestral "de las abuelas". Y es que entre ambas vertientes corre la biografía de Almodóvar, nacido en Calzada de Calatrava (Ciudad Real), educado en Cáceres y posteriormente zambullido en un Madrid en ebullición, en los años en que salían de las alcantarillas nuevas tribus urbanas, mucha contracultura y un intenso olor a marihuana, a la vez que se abrían las primeras sex-shops y se cerraban clásicas salas de cine.

Cóctel suburbano-rural
En la película ¿Qué hecho yo para merecer esto? (1984), Almodóvar ahonda autobiográficamente en los fantasmas de su pasado. Cuando él, empleado de Telefónica en Madrid, iba a trabajar a San Blas, pasaba por la M-30 y veía a diario las colmenas urbanas del barrio de la Concepción, comprendió que su cine también podía rendir un homenaje serio a las amas de casa y a las familias obreras cuyo origen social él compartía y conocía. A partir de esa película Almodóvar empezó a ser respetado por la crítica. Ese cóctel suburbano-rural encontró en la creatividad de Almodóvar un caldo de cultivo que ha abonado su cine hasta hoy.

Este collage del cine almodovariano es absolutamente personal, inexplicable como simple moda y, desde luego, ajeno a la "movida madrileña". Almodóvar no es un fruto de la transición, y menos su emblema; Almodóvar es paralelo a la transición, como lo es al desarrollismo de los sesenta, a los aires posconciliares, a la modernización de España... pero nunca fue un "intelectual" universitario que corriese delante de los grises.

Almodóvar hace un cine absolutamente de autor, en el que proyecta un complejo mundo interior que ha bebido de fuentes literarias, pictóricas, cinematográficas y musicales. Lo que ocurre en sus películas, los personajes y situaciones no tienen un correlato sociológico definido, y, de tenerlo en algún caso, es de forma muy aproximativa y desde una radical subjetividad. Almodóvar ni es ni ha sido un escaparate real de la cultura española.

La radical soledad de la mujer
Los temas de Almodóvar nunca son abstractos, siempre se encarnan en personajes que parten de cero y no son la terminal de ninguna tradición. No disponen de más recurso para afrontar la realidad que las primarias insinuaciones de su solitario corazón.
Almodóvar es unánimemente reconocido como un excelente director de actrices, porque posee una singular sensibilidad para percibir la riqueza de matices de la psicología de una mujer. Seguramente es esa la razón de que el esqueleto de toda su filmografía esté formado por personajes femeninos. Sus películas son películas de mujeres. Pero tales personajes encarnan cuestiones existenciales en las que todo espectador se puede reconocer. No me refiero al envoltorio de tales conflictos, siempre surrealistas e inverosímiles, sino al fondo de los mismos. Y de todos ellos, sin duda alguna, el más importante y más exhaustivamente desarrollado por Almodóvar es el problema de la soledad. Mujeres solas. Terriblemente solas. Y llenas de coraje.
(Ver texto completo)

24.5.09

¿Somos platónicos los cristianos?

El mito de la caverna. Platón nos anima a imaginar esta escena. Unos hombres han sido confinados en el fondo de una gruta o caverna oscura, con las espaldas en sentido opuesto a la entrada. Han sido atados de tal modo que no pueden mirar más que hacia adelante, hacia la pared del fondo. A sus espaldas, detrás de un pequeño muro, hay gente, que va y viene llevando varios objetos en la mano y en la cabeza. Entre la entrada de la gruta y esta gente con varios objetos existe un foco, que proyecta sus propias sombras sobre la pared del fondo, que es la única que pueden ver los prisioneros. No habiendo visto desde siempre nada más, las personas encadenadas en la gruta piensan que aquellas sombras son la única realidad, que no existe ninguna otra. Tanto que si alguno consiguiese liberarse y salir fuera, a cielo abierto, y volver después hacia atrás, intentando explicar a los prisioneros cómo están verdaderamente las cosas, les pondrían a ellos a morir, pensando que por la excesiva luz les ha comenzado a dar vueltas el cerebro (¡lo que hicieron, de hecho, los atenienses con Sócrates!).


Ésta, dice Platón, es nuestra condición, los hombres, en el mundo. Todo el mundo es una caverna. Las cosas, que nosotros creemos verdaderas y reales, no son más que sombras de la realidad, que se encuentran allá arriba en el cielo. Son imitaciones de la realidad celestial. Es necesario soltarse del cuerpo, que nos encadena a la materia y a las ilusiones, y «salir de la caverna» para conocer la verdadera realidad. Por lo tanto, Platón ya había entendido que el cielo, en cuanto patria definitiva del hombre, no es algo físico, situado en cualquier parte remota del cosmos. Es un cielo cualitativamente distinto, situado fuera del espacio y del tiempo. Él lo llamaba el «mundo de las ideas».

El gran pintor Rafael ha compendiado magistralmente el pensamiento de Platón en el famoso cuadro llamado La escuela de Atenas. En él vemos representados a los dos máximos filósofos antiguos, Platón y Aristóteles, con planteamientos opuestos. Aristóteles, con la mano dirigida hacia abajo, afirma que la realidad está sobre la tierra y que nuestro conocimiento debe partir de las cosas, que se ven y que se tocan; Platón, con el dedo dirigido hacia arriba, recuerda que la realidad está en lo alto, en el cielo.

Hoy todos, quien más quien menos, somos «aristotélicos con la mirada y la atención dirigidas a la tierra». A todos, sin embargo, nos serviría un poco de platonismo. Si el tan despreciado «amor platónico» significa un amor más espiritual, más poético e ideal, entonces, también en el amor, sería útil llegar a ser todos un poco más platónicos, visto que hoy el peligro mayor es el de minimizar el amor, reduciéndolo sólo a la esfera física de los sentidos.

No puedo evitar, al pensar en esto, recordar las palabras de San Pablo:

«Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra» (Colosenses 3, 1–2).


Pero “¿acaso la fe cristiana no sería más que una forma de platonismo puesta al día? -se pregunta R. Cantalamessa- ¿Nada de nuevo habría sucedido con la venida de Cristo? No, hay una diferencia substancial; el cielo de los cristianos no es el mismo que el de Platón. Los cristianos ya no razonan más con el esquema espacial abajo/arriba, sino con el esquema temporal presente/futuro. Cuando hablamos del cielo, nosotros no entendemos un espacio, que está por encima de nosotros, sino un acontecimiento, que está delante de nosotros, hacia el que estamos encaminados”. Este evento es el retorno glorioso del Señor, la parusía, los «cielos nuevos y la tierra nueva» (Isaías 66, 22)

22.5.09

Ayuda a la mujer

La ayuda a la mujer embarazada se ha convertido en una causa común que une a todos. Facilitar ayuda económica y médica a la mujer que tiene dificultades con el embarazo puede ser una causa común para los pro-vida y los partidarios del aborto. Así lo ha entendido en EE.UU. el grupo de parlamentarios demócratas que se llaman Democrats for Life, que han presentado en el Congreso una propuesta de ley en este sentido.


La propuesta pretende evitar los abortos practicados por problemas económicos, un motivo que podría ser más frecuente en la actual crisis. El proyecto pretende que un seguro sanitario no pueda negar cobertura a una mujer gestante por considerar el embarazo como una “afección preexistente”. También prevé subvenciones a centros de ayuda que ofrecen alternativas al aborto; favorecer que loscolleges y universidades proporcionen apoyo a las estudiantes embarazadas y a las madres estudiantes; así como reforzar el programa WIC (un programa especial de nutrición suplementaria para mujeres embarazadas, lactantes o en periodo de posparto y niños de 1 a 5 años), y facilitar la adopción. Además, la propuesta permitiría a los estados dar cobertura a los niños no nacidos y a sus madres en virtud del “Children’s Health Insurance Program”, que proporciona atención prenatal para mujeres embarazadas especialmente necesitadas, y mejorar los servicios para las mujeres embarazadas con riesgo de sufrir violencia doméstica.

Esta iniciativa, presentada en el Congreso, ha conseguido poner de acuerdo tanto a los "pro-life" como a los "pro-choice". Para los representantes abortistas se trata de una medida que favorece realmente la elección de las mujeres, mientras que para los del otro bando es una iniciativa a favor de la vida.

En nuestro país el FORO ESPAÑOL DE LA FAMILIA ha puesto en marcha el PROGRAMA RED MADRE, generando una red solidaria de apoyo a la mujer embarazada, para que pueda encontrar alternativas positivas frente al drama del aborto, y que éste no se le presente como la única salida posible.

El silencio

Andre Rieu - Il Silenzio por Melissa Venema.


21.5.09

Supertriste

Siempre he admirado la obra de Fernando Lázaro Carreter, uno de los mayores estudiosos españoles de la literatura. En particular disfruto releyedo su "Dardo en la palabra" en la que conjuga sabiduría lingüística y humor. Copio un capítulo del "Nuevo dardo en la palabra" publicada un año antes de su fallecimiento.


Leído en la carta de una lectora a su revista: «Hoy hace un año que murió mi Candy y estoy supertriste». Candy era una graciosa iguana, y eso podría haberlo escrito también un lector, porque super es unisex; y ambos, idénticamente, podrían haber dicho que estaban superafligidos/as o superacongojadoslas o superfastidiadoslas, si hablaban en versión de cámara y si transcribimos tales sentimientos con repugnante estilo de circular ortosexual. Esa tumescencia verbal ataca a millares de ciudadanos veinteañeros, y a una multitud talluda contagiada de su inmunodeficiencia idiomática. Estalla con vigor en los viernes de litro y jarana, pero no sólo: también brota en muy amplios sectores del «qualunquismo» hispano, desde el mercadillo a la boutique, y hermana a los famosos de tele y magacín con quienes los airean con provechosa simbiosis.

Y así, super- puede crecerle a cualquier adjetivo (o sustantivo) y hay miles de hablantes que se sentirían desvalidos si no ornaran sus calificaciones con ese bubón: su ligue les parece "superguay", gozan de una pareja muy "supercálida", y aquella lectora halló a Candy en el terrario donde dormía "supermuerta". El ánimo de tales dilatadores endilga al adverbio el añadido de moda y se sienten "superbien" o "supermal"; tal vez aún no, "superregular". Es el último estadio a que ha llegado por ahora la preposición super, que había sido fecunda en latín, ayudando a nacer palabras con el significado de ‘encima de’ o ‘por encima de’. Muchas de ellas perecieron en su viaje a los romances, pero las sobrevivientes fueron tratadas con confianza, y supercilium, por ejemplo, se hizo sobrecejo en castellano, o surcil en francés antiguo. (Ver texto completo)

20.5.09

Para tratar a los adolescentes

Con frecuencia, y pese a estar advertidos, a los padres les suele pillar por sorpresa la crisis de la adolescencia. La página agea.net nos ofrece una texto orientador sobre cómo tratar a los adolescentes. El breve documento adjunto trata de cinco reglas sencillas, basadas en la experiencia cotidiana de muchas familias, que pueden ayudar en la comunicación con hijos.


1.- Darles oportunidad de ser responsables, delegándole responsabilidades.
Para eso tienen que saber que se confía en ellos y les consideramos capaces. La mejor forma de que aprendan lecciones es enseñarlas a otros, por eso es tan eficaz el que se haga responsable, por ejemplo, del cuidado de un hermano pequeño, en ausencia de sus padres o el que le explique una materia en la que necesita ayuda.
También en múltiples gestiones personales que pueden hacer por sí mismo en lugar de los padres.

2.- Haga que el adolescente participe de las discusiones, alegrías y preocupaciones de la familia. Cuántas veces se oye esta queja por parte de los chavales: ¡Es que en mi casa no me cuentan nada! ¡Me entero por otras personas y me cae fatal!

A veces, por miedo a que no sufran no les comunicamos una adversidad familiar, hablamos entre nosotros y nos callamos cuando entra en la habitación: un problema económico, la enfermedad de un pariente cercano, etc.
Ante esta postura, el adolescente puede imaginarse que algo terrible está pasando, incluso exagerar en su cabeza dada a la fantasía las circunstancias, y lo que es peor, creer que son demasiado insignificantes como para que sus padres les tengan confianza.
Se les debe informar para que se involucren, colaborando - si pueden hacer algo - o rezando para que el problema se solucione.
Estas muestras de confianza nunca caen en saco roto, pues al comunicárselas los consideramos personas dignas de nuestra confianza, y ellos se considerarán adultos y dignos de la confianza de sus padres.

3.- De aquí se podría deducir otra regla Comuniquemos a nuestros hijos cómo nos sentimos. Escuchar a los hijos sus opiniones, sentimientos, alegrías y dificultades constituye sólo un aspecto de la comunicación. También tenemos el derecho y la libertad para expresarles nuestros propios sentimientos y ser oídos: alegrías, cansancio, una buena o mala jornada laboral, etc.

Esta dualidad en la comunicación es imprescindible para lograr la confianza del adolescente porque constituye el verdadero diálogo. No vamos a perder nuestro prestigio como padres cuando nuestros hijos aprendan a vernos como personas que se cansan y tienen buenos o malos momentos; es más es con esa persona con las que querrán comunicarse no con el padre o la madre ideal o perfectos porque sencillamente no existe.

La obediencia está muy relacionada con el cariño y el cariño se fomenta con el conocimiento real de una persona. Un adolescente que quiere a sus padres puede desobedecerles, pero se sentirá muy mal al hacerlo, el cariño a sus padres hará que él mismo se proponga rectificar.

19.5.09

Benedicto XVI y la modernidad

Un nuevo colaborador se suma al blog. Se trata de Francisco Santamaría, que además de buen amigo es filósofo, articulista y agudo observador de la sociedad multicultural en la que vivimos.


No corren buenos tiempos para la razón. La civilización exageradamente lúdica y emotivista en la que vivimos, tiende a afrontar los problemas de la vida con más sentimiento que pensamiento. Paradójicamente, tenemos la sensación de vivir, a la vez, en un mundo racionalmente diseñado y opresivamente controlado y regulado. Para advertir esto último, basta pensar en algo tan inmediato para todos como la declaración de la renta: gracias a una impresionante informatización de las administraciones y de la actividad económica, 'el sistema' conoce perfectamente todos nuestros ingresos y gastos, sin apenas rendijas de privacidad. He aquí un fruto maduro de la razón calculadora.

La única escapatoria ante un sistema moldeado de forma tan agobiante consiste para muchas personas en sumergirse en diversiones aderezadas con abundancia de alcohol u otras sustancias tóxicas. En todo caso, las relaciones afectivas (de pareja, paterno-filiales, de amistad, etcétera) tienden a fracasar estrepitosamente, a la vez que las cuestiones importantes de la vida, las que guardan relación con palabras como felicidad, identidad, amor, sufrimiento, dolor, muerte, sentido, quedan confiadas al puro sentimiento, dando por sentado que la razón nada tiene que decirnos sobre ellas. Es el resultado de una cultura bifronte, que muestra un rostro racional, gélido, organizador, casi desalmado, por un lado, y, en su reverso, otro ciego y mudo ante los problemas acuciantes de la vida; una cultura que, en cualquier caso, ha renunciado a la razón como instancia capaz de articular el diálogo entre personas, grupos y culturas. En fin, los restos del naufragio del proyecto ilustrado de la modernidad.

En este contexto es donde es preciso insertar el pensamiento de Benedicto XVI -una de las mentes más lúcidas en el despertar de este nuevo milenio- que no se cansa de dialogar con la modernidad, con el doble propósito de, por una parte, mostrar la compatibilidad de la fe cristiana con los ideales de la modernidad y, por otra, rescatar a ésta de su naufragio sacando a flote lo mejor y más auténtico de su proyecto inicial. Benedicto XVI es uno de los más insignes defensores de la razón como instancia ineludible para solucionar los desafíos a los que se enfrenta la humanidad y para establecer las bases de una convivencia pacífica entre diversas creencias, culturas y civilizaciones en un mundo plural.

A la vez, considera que la modernidad precisa para alcanzar sus propósitos una corrección radical, a la que llama purificación de la razón. Purificar la razón significa en Benedicto XVI reconocer, junto a su grandeza, sus límites; unos límites que la razón sólo puede superar abriéndose a la fe. Por eso, en el famoso discurso de Ratisbona dijo que «cuando la razón humana consiente humildemente en ser purificada por la fe, está lejos de ser debilitada por ésta; más bien es fortalecida para resistir a la presunción de ir más allá de sus propias limitaciones». Y, ahora, en su viaje a Tierra Santa, ha formulado unas palabras complementarias de aquéllas: «La fe en Dios -dijo en la primera piedra de la futura universidad de Madaba- no suprime la búsqueda de la verdad; por el contrario, la alienta». Benedicto XVI está persuadido de que la fe no nos exime del ejercicio de la razón y de la consiguiente búsqueda de respuestas a los interrogantes que se nos plantean, pero señala los peligros -históricamente constatados- de una razón presuntuosa.

18.5.09

Ver desde lo alto y seguir trabajando

Ramiro Pellitero nos comenta las palabras que el Papa pronunció desde el monte Nebo en su reciente viaje a Palestina.


Me quedó grabada, hace años, la afirmación de que nadie merece ser escuchado si no ha esperado, trabajado y sufrido largo tiempo para mostrar la verdad de sus convicciones. Muchos de nuestros abuelos murieron, tras una vida difícil para sacar adelante a su familia, sin poder ver plenamente los frutos de su gustoso sacrificio. Nuestros padres han luchado con frecuencia por lo mismo y, si eran buenos cristianos, nos transmitieron la fe; no con demasiados argumentos, sino con su vida coherente. Nosotros tenemos que seguir en la brecha para “pasar el relevo” a las generaciones que nos siguen, sin pensar que hacemos nada extraordinario.

Estos pensamientos me invadían al leer el reciente discurso de Benedicto XVI desde el monte Nebo, que está situado a pocos kilómetros al nordeste del Mar Muerto. Desde allí Moisés divisó la Tierra Prometida hacia la que había guiado a su pueblo, tras sacarlo de Egipto, a través de no pocas penalidades. Aquella tierra donde, muchos años después, vivió y murió Jesús de Nazaret, Hijo del Dios vivo, dejando un rastro de luz y vida que sigue presente y actuante en la historia de la humanidad.

“Aquí, desde la altura del monte Nebo –dijo el Papa en la parte central de su alocución, con palabras que merecen ser recogidas íntegramente– la memoria de Moisés nos invita a ‘levantar nuestros ojos’ para abarcar no sólo las obras poderosas de Dios en el pasado, sino también para mirar con fe y esperanza hacia el futuro que Él nos presenta y también a nuestro mundo”. Y mirando interiormente hacia sí mismo y los cristianos, continuó: “Como Moisés nosotros hemos sido también llamados por nuestro nombre, invitados a emprender un éxodo diariamente desde el pecado y la esclavitud hacia la vida y la libertad, y hemos recibido una inquebrantable promesa que guía nuestro camino”. El Papa se refería concretamente a la vida cristiana. “En las aguas del Bautismo, hemos pasado desde la esclavitud del pecado a una nueva vida y esperanza. En la comunión de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, anhelamos la visión de la ciudad celestial, la nueva Jerusalén, donde Dios será todo en todos. Desde esta montaña santa, Moisés dirige nuestra mirada hacia lo alto, hacia el cumplimiento de todas las promesas de Dios en Cristo”.

El ejemplo de Moisés, que veía todo aquello desde lejos, al final de su larga peregrinación –seguía explicando el sucesor de Pedro–, nos recuerda que también nosotros somos parte de la peregrinación del Pueblo de Dios a través de la historia. Y esto, siguiendo las huellas de los profetas, los apóstoles y los santos; los cristianos estamos llamados a caminar con el Señor, llevar adelante su misión, dar testimonio del Evangelio del amor universal y de la misericordia de Dios. “Estamos llamados a promover la acogida del Reino de Cristo por medio de nuestra caridad, nuestro servicio a los pobres y nuestros esfuerzos para ser levadura de reconciliación, perdón y paz en el mundo que nos rodea”.

Y como en una apelación al realismo, también para su caso personal, añadía Benedicto XVI: “Sabemos que, como Moisés, quizá no veremos el cumplimiento total del plan de Dios durante el espacio de nuestra vida. Sin embargo confiamos en que, realizando la pequeña parte que nos toca, en fidelidad a la vocación que cada uno ha recibido, ayudaremos a allanar los caminos del Señor y facilitar que sea bien recibida la aurora de su Reino”. “Y sabemos –concluía– que el Dios que reveló su nombre a Moisés como una garantía de que siempre estaría a nuestro lado (cfr. Ex 3. 14), nos dará la fortaleza para perseverar en una gozosa esperanza incluso en medio del sufrimiento, la prueba y la tribulación”.

Estas últimas palabras –bien coherentes con lo que conocemos de la vida y el pensamiento del Papa–, pueden aplicarse a tantas personas, a tantos cristianos. Ver desde lo alto de una vida cumplida sencillamente en la fidelidad y en el trabajo. Contemplar las cosas, cada día, desde lo alto y lo profundo de una oración cuajada en obras de servicio. Ver desde lo alto de una vida, quizá no exenta de errores, pero que, hasta el final, confía en las promesas de Dios. Mirando a lo lejos, pero siguiendo en la brecha. Ver desde lo alto y seguir trabajando.

Ramiro Pellitero, profesor de Teología pastoral, Universidad de Navarra

17.5.09

¿Derecho al aborto?

Losé Luis Requero, Magistrado y Vocal del Consejo General del Poder Judicial, publica hoy en "La Razón" este interesante comentario:


¿Puede tener derecho una madre a matar al hijo que espera? Para la reforma en ciernes, sí. Éste es el objetivo: aparte de satisfacer los intereses de la industria abortista, satisfacer los principios ideológicos del feminismo radical. La idea es sacar el aborto del Código Penal y encumbrarlo a la categoría de derecho, un derecho de nueva generación, ligado a la libertad sexual y reproductiva de la mujer. Además, abortar sería, desde esta lógica, una manifestación de su autonomía y dignidad.
Las consecuencias de esta reforma saltan a la vista. Primero, deformará aún más las conciencias, porque si el sistema actual de indicaciones –por definición, algo excepcional– ha hecho del aborto algo normal, es fácil imaginar cómo impactará en las conciencias. Segundo, si es un derecho, arroja a los que defendemos la vida del no nacido al lugar de los antisistema, por no decir de la ilegalidad. ¿Y esto es conforme con la Constitución? Con toda claridad: no. Y no, porque el Constitucional dijo que sólo cabe despenalizar el aborto cuando haya conflicto con la vida, la salud de la madre, el feto presente malformaciones o el embarazo sea consecuencia de una agresión sexual. Nunca fruto de un «porque sí».

16.5.09

Tres libertades

OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL muestra una vez más su sabiduría con el artículo que publica hoy en el diario ABC:


Ser libre es el anhelo de todo hombre, pero ¿cómo llegar a serlo? Tres son los caminos y las formas de libertad. Una primera es la libertad de. Hay que pisar en la tierra para poder avanzar, pero a la vez para despegarnos de ella, tendiendo hacia lo que no es tierra, límite, fuerza ciega, violencia natural. Nadie ha mostrado este esencial despegue como Miguel Ángel en sus esbozos de esclavos, niños y héroes emergiendo de la materia marmórea en la cual están insertos pero de la cual tienen que ser arrancados y liberados. Lo humano no es lo inmediato y directo sino lo esforzado y distanciado; no la naturaleza sino la cultura. El hombre tiene que ser liberado de esos pesos reales, previo reconocimiento de ellos como fundamento de nuestra posibilidad. El reconocimiento y consentimiento son lo contrario del resentimiento; por ello, estoy afirmando que la conciencia y aceptación de nuestro origen son la condición de posibilidad para crecer sanos y llegar a la libertad verdadera.

La liberación o emancipación tiene lugar respecto de tres órdenes: la naturaleza; los poderes políticos y constricciones sociales; el propio mundo psicológico de complejos y temores, de légamos y viscosidades. Desde esas circunscripciones, que son previas a la específica humanidad, tiene el individuo que saltar para hacer de su propia existencia un proyecto. Aquí hay que situar todos los movimientos de emancipación de los pueblos, grupos e individuos para adquirir el estatuto y estatura que les son connaturales por su historia, cultura y decisión. Hay límites de naturaleza que tienen que ser reconocidos y admitidos: luchar contra ellos equivale al suicidio. Pero todos los que siendo de origen natural o social son superables, esos tienen que ser deconstruídos por la educación, el derecho y la política.

Una segunda forma constituyente del hombre es la libertad con. Los hombres no somos islas sino trozos de tierra pertenecientes al continente de lo humano. No somos árboles erguidos en la soledad de un monte sino parte de un bosque que trenza sus raíces y ramas, ofreciendo ventalle y sombra. La existencia humana es naturaleza pero sobre todo es comunidad e historia, somos herencia y destino: llegamos a ser palabra, signo, lenguaje e idea en la medida en que el rostro, la sonrisa, la palabra y la esperanza del prójimo nos despiertan a la conciencia y a la libertad. Los otros constituyen al nos-otros, porque no somos la mera agregación exterior con los demás sino que nos constituimos los unos a los otros.

La libertad sólo es humana en la medida en que se vive en referencia a los demás. La autonomía es para el servicio, no para la independencia insolidaria. Kant y Rahner son necesarios e irrenunciables, pero son insuficientes si no dejan patente la abertura para integrar en la comprensión del hombre lo que Buber, Mounier, Levinas y Balthasar nos han descubierto e inscrito definitivamente en nuestra conciencia. Con esto no olvidamos todo lo afirmado en el párrafo anterior sobre las necesarias liberaciones y lo que sobre ellas dijeron en el siglo XIX Marx, Nietzsche y Freud. Pero no nos paramos ahí. San Pablo -¡que evidentemente no había leído los «Cuatro ensayos sobre la libertad» de I. Berlín!- formuló con incisiva claridad la necesaria liberación propia a la vez que la esencial solidaridad y responsabilidad para con el prójimo. En su carta a los Gálatas expresa con igual radicalidad el haber sido liberados de la ley judía y el deber de servir a los demás: «Para ser libres os libertó Cristo. Manteneos pues firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud... Hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero no toméis pretexto de esa libertad para servir a la carne, sino servíos por amor los unos a los otros» (5,1.13).

La tercera condición para una existencia en dignidad es la libertad para. Hasta ahora hemos enfocado al hombre en lo que le precede (naturaleza, sociedad, inconsciente propio o colectivo), a la vez que en el medio humano al que está destinado y respecto del cual debe sentirse siempre heredero, solidario y responsable, ya que se es hombre con los demás y para los demás. Pero una vez hecho esto cada uno nos encontramos en soledad ante nosotros mismos, ante el prójimo y ante Dios. En este despegue de la naturaleza y sociedad previas los hombres quedamos enfrentados con el irrenunciable desafío de vivir como personas únicas, en un lugar único, con la exigencia de hacer un quehacer y de la obra bien hecha. Ninguna sociedad, política, iglesia, cierran del todo el camino para el despliegue de la libertad de un hombre. Cuanto más le acosan desde fuera más le provocan a su afirmación desde dentro. El hombre es extraterritorial respecto de todos los poderes y límites de este mundo; puede ser negado, pero nunca anegado del todo. Ante sí mismo se sabe un absoluto y ante Dios se sabe llamado con su propio nombre y enviado a una misión personalísima. Aquí es donde cristaliza definitivamente la libertad. El ciudadano, el político, el creyente y el poeta se saben puestos ante una misión de la que nadie los puede liberar y de cuyo cumplimiento dependen su grandeza o miseria moral.

15.5.09

Vindicación del libro

Hace unos quince días pude asistir a la inauguración de la Feria del Libro de León. El Pregón fue pronunciado por el ecritor Juan Manuel de Prada, que hizo una defensa apasionada del libro. Gracias a un amigo he podido conseguir ese bello texto, que reproduzco aquí parcialmente:


La consideración de la biblioteca corno ámbito casi religioso, como refugio o templo donde el hombre halla abrigo en su andadura huérfana por la tierra, la expresa, quizá mejor que nadie, Jean-Paul Sartre, en su hermosísima autobiografía "Las palabras", donde comparece el niño que fue, respaldado por el silencio sagrado de los libros: "No sabía leer aún y ya reverenciaba aquellas piedras erguidas -escribe Sartre con unción-: derechas o inclinadas, apretadas corno ladrillos en los estantes de la biblioteca o noblemente esparcidas formando avenidas de menhires. Sentía que la prosperidad de nuestra familia dependía de ellas. Yo retozaba en un santuario minúsculo, rodeado de monumentos pesados, antiguos, que me habían visto nacer, que habían de verme morir y cuya permanencia me garantizaba un porvenir tan tranquilo como el pasado". Esta quietud callada y a la vez despierta de los libros, esta condición suya de dioses penates o vígías del tiempo que velan por sus poseedores y abrigan su espíritu los convierte en el objeto más formidablemente reparador que haya podido concebir el hombre.. El libro, en apariencia inerte y mudo, nos reconforta con su elocuencia, porque entre sus páginas se aloja nuestra hiografía espiritual; y es esta capacidad suya para invocar los hombres que hemos sido lo que lo convierte en nuestro interlocutor más valioso y ajeno a las contingencias del tiempo.

Yo también puedo decir con legítimo orgullo que "los libros fueron mis pájaros y mis nidos, mis animales domésticos, mi establo y mi campo", corno escribe Sartre en algún pasaje de su autobiografía. También para mí la biblioteca ha sido, corno para Sartre, "el mundo atrapado en un espejo"; también para mí la lectura ha sido una vocación de permanencia que ha exaltado y consolado mis días. Por eso contemplo con cierto preocupado escepticismo esas proclamas más o menos elegíacas que nos hablan de la muerte inminente de estos compañeros del alma, Los profesionales de la catástrofe y los apóstoles del progreso coinciden en afirmar que los avances en el ámbito de las comunicaciones electrónicas acabar expoliando ese templo tan costosamente erigido a lo largo de os siglos. Jamás he participado de esta visión fatalista y lúgubre; como Umberto Eco, pienso que las nuevas tecnologías están difundiendo una nueva y pujante forma de cultura, pero se muestran incapaces de satisfacer todas nuestras demandas intelectuales. La comunicación electrónica viaja por delante de nosotros, se adelanta a nuestras inquisiciones, procurándonos un copioso caudal de información; los libros, en cambio, viajan con nosotros y acicatean nuestras pesquisas, deparándonos el díficil venero del conocimiento. Precisamente; porque no ofrecen soluciones rápidas e instantáneas, precisamente porque estimulan nuestra curiosidad perenne, tienen la supervivencia garantizada.

Habría que analizar sin ofuscaciones jeremíacas, junto a sus ventajas utilitarias innegables, los perjuicios, o pérdidas que nos inflige la lectura electrónica. La digitalización de textos, las redes y foros interactivos han conseguido liberarnos de las "ataduras" del libro, de este modo, la lectura electrónica se ha convertido en una especie ele "simultaneidad textual" que inculca un sentido fragmentario de la realidad, repudia las elaboraciones abstractas, disminuye nuestra capacidad retentiva y mutila nuestra percepción de la historia, También devalúa nuestra especial actitud ante el lenguaje: a nadie se le escapa que las palabras leídas o escritas en la pantalla de un ordenador (palabras cambiantes que se desvanecen o actualizan sin cesar) poseen un estatuto menos estable que las palabras inamovibles de un libro. La comunicación electrónica niega el carácter ritual y perdurable del lenguaje, que es corno negar sus posibilidades como vehículo para transmitir conocimiento, relegándolo a una mera condición vicaria de transmitir informaciones. Así se alcanza ese estadio pavoroso de depauperación lingüística. donde las arquitecturas sintácticas se desploman y los matices de la expresión -la ironía y la metáfora, la argumentación y el ingenio verbal- son suplantados por un rudimentario conglomerado del que ha desertado la belleza. (Ver texto completo)

14.5.09

El Papa frente al muro

Un luminoso futuro construido de paz y reconciliación sucede sólo a través de la educación, del respeto y el rechazo de la violencia. Benedicto XVI, peregrino en Tierra Santa, ha visitado este miércoles el campo de refugiados de Aida y ha mostrado su acercamiento al dolor de aquellos que lo han perdido todo: la familia, la casa, el sueño de un mañana. En este lugar, donde las condiciones precarias y difíciles no hacen más que alimentar la frustración y el rencor, el Papa ha hablado de valor e imaginación, lo que permitirá romper una espiral de violencia, ataques y contraataques, venganzas y destrucciones continuas que desgarra desde hace mucho tiempo la región

13.5.09

Rechazo a la píldora

Tras el anuncio La ministra española de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, de que la "píldora del día después" se venderá en farmacias, sin receta médica y a mujeres sin limitación de edad, numerosos colectivos muestran su rechazo. Especialmente llamó la atención la afirmación de la ministra asegurando que “no tiene efectos secundarios ni ningún tipo de contraindicación”.


El Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos ha mostrado su rechazo a la venta sin receta de la píldora del día después y han abogado por su dispensación en los Centros de Salud.

Señalan los facultativos que la llamada "píldora anticonceptiva de emergencia" es un medicamento, y como tal, "no está exento de riesgos", por lo que debe ser el médico quien valore si un paciente debe consumirlo. Para el Consejo General del Colegios Oficiales de Médicos el anuncio de Sanidad supone una "banalización" del consumo de este fármaco, especialmente entre la población joven, que podría hacer utilizarlo sin valoración ni seguimiento de su seguridad.

El secretario general de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), Luis T. Mercé Alberto, calificó hoy de “frívola” la decisión del Gobierno de autorizar la venta sin receta en farmacias de la píldora del día después, ya que la generalización de su uso como anticonceptivo convencional “podría aumentar tanto los embarazos no deseados como las enfermedades de trasmisión sexual”.

Por su parte el Foro de la Familia afirma en una Nota de Prensa que "la Píldora del Día Después es abortiva y su difusión sin receta generará una mayor banalización de la irresponsabilidad sexual con los consiguientes riesgos para la salud pública”. Las adolescentes tomarán la píldora sin saber que es un fármaco abortivo y con potentes efectos secundarios que pueden dañar gravemente su organismo.

Estudios realizados en Inglaterra señalan que la difusión de este tipo de fármacos entre adolescentes aumenta considerablemente el índice de embarazos pues aumenta la sensación de seguridad ante relaciones sexuales promiscuas. Presentar este fármaco como método anticonceptivo, puede incitar a aumentar las conductas de riesgo y los contagios por enfermedades de transmisión sexual y el SIDA.

12.5.09

Buscar lo de arriba

Hoy tengo el gusto de compartir este luminoso texto del cardenal Ratzinger publicado en el libro "El resplandor de Dios en nuestro tiempo"
"para que en verdad haya justicia en el mundo tiene que haber justicia para todos y para siempre"

"Este es el día en que actuó el Señor. Cantemos y alegrémonos en él". Así cantamos con un versículo del Salterio de Israel que manifestaba intrínsecamente la espera del Resucitado y que, de ese modo, tenía que convertirse en cántico pascual de los cristianos. Cantamos el Aleluya, en el que una palabra del idioma hebreo se ha convertido en expresión intemporal de la alegría de los redimidos.

Pero ¿es lícito que nos alegremos, realmente? ¿No es la alegría casi algo así como un cinismo, como una burla, en un mundo tan lleno de sufrimiento? ¿Estamos redimidos? ¿Está redimido el mundo? Los disparos con los que fue asesinado el arzobispo de San Salvador (Oscar Romero, 1980) durante la consagración son sólo un fogonazo deslumbrante que deja caer su luz sobre el desencadenamiento de la violencia, sobre la barbarización del ser humano que se extiende por todo el orbe. En Camboya desaparece lentamente todo un pueblo, y nadie quiere tomar nota de ello. Y por todas partes hay también hombres que sufren a causa de su fe, de sus convicciones, cuyos derechos son pisoteados. Dimitri Dudko, el sacerdote ruso, dirigió en noviembre de 1980 un mensaje a todos los cristianos, presintiendo probablemente su cercano arresto. Dice Dudko acerca de su mensaje que está hablando desde el Gólgota y, al mismo tiempo, desde el lugar en que el Señor resucitado se apareció atravesando puertas cerradas. Ve Moscú como el Gólgota en que el Señor es crucificado. Pero a la vez lo ve como el lugar en que, a pesar o justamente a raíz de las puertas cerradas que quisieran impedirle el acceso, el Resucitado se hace presente y se manifiesta visiblemente.

Quien contempla el mundo de ese modo podría preguntarse si realmente tenemos tiempo para pensar en Dios y en las cosas divinas, o si no sería mejor que empleáramos todas las fuerzas para hacer que esta tierra fuese mejor. Bertold Brecht escribió en su momento el siguiente verso inspirado en la misma convicción: «No os dejéis seducir: moriréis con todos los animales, y después no viene nada más». Brecht veía la fe en el más allá, en la resurrección, como una seducción del hombre que le impide aprehender de lleno este mundo, esta vida. Pero quien opone la semejanza divina del hombre a su semejanza de los animales, pronto lo considerará también como un animal. Y si -como dice otro poeta moderno- morimos como perros, muy pronto viviremos también como perros y nos trataremos como perros, o más bien, como no se debería tratar a ningún perro.

Más honda fue la mirada del filósofo judío Theodor Adorno, que a partir del apasionado anhelo mesiánico de su pueblo preguntó y buscó una y otra vez cómo se puede crear un mundo justo, la justicia en el mundo. Finalmente, Adorno llegó a la siguiente convicción: para que en verdad haya justicia en el mundo tiene que haber justicia para todos y para siempre; es decir, justicia también para los difuntos. Debería ser una justicia que revocara de forma irrevocable y reparara también los sufrimientos del pasado. Pero para que esto fuese posible, debería haber resurrección de los muertos.

Creo que sobre este trasfondo podemos captar de nuevo el mensaje de la Pascua. ¡Cristo ha resucitado! ¡Sí, hay justicia para el mundo! Existe la justicia completa para todos, una justicia que es capaz de revocar también lo irrevocablemente pasado, porque existe Dios y porque él tiene el poder para ello. Dios no puede sufrir, pero sí compadecer, como formuló una vez san Bernardo de Claraval. El puede compadecer porque puede amar. Este poder de la compasión a partir del poder del amor es el poder que es capaz de revocar lo irrevocable y otorgar justicia. Cristo ha resucitado, es decir, existe la fuerza que puede crear justicia y que crea justicia. Por eso, el mensaje de la resurrección no es sólo un himno a Dios, sino también un himno al poder de su amor, y por eso un himno al hombre, a la tierra y a la materia. Todo es salvado. Dios no deja que ninguna parte de su creación caiga silenciosamente en lo pretérito. Él ha creado todo para que exista, como dice el libro de la Sabiduría. Él lo ha creado todo para que todo sea una sola cosa y todo le pertenezca, para que sea válido que Dios es todo en todo. (Ver texto completo)

11.5.09

Carta abierta a los hijos

Me ha gustado esta "carta abierta" que un padre escribe a sus hijos:


Queridos Hijos,

Es la conciencia de la verdad que he vivido que me da el coraje de escribiros. Vivís unos años difíciles, no sólo por lo que ocurre en el mundo: también por el cambio que experimentáis en vuestro propio cuerpo, en vuestra manera de sentir, de pensar, de percibir la llamada de la realidad. Tenéis que vivirlos en medio de mucho ruido, de tantos reclamos, de demasiada confusión.

Os quieren hacer creer que una máquinas automáticas son la solución a problemas como el contagio del SIDA o a embarazos no deseados: os quieren hacer creer sobretodo que el deseo que sentís es una mentira, que se puede satisfacer con una noche alegre y una compañía de gente quizá tan angustiada como vosotros por encontrar un sentido a la vida o escapar de la nada.

El deseo que sentís (lo conozco, ¿sabéis?), estas ganas de plenitud, este empuje a conocer, a relacionaros con los demás, este ímpetu de poseer la realidad, esta nostalgia de unidad total con alguien que os acoge, que os quiere, que os abrace: este deseo que sentís es lo más real de este mundo. No lo reduzcáis a instinto, ni penséis que podéis satisfacerlo vosotros solos: además de fracasar, sería traicionarlo.

Os están robando - a veces incluso en nombre de la libertad - es una esperanza cierta de que aquello que vuestro corazón desea exista realmente. Lo que os están robando es la serenidad de poder vivir el propio cambio sin verse empujados a quemar etapas, a banalizar el gesto más grande desde el punto de vista humano que puede hacer una persona, la unión sexual, que sólo tiene sentido y plenitud si es la unión de dos personas que se entregan del todo y para siempre (por lo menos como deseo: y si no, es que no estas amando), no de dos cuerpos que solo buscan el propio placer o huir de la angustia de la soledad. Es algo grande el amor que se da, que da la vida, es algo que pertenece al misterio mismo de la vida.

Vuestra libertad es vuestra y de nadie más. Pero que no os engañen con una falsa libertad, porque no hay ningún "derecho" que no sea también un "deber" (incluido el sexo, el amor, la vida misma). Y en cualquier caso el amor, la vida se entienden mejor si se ven y se viven como un don. Porque la libertad no es algo tan banal como no depender de nadie, la libertad es energía para recorrer el camino, es responder a una llamada.

Quizás tu no le conoces aún: pero alguien te ha querido - sin pedirte permiso, eso sí - desde siempre: y desde siempre ha pensado para ti una compañía verdadera, no una suma de relaciones superficiales y banales, donde instrumentalizas otro cuerpo y eres tu mismo instrumentalizado.

Nadie tiene la respuesta preparada a la pregunta que es tu vida, solo tú puedes encontrarla: pero lo primero es no negar que exista, lo primero es vivir las preguntas que mueven tu corazón (que "son" tu corazón), aun sabiendo que la respuesta no la tienes tú, por fidelidad a tu mismo corazón. Para vivir como hombres y mujeres con toda vuestra dignidad.

Vuestro padre
Giorgio

9.5.09

el oso

magnífica escena de la película "El oso" (1988) de Jean-Jacques Annaud

8.5.09

Dramas en tierras mediterráneas

Leo con estupor y pena que el gobierno de Sarkozy prepara una ley para convertir en delito la ayuda a inmigrantes “sin papeles”. Es el colmo, un paso más hacia la deshumanización: la atención humanitaria podría castigarse con fuertes multas o incluso con la cárcel.


Hace unos días Lluís Foix nos recordaba este drama que no cesa en su artículo “Dramas en aguas mediterráneas” cuando fallecieron un grupo de inmigrantes que trataban de cruzar el Mediterráneo:

Cientos de emigrantes africanos han muerto ahogados en las costas de Libia cuando sus botes se hundieron por los vientos del desierto que agitan las aguas mediterráneas en esta época del año. Un nuevo drama del desesperado intento de miles de africanos que buscan un horizonte vital más digno en Europa. Son jóvenes que se aventuran a travesías que les pueden costar la vida. Han pagado más de mil euros para embarcarse en naves con destino incierto.

Vienen de muchos países africanos después de cruzar el continente y situarse en las costas de Mauritania, Ceuta y Melilla, Libia, Marruecos y Argelia. Proceden de más de quince países africanos. Llegan a las costas africanas procedentes también del sudeste asiático pagando unas tarifas que oscilan entre 9.000 y 16.000 euros.

Las costas españolas, italianas y las de Malta son las rutas más frecuentadas. Si llegan al espacio Schengen pueden moverse libremente por quince países sin que nadie les pida identificación. En España se controla el flujo inmigratorio como se puede. Muchos son devueltos a sus países de origen aunque es frecuente que los recién llegados no manifiesten su nacionalidad.

Unos cinco millones de inmigrantes africanos viven en Europa, comparados con los 800.000 que han conseguido entrar en Estados Unidos. Los contrabandistas empiezan a operar en abril cerrando la temporada a mediados de octubre. Los contrabandistas sin escrúpulos, cayucos en condiciones pésimas y las aguas agitadas del Mediterráneo no impiden que unos 25.000 africanos arriesguen sus vidas para cruzar el mar.

Estos son los hechos que en el día de hoy han revuelto nuevamente la conciencia de muchos europeos. En primer lugar viendo cómo se juegan la vida unas gentes que lo que intentan es aventurarse a alcanzar una existencia más digna y, de paso, ayudar a los que han quedado detrás. En segundo lugar, porque los inmigrantes fueron acogidos cuando la mano de obra era necesaria y ahora que la crisis afecta muy directamente a los autóctonos, se les impide que lleguen aquí.

Las sucesivas leyes de extranjería, desde el gobierno Aznar hasta el gobierno Zapatero, no han conseguido parar el alud de sobrevenidos. Los países de la orilla norte del Mediterráneo tenemos un serio problema. Es un problema de toda Europa. Es el problema entre el desarrollo y la miseria, entre el conocimiento y la ignorancia, entre un continente con muchas leyes y otro continente sin reglas. Es una cuestión humanitaria que no se quiso resolver en los tiempos de vacas grasas y ahora que han llegado las flacas son más difíciles de afrontar. La respuesta es invertir en África en educación, sanidad, infraestructuras y demás necesidades básicas.

El peligro que representa para Europa es el brote de populismo y xenofobia. En Italia, se ha aprobado una ley en la que se obliga a los médicos que denuncien a los sin papeles que acudan a sus consultas. Es inhumano.

7.5.09

Aprender a escuchar

En su último libro, titulado “Aprender a escuchar”, el Dr. Aquilino Polaino trata un tema básico en la convivencia. Una cuestión práctica de gran interés es intentar conocer hasta qué punto sabemos escuchar. Reproducimos el cuestionario que ofrece para la evaluación de estas habilidades:


1. ¿Interrumpe lo que está haciendo y se dispone a escuchar al otro, con todos sus sentidos?
2. ¿Atiende, con cierta frecuencia, interrumpiendo lo que la otra persona dice para tratar de expresar mejor sus propias opiniones?
3. ¿Se muestra impaciente cuando en una conversación con otras personas no puede preguntar lo que quiere, hacer algún comentario a lo que dicen u opinar libremente acerca de lo que se está tratando?
4. ¿Se enfada porque no ha tenido la oportunidad de hacer el comentario brillante o irónico que se le ocurrió, a propósito de lo que otro estaba hablando?
5. ¿Introduce o impone el tema de conversación que desea, aunque eso suponga un cambio brusco respecto de lo que se estaba tratando?
6. ¿Se irrita si alguien manifiesta que usted todavía no sabe escuchar?
7. ¿Acude siempre a su experiencia para demostrar que tiene razón?
8. ¿Habla a menudo de sí mismo, de sus cosas o de lo que le ha sucedido, con tal de quedar siempre bien?
9. ¿Se empeña con tozudez y discute con los demás acerca de pequeños detalles irrelevantes?
10. ¿Se conforma cuando le llevan la contraria?
11.¿Escucha con interés, a pesar de que le parezca que el otro puede estar equivocado?
12. ¿Escucha al otro sin someter lo que dice a su propio juicio?
13. ¿Está más pendiente de las objeciones que puede hacer a quien habla que del contenido de lo que está oyendo?
14. ¿Escucha superficialmente, al mismo tiempo que continúa dando vueltas a sus preocupaciones?
15. ¿Le molesta que le interrumpan o distraigan cuando está hablando?
16. ¿Se imagina con facilidad cómo debió sentirse la persona a la que escucha, de acuerdo con el contenido de lo que está contando?
17. ¿Suele mirar a los ojos de la persona que habla, a fin de que pueda entender mejor lo que está contando?
18. ¿Renuncia con frecuencia a dar su opinión por considerar que la información de que dispone es todavía insuficiente?
19. ¿Se siente satisfecho de una reunión social en la que usted no ha hablado?
20. ¿Hace preguntas con el fin de confirmar la exactitud de lo que le ha parecido entender a quien escuchaba?
21. ¿Considera con frecuencia cómo se habría sentido usted si le hubiera sucedido lo mismo que a la persona a la que escucha?
22. ¿Trata de comprenderla como si de sí mismo se tratara?
23. ¿Hace preguntas con el fin de confirmar que quienes le escuchan le han entendido?
24. ¿Se alegra y agradece por lo que ha aprendido con sólo escuchar?

6.5.09

Relaciones prematrimoniales

Este hecho, bastante generalizado en la sociedad actual, merece una reflexión moral como la que hace certeramente Guido Cappelli, y que resumimos aquí por su valor antropológico y sus claros razonamientos.


Con esta expresión se entienden las relaciones sexuales completas entre los novios. Se trata de personas que se aman (o creen sinceramente que se aman) y que se preparan a vivir aquella comunión de vida y de amor que es el matrimonio, pero que por motivos diversos (estudios, trabajo, etc.) no están todavía en disposición de casarse. A medida que el diálogo afectivo se va y se haciendo más comprometido y orienta directamente al matrimonio, los novios aspiran a manifestaciones de amor cada vez más íntimas. Se preguntan entonces, a veces muy sinceramente, por qué no va a ser lícito para ellos la relación íntima completa, considerada como gesto expresivo de un amor auténtico ya desde ahora.

Hoy se percibe una cultura, en amplia medida permisiva, en la que las relaciones prematrimoniales no sólo no se prohíben, sino que a veces incluso se consideran necesarias como demostración de amor, para que el amor crezca y «garanticen de este modo el matrimonio. A esta cultura hay que añadir las condiciones sociológicas que parecen hacer cada vez más difícil la castidad prematrimonial. Los condicionamientos del entorno social tienden a hacer que se retrase el matrimonio por dificultades laborales y de vivienda.

La enseñanza tradicional de la moral católica, a pesar de que se rechaza en muchos ambientes, incluso a veces entre creyentes, es bien sabida: el acto conyugales lícito sólo en el estado matrimonial propio y verdadero, sancionado y hecho irreversible por el sacramento del matrimonio, y por consiguiente reconocido como tal por la Iglesia y por la sociedad civil. El Magisterio de la Iglesia lo ha recordado y confirmado también en nuestros días. Lo hizo en el Vaticano II, cuando declaró que los actos plenamente sexuales son «propios de la vida conyugal" (GS 51), y en la declaración Persona humana de la Congregación para la doctrina de la fe, donde se afirma que «todo acto genital humano tiene que desarrollarse en el marco del matrimonio" (n. 7).

Desde el punto de vista de la reflexión moral, hoy se pone de manifiesto cómo las motivaciones aducidas contra la praxis tan difundida de las relaciones prematrimoniales parecen bastante “débiles”, si se insiste solamente en las consecuencias “peligrosas”, embarazo no deseado, bloqueo de la maduración personal y fijación de la relación interpersonal en la esfera sexual, virginidad física, turbaciones psicológicas, sentimiento de culpabilidad, etc. Hay que ofrecer motivaciones que, dentro de una visión antropológica más rica y personalista, resulten más convincentes. Se trata, en definitiva, de argumentar a partir de la naturaleza misma del amor sexual y de sus auténticas exigencias. El gesto de la entrega sexual completa corresponde a una verdad y es moralmente bueno cuando expresa una plena comunión de vida en todos los niveles, ya que de lo contrario sería un signo falso (que no “significa”). Esto implica una apertura a las responsabilidades sociales, sin las cuales se reduciría a una forma de egoísmo entre dos.

En este sentido, el matrimonio no debe entenderse como un puro requisito formal o exterior como algo extrínseco al amor. El hecho de hacer público el amor a través del matrimonio es una condición que garantiza su autenticidad antropológica. El amor compromete a unas responsabilidades sociales y no es auténtico si no las asume de norma socialmente garantizada. Para el cristiano esta dimensión social del matrimonio tiene un significado particular. El matrimonio es sacramento, es decir, acontecimiento de salvación, encuentro con Cristo, que se lleva a cabo de hecho en la comunidad eclesial y a través de la mediación de la Iglesia. Pastoralmente es importante pro mover una formación de las conciencias. Contra la cultura dominante hay que contribuir eficazmente a hacer que se supere una concepción privatista de la sexualidad, a lograr que se capte el sentido global de la sexualidad, incluida su dimensión social y eclesial, y el sentido profundo de la Institución matrimonial, a procurar que se pro mueva una política en favor de la familia.

5.5.09

María en el camino

Una de las grandes metáforas sobre la vida humana es la comparación con un "camino". Ramiro Pellitero nos recuerda algunas verdades de la fe cristiana sobre esta cuestión: que lo importante es llegar a la meta y que María es la Estrella que nos guía.


Por camino suele entenderse una pista de tierra, y más en general, un espacio que se va recorriendo durante un cierto tiempo, del modo que convenga razonablemente a las condiciones (distancia, temperatura, alimentación, etc.) y a los medios disponibles, y con el impulso necesario; con una dirección concreta y dentro de unos linderos que facilitan la llegada a la meta final, mientras evitan que el caminante se pierda.
Todo camino se sitúa en diálogo con el que camina y, por tanto, en el contexto espacio-temporal de su mundo y de su historia, pues el camino se va “metiendo” dentro del caminante y se va conociendo a medida que se recorre.

Como bien saben los peregrinos, el camino es un símbolo de esa peregrinación que es la vida humana y, con más profundidad, la vida cristiana. En este sentido ningún camino está hecho de antemano: “Se hace camino al andar” (A. Machado). Y con frecuencia, siempre para los cristianos, en compañía. “No es un salto mortal en el heroísmo lo que hace santo al hombre –escribió Joseph Ratzinger en su libro Mirar a Cristo, 1989–, sino el humilde y paciente camino con Jesús, paso a paso”, y ahí, “amar junto a Él” descubriendo al divino Caminante en sus miembros más pobres y necesitados.

En septiembre de 2006 Benedicto XVI revivía en la catedral de Freising su ordenación presbiteral: “Cuando estaba yo postrado en tierra y en cierto modo envuelto por las letanías de todos los santos, por la intercesión de todos los santos, caí en la cuenta de que en este camino no estamos solos, sino que el gran ejército de los santos camina con nosotros, y los santos aún vivos, los fieles de hoy y de mañana, nos sostienen y nos acompañan”.

Caminando con Jesús, vamos también junto con los demás miembros de su Cuerpo; es decir, con todos los cristianos, y nos sentimos compañeros de camino de todas las personas del mundo, llamadas a formar parte de la familia de Dios.
“Quien emprende el camino sin Dios –ha observado el Papa en una ocasión– al final se encuentra en la oscuridad, aunque pueda haber momentos en los que parezca que se ha hallado la vida”. Por eso, “sólo caminando con el Señor, abandonándonos en la comunión de Iglesia a su apertura, no viviendo para mí –ya sea para una vida terrenal gozosa, ya sea sólo por una felicidad personal–, sino haciéndome instrumento de su paz, vivo bien y aprendo este valor ante los desafíos de cada día, siempre nuevos y graves, frecuentemente casi irrealizables. Me abandono porque tú lo quieres, y estoy seguro de que así avanzo bien. Podemos sólo rogar que el Señor nos ayude a hacer este camino cada día, para ayudar, iluminar de esta manera a los demás, motivarles para que puedan ser así liberados y redimidos”.

En ese camino nos precede y acompaña especialmente María. Ella es la tierra inmaculada que ha dado como fruto a Cristo, la figura eminente de la mujer cristiana en la que se aúnan el sentimiento y la fe, la “memoria del corazón” (comprensión e identificación, participación y fidelidad creativa) vivificada por el Espíritu Santo, en el camino de la Iglesia.

Por eso el pueblo cristiano ha querido ponerla en los caminos e invocarla como Madre que es, protectora y compañera principal, patrona de algún camino particular y en concreto del Camino de Santiago. Camino de Santiago está precisamente el santuario de la Virgen del Camino, patrona, desde 1914, de la religión leonesa. Esta devoción se remonta a una tradición de los siglos XV-XVI. La imagen que se venera allí es una “Piedad”, dolorosa sedente que sostiene sobre sus rodillas a su Hijo muerto, desclavado de la cruz. El rostro de María, adusto y sereno, está inclinado hacia Jesús. Se dice que refleja la percepción de nuestra gente: madre dolorida, casi anciana, mostrando, a los fieles que se acercan, al que lo ha dado todo por ellos y ahora yace, inclinada la cabeza y caídos los brazos. En la peana de la imagen se leen las palabras de la Escritura: “Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor” (Lm 1, 12).

“El auténtico gran ‘sí’ –ha dicho Benedicto XVI– es precisamente la Cruz,… el auténtico árbol de la vida. No alcanzamos la vida apoderándonos de ella, sino dándola. El amor es la entrega de nosotros mismos y, por este motivo, es el camino de la vida auténtica simbolizada por la Cruz”.

Por eso María es camino de redención, gracia y resurrección, porque conduce al que se autodefinió como “camino, verdad y vida”. Señala el Concilio Vaticano II que María “brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino”. “¿Quién mejor que María –se pregunta la encíclica sobre la esperanza– podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su ‘sí’ abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo?”

En efecto, sus hijos la saludan desde hace más de mil años como estrella del mar y puerta del Cielo, y le invocan apelando a su corazón: muestra que eres madre, prepáranos un camino seguro. Y la canción popular le reza: “Oh Virgen del Camino, Reina y Madre del pueblo leonés, muéstranos a Jesús vivo y glorioso, que herencia nuestra es”.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

4.5.09

Podemos darle la vuelta

Nuevo spot corporativo de Derecho a Vivir, escrito por Pablo García Ocaña y realizado por Fco. Javier Jiménez Rivero

3.5.09

"él te dominará"

“Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará” (Gn 3,16)


Si leemos esas palabras de la Biblia fuera de su contexto, con una lectura “literal-fundamentalista” tendremos que concluir que la Biblia aprueba la opresión sobre la mujer, es decir, que está en contra de la igualdad en detrimento claro del llamado “sexo débil”.

Nos parece muy clarificadora, en este sentido, la reflexión de R. Cantalamessa con la que comienza su conferencia sobre el matrimo0nio y la familia en el Congreso Teológico-Pastoral de preparación al VI Encuentro Mundial de las Familias. Ciudad de México, 14 de enero de 2009


Se sabe que el Libro del Génesis tiene dos relatos distintos de la creación de la primera pareja humana que se remontan a dos tradiciones diferentes: la yahvista (siglo X a. C.) y la más reciente (siglo VI a. C.) llamada "sacerdotal". En la tradición sacerdotal (Gn 1, 26-28) se crea simultáneamente al hombre y a la mujer, no a uno del otro; se pone en relación el ser varón y mujer con el ser a imagen de Dios: "Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó". El fin primario de la unión entre el hombre y la mujer se contempla en ser fecundos y llenar la tierra.

En la tradición yahvista (Gn 2, 18-25), la mujer es obtenida del hombre; la creación de los dos sexos se ve como remedio a la soledad ("No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda adecuada"); más que el factor procreador, se acentúa el factor unitivo ("El hombre se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne"); cada uno es libre ante la propia sexualidad y la del otro: "Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro".

En ninguna de las dos redacciones se alude a una subordinación de la mujer al hombre, antes del pecado: los dos están en un plano de absoluta igualdad, aunque la iniciativa, al menos en el relato yahvista, es del hombre. La explicación más convincente del porqué de esta "invención" divina de la distinción de sexos la he encontrado en un poeta, Paul Claudel, no en un exégeta:

"El hombre es un ser orgulloso; no había otro modo de hacerle comprender al prójimo que introduciéndolo en la carne. No había otro medio de hacerle entender la dependencia y la necesidad, más que mediante la ley de otro ser diferente [la mujer] sobre él, debida al sencillo hecho de que existe".

Abrirse al otro sexo es el primer paso para abrirse al otro, que es el prójimo, hasta el Otro con mayúscula, que es Dios. El matrimonio nace bajo el signo de la humildad; es el reconocimiento de dependencia y por lo tanto de la propia condición de criatura. Enamorarse de una mujer o de un hombre es realizar el acto más radical de humildad. Es hacerse mendigo y decirle al otro: "No me basto a mí mismo, necesito de tu ser".

Si, como pensaba Schleiermacher, la esencia de la religión consiste en el "sentimiento de dependencia" frente a Dios, entonces la sexualidad humana es la primera escuela de religión. Hasta aquí el proyecto de Dios. No se explica, sin embargo, la continuación de la Biblia si, junto al relato de la creación, no se tiene en cuenta también el de la caída, sobre todo lo que se dijo a la mujer: "Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará" (Gn 3,16). El dominio del hombre sobre la mujer forma parte del pecado del hombre, no del proyecto de Dios; con aquellas palabras Dios lo preanuncia, no lo aprueba.

2.5.09

¿contra el Papa?

JUAN MANUEL DE PRADA escribe lúcidamente, una vez más, en su artículo de ABC sobre las reprobaciones que algunos hacen al Papa


ESTO de que unos tíos que no saben hacer la o con un canuto se pongan a reprobar al Papa tiene un componente desquiciado y chusco que no lograría superar el principado de Andorra si mañana declarase la guerra a los Estados Unidos. Pero estas enormidades han adquirido carta de naturaleza en un mundo que ha perdido el sentido de la proporción; y donde los ineptos se creen con derecho a discutir con el sabio, o mejor dicho, a silenciarlo con sus chillidos. Pues para discutir son necesarias dos personas que aduzcan razones; pero cuando una aduce razones y la otra opone irracionalidad, consignas doctrinarias y aspavientos emotivos, la discusión se hace imposible y al sabio sólo le resta resignarse a que sus palabras sean tergiversadas, acalladas, anatemizadas por el guirigay de los ineptos. Benedicto XVI reclamó una humanización de la sexualidad, que consiste en liberar al hombre de la esclavitud de la promiscuidad, para combatir el mal en sus orígenes; y el Mátrix progre, en lugar de liberar al hombre de la promiscuidad sexual, lo exhorta a entregarse a ella sin recato, regalándole a cambio un condón. Que, una vez usado, deja al hombre a merced de la promiscuidad, o sea, a merced del mal que, según nos asegura, pretende combatir...

“Porque amaba a tu madre”

Estupenda reflexión del Padre Fernando Pascual en la recomendable página web de pensamiento cristiano "Church Forum" donde se puede leer el artículo completo.


El hijo pregunta a su papá: “papá, ¿por qué me has dado la vida?” El papá responde: “porque amaba a tu madre”. El ejemplo, presentado por un obispo italiano, monseñor Carlo Caffarra, pone el amor como el primer paso de la fecundidad, de la vida, en aquellas parejas que quieren vivir unidas bajo el signo de la entrega mutua. Cada nuevo hijo nace gracias a otros, depende de otros en su existencia. Esta dependencia explica las profundas relaciones que se establecen entre el hijo y sus padres.

No se trata sólo de una relación biológica, aunque esa relación sea muchas veces muy visible (“¡cómo se parece a su madre!” “¡tiene los ojos de su padre!”). Se trata de una relación mucho más profunda, una relación que se basa en el amor.

Un hombre y una mujer se aman. El amor madura, crece, llega al compromiso, al matrimonio. El amor sigue su camino. El “amaba a tu madre”, el “amaba a tu padre”, un día se convierte en la noticia: alguien ha surgido del amor, alguien empieza a vivir desde el amor. Alguien que es hijo, que es “nuestro hijo”, se introduce entre nosotros, no para separarnos, sino para unirnos de un modo mucho más profundo, más rico, más fecundo.

La pareja recibe la invitación a una nuevo etapa en su camino matrimonial. Antes el hijo era sólo una posibilidad que entraba en el proyecto del amor de los esposos. Ahora es una realidad. Ya está aquí: necesita más cuidados, más atenciones, menos humo en casa y más descanso para mamá.

Pero no basta con los consejos “médicos”. Ese hijo real, vivo, concreto, todavía escondido en el cuerpo de la madre, invita a un paso más profundo. Puede ser amado, puede ser respetado, así, como es.

Desde el amor se comprende que unos esposos acojan al hijo no como si fuese un problema, sino como a una riqueza. Eso es lo propio del amor: ver lo positivo, incluso cuando hay que apretar más los espacios en el piso o ahorrar más para pañales. Ver lo positivo también cuando el hijo no es cómo se esperaba. Cuando es niño y no niña (o al revés). Cuando es enfermo y no sano. Cuando llega en un momento no previsto, pero no por ello deja de ser una noticia que enciende una llama de esperanza.

1.5.09

Importancia de los sindicatos

Hoy, día 1 de mayo, la Iglesia celebra la festividad de "San José obrero". Desde la segunda mitad del siglo XIX la sensibilidad eclesial por la "cuestión obrera" ha ido en aumento. El año 1981 Juan Pablo II publicaba la Encíclica "Laborem exercens", con motivo del 90º aniversario de la Rerum Novarum. En ella dedicaba un capítulo a la importancia de los sindicatos, que resumimos a continuación:


Sobre la base de todos estos derechos brota aún otro: el derecho a asociarse, formando asociaciones que tengan como finalidad la defensa de los intereses vitales de los trabajadores (...) los sindicatos modernos han crecido sobre la base de la lucha de los trabajadores -ante todo de los trabajadores industriales- para la tutela de sus justos derechos frente a los empresarios y a los propietarios de los medios de producción (...) La experiencia histórica enseña que las organizaciones de este tipo son un elemento indispensable de la vida social, especialmente en las sociedades modernas industrializadas.

La doctrina social católica no considera que los sindicatos constituyan únicamente el reflejo de la estructura de "clase" de la sociedad y que sean un exponente de la lucha de clases que gobierna inevitablemente la vida social. Sí son un exponente de la lucha por la justicia social (...) Sin embargo, esta "lucha" debe ser vista como una dedicación normal "en favor" del justo bien (...) no una lucha "contra" los demás (...) El trabajo humano tiene como característica propia que une a los hombres y en esto consiste su fuerza social: la fuerza de construir una comunidad (...) A la luz de esta fundamental estructura de todo trabajo, la unión de los hombres para asegurarse los derechos que les corresponden, sigue siendo un factor constructivo del orden social y de solidaridad, del que no es posible prescindir.

Los justos esfuerzos por asegurar los derechos de los trabajadores, deben tener siempre en cuenta las limitaciones que impone la situación económica del país. Las exigencias sindicales no pueden transformarse en una especie de egoísmo de grupo o de clase, por más que puedan y deban tender a corregir todo lo que es defectuoso en el sistema de propiedad de los medios de producción (...) En este sentido la actividad de los sindicatos entra indudablemente en el campo de la política, entendida ésta como una prudente solicitud por el bien común. Pero al mismo tiempo, el cometido de los sindicatos no es "hacer política" en el sentido que se da hoy comunmente a esta expresión. Los sindicatos no tienen carácter de "partidos políticos" que luchan por el poder y no deberían ni siquiera ser sometidos a las decisiones de los partidos políticos o tener vínculos demasiado estrechos con ellos.

Actuando en favor de los justos derechos de sus miembros, los sindicatos se sirven también del método de la "huelga", es decir, del bloqueo del trabajo, como de una especie de ultimátum dirigido a los órganos competentes y sobre todo a los empresarios. Este es un método reconocido por la doctrina social católica como legítimo en las debidas condiciones y en los justos límites.