30.11.09

Aristóteles o Rousseau

Magnífico artículo de Alfonso Aguiló:


Hace casi veinticinco siglos, Aristóteles recomendaba una serie de directrices para la educación moral de los niños, pues de otro modo acabarían convirtiéndose en seres rebeldes e incivilizados. Comparaba esa educación ética con el entrenamiento físico, y explicaba que igual que nos volvemos fuertes y diestros al hacer cosas que requieren fuerza y destreza, también nos volvemos buenos al practicar acciones buenas.

Habituarse a un buen comportamiento nos hace ser buenos, y entonces estamos entonces en mejores condiciones de entender las ventajas y las razones de la bondad moral. Ese buen obrar moral sirve de entrenamiento para lograr el control sobre las inercias y malas inclinaciones de nuestra naturaleza y nos hace así seres humanos libres y capaces.

Como ha señalado Christina Hoff Sommers, estos principios morales fueron incuestionables durante siglos a través de la mayor parte de la historia de Occidente, hasta la entrada en escena del filósofo y pedagogo ilustrado Jean-Jacques Rousseau: "Cuando me imagino -escribía el pensador francés- a un niño de diez o doce años, sano, fuerte y bien desarrollado, sólo nacen en mí pensamientos agradables. Lo veo brillante, vehemente, vigoroso, despreocupado, absorto en el presente, regocijándose en su vitalidad. El único hábito que se le debería permitir adquirir es el no contraer ninguno, prepararlo para el reinado de la libertad y ejercicio de sus posibilidades...".



Rousseau consideraba la naturaleza del niño originariamente buena y libre de pecado. La educación debía proporcionar terreno donde florecer su innata buena naturaleza. La moral no debía venir de códigos externos ni ser ordenada socialmente, pues eso sería un asalto a su derecho a desarrollarse libremente. Bastaba con motivarle a poner en acción sus sentimientos generosos, para así sacar a flote su auténtica y benevolente naturaleza: "Un niño no puede jamás ser acusado de maldad, porque la mala acción depende de la mala intención y eso él no lo tendrá nunca".

 Es cierto que las ideas de Rousseau contribuyeron a humanizar la educación en una época de excesiva rigidez y dureza, pero él mismo se quedaría asombrado de la permisividad que impera en nuestros días, debida en gran parte al enorme peso que sus ideas han tenido en la pedagogía actual.



¿Quién tenía razón, Aristóteles o Rousseau? La experiencia histórica y el sentido común se inclinan a favor Aristóteles, pero es Rousseau quien domina poderosamente el pensamiento de los teóricos cuya influencia satura las modernas escuelas de educación. El progresismo educativo que heredó su pensamiento ha rehuido con frecuencia la importancia de cuestiones sencillas y fundamentales como el esfuerzo, la práctica repetida de actos buenos o la formación del carácter. El estilo ordenado y tradicional, con su exigencia continuada y su insistencia en las calificaciones, ha sido denigrado como vieja y agobiante moralidad. Celebrando la creatividad e innata bondad de los niños, se ha descuidado la responsabilidad ancestral de someterlos a disciplina, de entrenarlos en la práctica del bien y de acostumbrarlos a manejarse con responsabilidad.



Han sido muchos años de desregulación moral amparada en una lucha contra una tradición supuestamente exagerada y sermoneante. El eclipse de Aristóteles ha traído muchos problemas a nuestra época, entre los que destacan unos niveles de violencia y de fracaso escolar que nadie había imaginado. Todo parece indicar que hemos tomado demasiado en serio a quienes pensaban ahorrarnos a todos, y en especial a las nuevas generaciones, el esfuerzo diario por ser buenas personas. Recuperar ahora ese terreno perdido no es cuestión simplemente de leyes, ni de porcentajes de gasto público en educación. No es cuestión de puñetazos en la mesa, ni de añorar tiempos pasados, sino de volver a tomar en serio cosas que habíamos desdeñado un poco. Tampoco en esto se nos va a ahorrar el esfuerzo diario para rectificar poco a poco el rumbo equivocado.

28.11.09

Padre e hija

Michael Dudok De Wit nació en Holanda en 1953. En 1978 se gradúa en la universidad de arte del oeste de Surrey en Inglaterra con su primer trabajo "La entrevista". Tras trabajar un año en Barcelona se traslada a Londres donde dirigió y animo varios anuncios.

En 1992 crea su primer corto "Tom Sweep",en su segundo corto "Le moine et le poisson" (El monje y el pez).

En 1994 combina magistralmente movimiento y música para relatarnos en clave de humor la historia de un monje obsesionado en capturar un pez que se encuentra en el estanque de la abadía, para muchos es la mejor obra de Michael Dudok.

Su tercer obra "Father and daughter" (padre e hija) 2000, gano un Oscar al mejor corto.


27.11.09

En cada útero un Auschwitz

Lecciones de Historia
poema de Miguel D'Ors

La segunda mitad del siglo XX
proclamó la bandera de la paz y de la vida :
la vida de Mick Jagger,
la vida de Alí Agca, la de Charles
Manson, la de Bokassa,
la de José Rodríguez, son sagradas ;
la vida de las focas y de las sequoias
y hasta la vida de los vietnamitas
son sagradas, etcétera...

Muy bien, señores, pero
mientras el Universo se llenaba
de palomitas rosas, mientras todos ustedes
hacían el amor y no la guerra,
en cada útero un Auschwitz, un Dachau, un Stalin,
un Führer, un Vietnam, un Paracuellos,
un negro y fiero y ciego bombardeo.
Todo legal, no sufra, todo a cargo
de la Seguridad Social, naturalmente.

Cinco, veinte, sesenta millones, ochocientos
millones de personas -Dios lleva cuenta exacta-
asfixiadas, quemadas, trituradas
(con absoluta higiene y música ambiental
para que nadie diga).
Yo he escuchado sus llantos diminutos,
he visto sus milímetros de espanto,
sus deditos de leche desvalida
moviéndose en el cubo funerario.
Yo levanto estos versos como un volcán de rabia
y grito a las estrellas
que el mayor genocidio de este planeta fue
la segunda mitad del siglo XX.

26.11.09

Principios para educar correctamente

Por Tomás Melendo Granados, Catedrático de Filosofía (Metafísica), Director Académico de los Estudios Universitarios sobre la Familia, Universidad de Málaga (UMA), España.


Padre y madre son, por naturaleza, los primeros e irrenunciables educadores de su hijos. Su misión no es fácil. Está llena de contrastes en apariencia irreconciliables: han de saber comprender, pero también exigir; respetar la libertad de los chicos, pero a la vez guiarles y corregirles; ayudarles en sus tareas, pero sin sustituirlos ni evitarles el esfuerzo formativo y la satisfacción que el realizarlas lleva consigo… De ahí que los padres tengan que aprender por sí mismos a serlo… y desde muy pronto. En ningún oficio la capacitación profesional comienza cuando el aspirante alcanza puestos de relieve y tiene entre sus manos encargos de alta responsabilidad. ¿Por qué en el «oficio de padres» debería ser de otra forma? ¿Acaso porque se trata más de un arte que de una ciencia? De acuerdo; pero en ningún arte bastan la inspiración y la intuición; es menester también instruirse, formarse.

En cualquier caso, aprender este «oficio» no consiste en proveerse de un conjunto de recetas o soluciones ya dadas e inmediatamente aplicables a los problemas que van surgiendo. Tales recetas no existen. Existen, por el contrario, principios o fundamentos de la educación, que iluminan las distintas situaciones: los padres deben conocerlos muy a fondo, hasta hacerlos pensamiento de su pensamiento y vida de su vida, para con ellos encarar la práctica diaria. Teniendo esto claro, y sin demasiadas pretensiones, ofreceré un memorándum, el más accesible y concreto posible, de los principales criterios y sugerencias sobre «el arte de las artes», como ha sido llamada la educación.

1º) La primera cosa que los padres necesitan para educar es un verdadero y cabal amor a sus hijos.
Según escribe G. Courtois en "El arte de educar a los muchachos de hoy", la educación requiere, además de «un poco de ciencia y de experiencia, mucho sentido común y, sobre todo, mucho amor». Con otras palabras, es preciso dominar algunos principios pedagógicos y obrar con sentido común, pero sin suponer que baste aplicar una bonita teoría para obtener seguros resultados.

¿Por qué? Entre otros motivos, porque «cada niño es un caso» absolutamente irrepetible, distinto de todos los demás. Ningún manual es capaz de explicarnos ese «caso» concreto. Hay que aprender a modular los principios a tenor del temperamento, la edad y las circunstancias en que se encuentren los hijos. Y solo el amor permite conocer a cada uno de ellos tal como es hoy y ahora y actuar en consecuencia: aun concediendo la parte de verdad que encierra el dicho de que «el amor es ciego», resulta mucho más profundo y real sostener que es agudo y perspicaz, clarividente; y que, tratándose de personas, solo un amor auténtico nos capacita para conocerlas con hondura.

De hecho, será el amor el que enseñe a los padres a descubrir el momento más adecuado para hablar y para callar; el tiempo para jugar con los niños e interesarse por sus problemas sin someterlos a un interrogatorio y el de respetar su necesidad de estar a solas; las ocasiones en que conviene «soltar un poco de cuerda» y «no darse por enterados» frente a aquellas otras en que lo que procede es intervenir con decisión e incluso con resuelta viveza… Y, según decía, en todo este difícil arte los padres resultan insustituibles. Un matrimonio muy agobiado por su trabajo profesional buscaba en una tienda de juguetes un regalo para su niño: pedían algo que lo divirtiera, lo mantuviese tranquilo y, sobre todo, le quitara la sensación de estar solo. Una dependiente inteligente les explicó: «lo siento, pero no vendemos padres».

2º) La primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre sí.«Hacemos que no le falte de nada, estamos pendientes hasta de sus menores caprichos, y sin embargo…». Expresiones como ésta las oímos a menudo, proferidas por tantos padres que se vuelcan aparentemente sobre sus hijos —alimentos sanos, reconstituyentes, juegos, vestidos de marca, vacaciones junto al mar, diversiones, etc.—, pero se olvidan de la cosa más importante que precisan los críos: que los propios padres se amen y estén unidos.

El cariño mutuo de los padres es el que ha hecho que los hijos vengan al mundo. Y ese mismo afecto recíproco debe completar la tarea comenzada, ayudando al niño a alcanzar la plenitud y la felicidad a que se encuentra llamado. El complemento natural de la procreación, la educación, ha de estar movido por las mismas causas —el amor de los padres— que engendraron al hijo.

Desde hace ya bastantes siglos se ha dicho que, al salir del útero materno, donde el líquido amniótico lo protegía y alimentaba, el niño reclama imperiosamente otro «útero» y otro «líquido», sin los que no podría crecer y desarrollarse; a saber, los que originan el padre y la madre al quererse de veras. Por eso, cada uno de los esposos debe engrandecer la imagen del otro ante los hijos y evitar cuanto pueda hacer disminuir el cariño de éstos hacia su cónyuge. Desde que los críos son muy pequeños, además de manifestar prudente pero claramente el afecto que los une, los padres han de prestar atención a no hacerse reproches mutuos delante de ellos, a no permitir uno lo que el otro prohíbe, a evitar de plano ciertas aberrantes recomendaciones al niño: «esto no se lo digas a papá (o a mamá)», etc.

3º) Enseñar a querer
Como acabamos de ver, el principio radical de la educación es que los padres se quieran entre sí y, como fruto de ese amor, que quieran de veras a sus hijos; el fin de esa educación es que los hijos, a su vez, vayan aprendiendo a querer, a amar. Curiosamente y en compendio, educar es amar, y amar es enseñar a amar.
Según explica Rafael Tomás Caldera, «la verdadera grandeza del hombre, su perfección, por tanto, su misión o cometido, es el amor. Todo lo otro —capacidad profesional, prestigio, riqueza, vida más o menos larga, desarrollo intelectual— tiene que confluir en el amor o carece en definitiva de sentido»… e incluso, si no se encamina al amor, pudiera resultar perjudicial.

La entera tarea educativa de los padres ha de dirigirse, pues, en última instancia, a incrementar la capacidad de amar de cada hijo y a evitar cuanto lo torne más egoísta, más cerrado y pendiente de sí, menos capaz de descubrir, querer, perseguir y realizar el bien de los otros. Sólo así contribuirán eficazmente a hacerlos felices, puesto que la dicha —como muestran desde los filósofos más clásicos hasta los más certeros psiquiatras contemporáneos— no es sino el efecto no buscado de engrandecer la propia persona, de mejorar progresivamente: y esto solo se consigue amando más y mejor, dilatando las fronteras del propio corazón. (Ver texto completo)

24.11.09

El arte ayuda a vivir

Benedicto XVI habló el pasado sábado 21 de noviembre a un numeroso grupo de artistas de renombre internacional, a los que recibió en la Capilla Sixtina donde pronunció un interesante discurso.


Una función esencial de la verdadera belleza, de hecho, ya expuesta por Platón, -dijo Benedicto XVI- consiste en provocar en el hombre una saludable "sacudida", que le haga salir de sí mismo, le arranque de la resignación, de la comodidad de lo cotidiano, le haga también sufrir, como un dardo que lo hiere pero que le "despierta", abriéndole nuevamente los ojos del corazón y de la mente, poniéndole alas, empujándole hacia lo alto. La expresión de Dostoyevski que voy a citar es sin duda audaz y paradójica, pero invita a reflexionar: "La humanidad puede vivir --decía-- sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría seguir viviendo, porque no habría nada que hacer en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí". Se hizo eco de sus palabras el pintor Georges Braque: "El arte está hecho para turbar, mientras que la ciencia tranquiliza". La belleza golpea, pero por ello mueve al hombre hacia su destino último, lo pone en marcha, lo llena de nueva esperanza, le dona la valentía de vivir hasta el final el don único de la existencia. La búsqueda de la belleza de la que hablo, evidentemente, no consiste en una fuga irracional o en un mero esteticismo.

Con demasiada frecuencia, sin embargo, la belleza de la que se hace propaganda es ilusoria y falaz, superficial y cegadora hasta el aturdimiento y, en lugar de sacar a los hombres de sí y abrirles horizontes de verdadera libertad, empujándolos hacia lo alto, los encarcela en sí mismos y los hace ser todavía más esclavos, quitándoles la esperanza y la alegría. Se trata de una belleza seductora pero hipócrita, que estimula el apetito, la voluntad de poder, de poseer, de prepotencia sobre el otro y que se transforma, rápidamente, en lo contrario, asumiendo los rostros de la obscenidad, de la trasgresión o de la provocación en sí misma. La auténtica belleza, por el contrario, abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de salir hacia el otro, hacia más allá de sí mismo. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de comprender el sentido profundo de nuestro existir, el misterio del cual somos parte y del cual podemos obtener la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso cotidiano. Juan Pablo II, en la Carta a los Artistas, cita, en este contexto, este verso de un poeta polaco, Cyprian Norwid: "La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir" (n.3). Y más adelante añade: "En cuanto búsqueda de la belleza, fruto de una imaginación que va más allá de lo cotidiano, es por su naturaleza una especie de llamada al Misterio. Incluso cuando escudriña las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más desconcertantes del mal, el artista se hace de algún modo voz de la expectativa universal de redención" (n. 10). Y en la conclusión afirma: "La belleza es clave del misterio y llamada a lo trascendente" (n. 16).

23.11.09

Van Rompuy Presidente

Van Rompuy elegido como primer Presidente estable de la Unión Europea (UE). Nacido hace 62 años, padre de cuatro hijos y una vez abuelo, Van Rompuy estudió con los jesuitas y Economía y Filosofía en la Universidad de Lovaina, la universidad por antonomasia en Bélgica. Amante de los placeres sencillos (el fútbol, a poder ser del Anderlecht; la cerveza, el ciclismo, el cámping) y de los ejercicios intelectuales, el presidente electo del Consejo tiene una obra publicada —"El cristianismo, un pensamiento moderno"— y una pasión confesa por los haiku, los delicados micropoemas japoneses. Un reflejo de una personalidad sutil, dispuesta al matiz y a la contemplación antes de pasar a la acción.


Quienes le conocen mantienen que Van Rompuy dice casi sin hablar y que, pese a ello, se le entiende a la primera, que de él emana una autoritas natural. Y en todo caso, que gusta de escuchar, conocer dónde y por qué está cada cual, valorar con mesura y decidir algo que satisfaga a todos. Perfecto para el famoso “método comunitario”, que sin tanta ampulosidad puede llamarse el del “mínimo común denominador”. Espiritual hasta la médula, suele retirarse tres o cuatro veces al año a un monasterio. "La política no es todo en la vida", ha dicho en más de una ocasión. "Para mí las cuestiones sobre la vida y la muerte son más importantes que la política".

"Unidad" y "diversidad"

Para asegurar la designación de Van Rompuy -afirmaba la BBC- fue clave el apoyo de Francia y Alemania, y su reciente éxito en contener la crisis política que amenazaba con fracturar a una Bélgica dividida lingüísticamente. Con un mandato de dos años y medio (renovable una vez), ahora deberá representar a la UE en encuentros internacionales y encabezar las cumbres continentales de jefes de Estado y de gobierno. Es posible que esa función de mediador continental le consuma buena parte del tiempo.

En su primera conferencia de prensa tras ser designado, Van Rompuy buscó calmar a quienes ven los nuevos cargos del Tratado de Lisboa como una amenaza a la soberanía de los 27 Estados miembros de la UE. "Incluso cuando la unidad sigue siendo nuestro desafío, nuestra diversidad es nuestra riqueza", aseguró.

La cruz

Ramiro Pellitero reflexiona sobre este símbolo cuestionado por algunos:

Periódicamente rebrota en nuestra Europa laicista el intento de eliminar la cruz de los ámbitos públicos. Se argumenta con el derecho a la libertad religiosa, que no debería privilegiar un signo de una religión particular en los espacios que pertenecen a todos, y donde los miembros de otras religiones, o de ninguna, pueden sentirse o dicen a veces sentirse molestos. Parece que hay un interés particular en quitar el crucifijo de las escuelas, como si se temiera un “adoctrinamiento” pernicioso y subliminal de los niños y de los jóvenes.

Sin embargo la cruz está presente en la cultura europea y americana, y en otras culturas, desde hace muchos siglos. Quien quisiera arrinconarla, tendría que renunciar a todo lo que ella significa, quiera o no. Tendría que tapar y acallar tantas obras de arte y signos de cultura, que se quedaría prácticamente con nada. La cruz está no sólo en las iglesias sino también en caminos, fiestas e instituciones, expresiones linguísticas y hasta en el trasfondo del calendario por el que nos regimos: ¿qué significa contar el tiempo antes y después de Cristo? ¿Qué significa que las semanas se dividan por los “domingos”?

Por lo demás, la cruz no es el único símbolo religioso y cultural que es común encontrar en la vida civil, dependiendo de los lugares. En muchos países abundan los símbolos propios de las religiones que están en el corazón de sus culturas. Y esto es natural, porque entre religión y cultura hay una estrecha relación. Y quien pretende suprimir las manifestaciones de la religión en la cultura, acaba por imponer la dictadura de su propia religión o visión irreligiosa de la vida, que puede llegar a ser terrible como la historia reciente enseña.

¿A quién puede molestarle la cruz? A quién no conozca su significado o lo rechace por motivos ideológicos. La cruz es signo de paz y reconciliación. Su palo vertical recuerda la dimensión trascendente del hombre (que no es sólo un amasijo de moléculas, porque tiene alma); y su palo horizontal representa la dimensión terrena de la persona, que se extiende desde el centro para abarcar a todos los pueblos, razas y culturas. La cruz es signo de totalidad, plenitud y solidaridad, fuente de verdadera fortaleza, serenidad y consuelo. En nombre de la cruz se hace diariamente el bien a millones de personas en el mundo. La cruz no puede –no debe– ser esgrimida contra nada ni contra nadie; y si esto sucedió en la historia, fue por una equivocación y un olvido de Aquel que dio a la cruz su más pleno significado. Porque la cruz no la inventaron los cristianos. Pero por los cristianos ha venido a representar en nuestros días el mayor anhelo de los hombres: la unión y el perdón, los deseos de paz y reconciliación que alberga la familia humana.

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Periódicamente rebrota en nuestra Europa laicista el intento de eliminar la cruz de los ámbitos públicos. Se argumenta con el derecho a la libertad religiosa, que no debería privilegiar un signo de una religión particular en los espacios que pertenecen a todos, y donde los miembros de otras religiones, o de ninguna, pueden sentirse o dicen a veces sentirse molestos. Parece que hay un interés particular en quitar el crucifijo de las escuelas, como si se temiera un “adoctrinamiento” pernicioso y subliminal de los niños y de los jóvenes.

Sin embargo la cruz está presente en la cultura europea y americana, y en otras culturas, desde hace muchos siglos. Quien quisiera arrinconarla, tendría que renunciar a todo lo que ella significa, quiera o no. Tendría que tapar y acallar tantas obras de arte y signos de cultura, que se quedaría prácticamente con nada. La cruz está no sólo en las iglesias sino también en caminos, fiestas e instituciones, expresiones linguísticas y hasta en el trasfondo del calendario por el que nos regimos: ¿qué significa contar el tiempo antes y después de Cristo? ¿Qué significa que las semanas se dividan por los “domingos”?

Por lo demás, la cruz no es el único símbolo religioso y cultural que es común encontrar en la vida civil, dependiendo de los lugares. En muchos países abundan los símbolos propios de las religiones que están en el corazón de sus culturas. Y esto es natural, porque entre religión y cultura hay una estrecha relación. Y quien pretende suprimir las manifestaciones de la religión en la cultura, acaba por imponer la dictadura de su propia religión o visión irreligiosa de la vida, que puede llegar a ser terrible como la historia reciente enseña.

¿A quién puede molestarle la cruz? A quién no conozca su significado o lo rechace por motivos ideológicos. La cruz es signo de paz y reconciliación. Su palo vertical recuerda la dimensión trascendente del hombre (que no es sólo un amasijo de moléculas, porque tiene alma); y su palo horizontal representa la dimensión terrena de la persona, que se extiende desde el centro para abarcar a todos los pueblos, razas y culturas. La cruz es signo de totalidad, plenitud y solidaridad, fuente de verdadera fortaleza, serenidad y consuelo. En nombre de la cruz se hace diariamente el bien a millones de personas en el mundo. La cruz no puede –no debe– ser esgrimida contra nada ni contra nadie; y si esto sucedió en la historia, fue por una equivocación y un olvido de Aquel que dio a la cruz su más pleno significado. Porque la cruz no la inventaron los cristianos. Pero por los cristianos ha venido a representar en nuestros días el mayor anhelo de los hombres: la unión y el perdón, los deseos de paz y reconciliación que alberga la familia humana.

Ciertamente, para los cristianos, el crucifijo es signo de redención, esto es, de santidad, que es lo mismo que decir de la justicia que sólo Dios puede traer. Hacer “la señal de la cruz” es aceptar el orden exterior e interior querido por Dios (en la inteligencia, en la voluntad, en los sentimientos) e implorar que la bendición divina llene la vida y proteja a los hombres de los peligros que les acechan, a veces inventados por ellos mismos.

Pero este significado cristiano no se impone a nadie. Sólo se ofrece libremente. Como un signo de que el mal –la codicia y la avaricia, las injusticias y las guerras, la discriminación de los más débiles y de los pobres– no tiene la última palabra. La cruz es como una indicación de que el dolor –físico o moral– no es un absurdo: una realidad que, si no pudiera quitarse o disminuirse, pretendería legitimar la supresión de quien dice no estar dispuesto a sufrirla, en carne propia o ajena.

En último término, la cruz sugiere que la muerte puede ser fruto y consecuencia del amor (cosa que es así de hecho para muchas personas, también no cristianas). Que la muerte no es un punto final que, en el fondo, deja sin sentido la vida. Y a los desheredados de este mundo, que no han encontrado en él la justicia, la cruz les puede recordar que les queda aún la esperanza de una vida diferente, donde el amor no sea una palabra desgastada y manipulada.

Ramiro Pellitero
Instituto Superior de Ciencias Religiosas
Universidad de Navarra

20.11.09

Persona y moda

Conferencia pronunciada por María Jesús Prieto en el Corte Inglés de León el pasado 11 de noviembre 2009. Fuente (pinchar aquí para ver el texto completo): Arvo.net, 18.11.2009


El vestido, además de responder a una necesidad natural de cubrir el cuerpo, es también una manifestación de la cultura de un pueblo, a través de la moda podemos adivinar la sensibilidad de una época y su visión del hombre. Moda es el estilo más aceptado en el momento. Por ello quien ajusta su imagen a la moda garantiza una mayor aceptación social. No es un fenómeno exclusivamente femenino, el varón también sigue los dictados de la moda.

Nos vestimos, nos adornamos para los demás y elaboramos la imagen que queremos ofrecer. La imagen sirve para identificar a la persona en el primer contacto que tiene con otro. Este fenómeno se aprecia con claridad si pensamos qué ocurriría si un joven perfectamente trajeado se acerca a un grupo “heavie” con el propósito de ser aceptado en la tribu. No solo los denominados “pijos” siguen la moda; me atrevería a decir que los “punks”, los “hippies”, los “rockers” los “raperos”, los “lolailos”, los “siniestros” -una de cuyas variantes son los “góticos”- y otras tribus urbanas se someten rígidamente a las normas de una moda alternativa para ser aceptados por los de su propio grupo.

La moda es el estilo más popular, pero moda y estilo no son sinónimos. Estilo es el conjunto de características que individualizan la tendencia artística de una época. Coco Chanel dijo: “la moda pasa, el estilo es para siempre”. Podemos distinguir el estilo de los años 40, de falda ancha y chaqueta entallada a la cintura; el de los 50, con los vestidos a la rodilla y cintura de avispa y el “nuevo look” de trajes de falda y chaqueta ajustados al cuerpo, que impuso Chirstian Dior o los Chanel de falda estrecha y chaqueta con bolsillos ribeteados con cadenas; los 60 con vestidos angulares de Courréges y el triunfo de su minifalda y la, aun más corta, de Mary Quant; los 70: zapatos altos de plataforma y vestidos entallados, tejidos de lycra y trajes más claros para los hombres, moda “disco” que refleja la película “Fiebre del Sábado Noche”; los 80 es una década de exuberancia, grandes collares, pulseras, chaquetas holgadas con hombreras pronunciadas, faldas tubo, chalecos, minifaldas que convivieron con trajes de cortes perfectos para la mujer trabajadora. Los 90 redujeron los volúmenes y se ajustó la ropa al cuerpo de la mujer, los jóvenes se vistieron con pantalones grandes, deshilachados y rotos. El jean permaneció casi inmutable.

Actualmente se mezclan los estilos y se rescata la moda de épocas pasadas, es el estilo “vintage” que inauguró Julia Roberts cuando eligió para la noche de los Oscar de 2001 un vestido de la colección de alta costura de Valentino de 1992. Se trata normalmente de prendas de segunda mano que se modernizan combinándolas con las nuevas tendencias, añadiendo hebillas, botones, encajes, etc… y logrando un look nuevo.

Para entender la importancia del vestido más allá de la necesidad de abrigo hay que detenerse en ¿qué es el hombre?. Es evidente que el hombre no es solo el cuerpo. No vamos a profundizar ahora en el concepto de persona, nos basta observar al hombre, sus actos para descubrir que hay en él algo real, distinto e irreductible al cuerpo y a la psique, algo que pertenece al ámbito espiritual y que convierte a cada uno en un ser distinto a los demás, único e irrepetible. Pero esta realidad espiritual, a la que denominamos persona, no está disociada del cuerpo, sino que constituye con él una unidad sustancial, somos persona corpórea o, si lo preferís, cuerpo personal. No es que tengamos cuerpo, somos cuerpo. Esa persona única e irrepetible se expresa necesariamente a través del cuerpo que "es".

Lo que caracteriza a la persona es la necesidad de relacionarse, de vincularse con otras personas porque en el espejo que representa el otro, la persona descubre sus semejanzas y diferencias, se descubre única, distinta. Si el hombre no se relaciona y se observa solo a sí mismo se convierte en el Narciso de “Las Metamorfosis” (P. Ovidio Nasón) que enamorado de su belleza solo se contemplaba a sí mismo y perdió su condición humana para convertirse en flor. Sólo hay un sentimiento que satisface la necesidad del hombre de unirse con el mundo sin perder su integridad ni su individualidad; este sentimiento es el amor, no me refiero ahora al amor sexual sino a la aceptación del otro.

Descubrir que somos personas es descubrir que tenemos intimidad, que somos mucho más de lo que conocemos de nosotros mismos, nuestro “yo”-el concepto que nos hemos formado de nosotros- es solo la puerta a nuestra intimidad, que es irrestricta, está llamada a crecer sin límites. Esa persona que somos al mostrarse a los demás debe hacerlo de manera que respete su intimidad y la del otro; es aquí donde surge la necesidad del pudor.

18.11.09

¡Cómo frena la "fragoneta"!

Los hay exhibicionistas...

17.11.09

lucha contra el hambre

Líderes como Lula o Bachelet consideran que la crisis ha hecho invisible el problema de la desnutrición. Nos informa La Vanguardia:


La Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria, organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se ha iniciado en Roma con un clamor de los líderes de países en vías de desarrollo para implicar a los países ricos en la lucha contra el hambre. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno, adelantó el domingo que la declaración que adoptará hoy la reunión "prevé reducir a la mitad en 2015 el número de las personas que pasan hambre en el mundo".

Así, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que el hambre parece ser invisible para muchos Gobiernos, que, con menos de la mitad de sus ayudas contra la crisis financiera, podrían solucionar este problema. En la misma línea, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pidió que las medidas implementadas para luchar contra la crisis económica sean también aplicadas para afrontar la erradicación del hambre. Por su parte, el líder libio, Muamar al Gadafi, denunció la falta de esfuerzos y voluntad que demuestran los países ricos.

Previamente, el director general de la FAO, Jacques Diouf, exhortó a los países desarrollados a cumplir sus promesas de ayuda para erradicar el hambre y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lamentó que el "ayuno" sea una realidad cotidiana para muchas personas en el planeta. También el Papa Benedicto XVI denunció el riesgo de que el hambre llegue a ser considerado como parte de la realidad de los países más pobres y afirmó que no se puede continuar aceptando la opulencia y el derroche "cuando el drama del hambre es cada vez mayor".

En la primera jornada de la cumbre, que se celebra hasta el miércoles en la sede de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Ban explicó que él mismo se sumó a la propuesta del director general de la FAO, Jacques Diouf, de hacer un ayuno solidario en señal de protesta contra el hambre. "Yo ayuné ayer y no ha sido fácil, pero para muchas personas ayunar es una realidad cotidiana", comentó el secretario general de la ONU, quien basó su discurso de apertura en la relación entre el cambio climático y el hambre en el mundo.

Diouf lanzó una llamada de atención a los países ricos y puso el ejemplo de la última cumbre del G8 en L'Aquila (centro de Italia) donde se prometieron fondos que aún no han llegado. "La cumbre del G8 fue muy positiva debido a la atención que los países grandes dirigieron al desarrollo de los pequeños agricultores en los países en vías de desarrollo, pero los 20.000 millones de dólares de fondos prometidos aún tienen que materializarse".

"El hambre es el signo más cruel y concreto de la pobreza", dijo Benedicto XVI, que garantizó la ayuda de la Iglesia Católica a las instituciones internacionales para su eliminación. Afirmó que no se puede olvidar que entre los derechos fundamentales de la persona están el derecho a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua, "que se unen al derecho primario a la vida".

16.11.09

Soy un berlinés

El 11 de junio de 1963 John F. Kennedy pronunció un discurso ante el Muro de Berlín que hizo historia. Estas fueron sus palabras:


Dos mil años hace que se hiciera alarde de que se era “Civis Romanus sum”. Hoy en el mundo de la libertad se hace alarde de que “Ich bin ein Berliner”. Hay mucha gente en el mundo que realmente no comprende o dice que no lo comprende cuál es la gran diferencia entre el mundo libre y el mundo comunista. Decidles que vengan a Berlín.

Hay algunos que dicen que el comunismo es el movimiento del futuro. Decidles que vengan a Berlín.

Hay algunos que dicen en Europa y en otras partes “nosotros podemos trabajar con los comunistas”. Decidles que vengan a Berlín.

Y hay algunos pocos que dicen que es verdad que el comunismo es un sistema diabólico pero que permite un progreso económico. Decidles que vengan a Berlín.

La libertad tiene muchas dificultades y la democracia no es perfecta. Pero nosotros no tenernos que poner un muro para mantener a nuestro pueblo, para prevenir que ellos nos dejen. Quiero decir en nombre de mis ciudadanos que viven a muchas millas de distancia en el otro lado del Atlántico, que a pesar de esta distancia de vosotros, ellos están orgullosos de lo que han hecho por vosotros, desde una distancia en la historia en los últimos 18 años.

No conozco una ciudad, ningún pueblo que haya sido asediado por dieciocho años y que vive con la vitalidad y la fuerza y la esperanza y la determinación de la ciudad de Berlín Occidental.

Mientras el muro es la más obvia y viva demostración del fracaso del sistema comunista, todo el mundo puede ver que no tenemos ninguna satisfacción en ello, para nosotros, como ha dicho el Alcalde, es una ofensa no solo contra la historia, sino también una ofensa contra la humanidad, separando familias, dividiendo maridos y esposas y hermanos y hermanas y dividiendo a la gente que quiere vivir unida.

¿Cuál es la verdad de esta ciudad de Alemania? La paz real en Europa nunca puede estar asegurada mientras a un alemán de cada cuatro se le niega el elemental derecho de ser un hombre libre, y que pueda elegir un camino libre.

En dieciocho años de paz y buena confianza esta generación de alemanes ha percibido el derecho a ser libre, incluyendo el derecho a la unión de sus familias, a la unión de su nación en paz y buena voluntad con todos los pueblos.

Vosotros vivís en una defendida isla de libertad, pero vuestra vida es parte de lo más importante. Permitirme preguntaros a vosotros como yo concluyo, elevando vuestros ojos por encima de los peligros de hoy y las esperanzas de mañana, más allá de la libertad meramente de esta ciudad de Berlín y todos los pueblos de Alemania avanzan hacia la libertad, más allá del muro al día de la paz con justicia, más allá de vosotros o nosotros de toda la humanidad.

La libertad es indivisible y cuando un hombre es esclavizado ¿quién está libre? Cuando todos son libres, ellos pueden mirar a ese día, cuando esta ciudad está reunida y este país y este gran continente de Europa esté en paz y esperanza. Cuando ese día finalmente llegue y la gente del Berlín Occidental pueda tener una moderada satisfacción en el hecho de que ellos están en la línea del frente casi dos décadas.

Todos los hombres libres, dondequiera que ellos vivan, son ciudadanos de Berlín. Y por lo tanto, como hombres libres, yo con orgullo digo estas palabras “Ich bin ein Berliner”.

Berlín
11 de junio de 1963

15.11.09

¿Quién derribó el muro?

Ronald Manuel Rivera nos envía este comentario sobre la caída del Muro de Berlín:
«¡No volveremos al pasado! Iremos hacia el futuro»
Juan Pablo II


No deja de ser curioso que sólo la Secretaria de Estado norteamericana, Hilary Clinton, evocara la figura de Juan Pablo II en los fastos celebrados en la capital alemana con motivo del 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín. Tampoco es nuevo que se origine un debate sobre quién fue el protagonista o impulsor primigenio de un acontecimiento de especial relevancia. Cada cual tiene su visión, que suele ser parcial, interesada e incompleta. Generalmente, los hitos históricos dependen más de una combinación de factores que de una sola persona. Pero en el caso de la caída del Muro de Berlín las consecuencias fueron de tal índole que con razón se ha dicho que aquel día cambio el mundo. Con la desaparición del llamado «Muro de la Vergüenza» acabó la bipolaridad de la Guerra Fría, la amenaza del empleo de las armas nucleares por parte de las dos superpotencias que se dividían el mundo (Estados Unidos y la Unión Soviética) y el desencadenamiento de una nueva guerra mundial.

Demasiadas cosas como para no buscar la causa que produjeron su final. Figuras tan destacadas como Lech Walesa no dudan en atribuir al Papa polaco el mérito principal de la caída del Muro. No está de acuerdo en que el factotum fuera el ex presidente soviético, Mijail Gobachov. Según el histórico líder de Solidaridad, Gorbachov nunca quiso derribar el comunismo ni el Muro de Berlín. Y ha ido más lejos en sus opiniones: «Si se presentan las cosas de esa manera, quiere decir que se edifica Europa en base a una mentira, y eso me aterroriza».

En esa misma línea apuntan varios analistas internacionales. Gorbachov introdujo cambios importantes en el Kremlin pero su máxima aspiración era la reestructuración del sistema, la famosa «perestroika»: lavarle la cara al régimen, ofrecer el «rostro humano» de un comunismo actualizado y lo más importante: abandonar el empleo de la fuerza tanto en la Unión Soviética como en los países satélites de Moscú.

El contexto era, más o menos, el siguiente: En la Guerra Fría, el equilibrio del terror era caro (también para EEUU). El aplastamientos en Hungría, la «primavera de Praga», la crisis de los misiles, Vietnam, Afganistán… costaban enormes cantidades de dinero en material militar. Después de unos años de aciertos en la gestión económica, la Unión Soviética entró en barrena Había rublos (o las monedas en curso en los países sometidos al yugo soviético) que circulaban con alegría pero no había cosas que comprar. Al final, el dinero es lo que echa a la gente a la calle. En la RDA (República Democrática Alemana) se llevaron a cabo varias manifestaciones, una de ellas especialmente multitudinaria poco antes de la caída del Muro.

A pesar del contexto tan negativo, los grandes cambios no se habrían producido si hubiera faltado la espoleta que despertara del sueño a pueblos tan somnolientos como los del Este, con 70 años a sus espaldas en que el Estado suplantaba a la persona «desde la cuna hasta la tumba». Rusia, en concreto, no había conocido nunca la libertad. Ahí entra. en el teatro de operaciones, la fuerza de la fe de Juan Pablo II, con su primera visita a Polonia (1979).

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No deja de ser curioso que sólo la Secretaria de Estado norteamericana, Hilary Clinton, evocara la figura de Juan Pablo II en los fastos celebrados en la capital alemana con motivo del 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín. Tampoco es nuevo que se origine un debate sobre quién fue el protagonista o impulsor primigenio de un acontecimiento de especial relevancia. Cada cual tiene su visión, que suele ser parcial, interesada e incompleta. Generalmente, los hitos históricos dependen más de una combinación de factores que de una sola persona. Pero en el caso de la caída del Muro de Berlín las consecuencias fueron de tal índole que con razón se ha dicho que aquel día cambio el mundo. Con la desaparición del llamado «Muro de la Vergüenza» acabó la bipolaridad de la Guerra Fría, la amenaza del empleo de las armas nucleares por parte de las dos superpotencias que se dividían el mundo (Estados Unidos y la Unión Soviética) y el desencadenamiento de una nueva guerra mundial.

Demasiadas cosas como para no buscar la causa que produjeron su final. Figuras tan destacadas como Lech Walesa no dudan en atribuir al Papa polaco el mérito principal de la caída del Muro. No está de acuerdo en que el factotum fuera el ex presidente soviético, Mijail Gobachov. Según el histórico líder de Solidaridad, Gorbachov nunca quiso derribar el comunismo ni el Muro de Berlín. Y ha ido más lejos en sus opiniones: «Si se presentan las cosas de esa manera, quiere decir que se edifica Europa en base a una mentira, y eso me aterroriza».

En esa misma línea apuntan varios analistas internacionales. Gorbachov introdujo cambios importantes en el Kremlin pero su máxima aspiración era la reestructuración del sistema, la famosa «perestroika»: lavarle la cara al régimen, ofrecer el «rostro humano» de un comunismo actualizado y lo más importante: abandonar el empleo de la fuerza tanto en la Unión Soviética como en los países satélites de Moscú.

El contexto era, más o menos, el siguiente: En la Guerra Fría, el equilibrio del terror era caro (también para EEUU). El aplastamientos en Hungría, la «primavera de Praga», la crisis de los misiles, Vietnam, Afganistán… costaban enormes cantidades de dinero en material militar. Después de unos años de aciertos en la gestión económica, la Unión Soviética entró en barrena Había rublos (o las monedas en curso en los países sometidos al yugo soviético) que circulaban con alegría pero no había cosas que comprar. Al final, el dinero es lo que echa a la gente a la calle. En la RDA (República Democrática Alemana) se llevaron a cabo varias manifestaciones, una de ellas especialmente multitudinaria poco antes de la caída del Muro.

A pesar del contexto tan negativo, los grandes cambios no se habrían producido si hubiera faltado la espoleta que despertara del sueño a pueblos tan somnolientos como los del Este, con 70 años a sus espaldas en que el Estado suplantaba a la persona «desde la cuna hasta la tumba». Rusia, en concreto, no había conocido nunca la libertad. Ahí entra. en el teatro de operaciones, la fuerza de la fe de Juan Pablo II, con su primera visita a Polonia (1979).

Los periodistas españoles que cubrimos la noticia estábamos persuadidos de que el viaje era extraordinariamente difícil. Polonia seguía entonces en la órbita de Moscú. Hubo forcejeo entre el Vaticano y Varsovia sobre cuestiones del itinerario. Varsovia exigió que el Papa no fuera más allá del Vístula y que no viajara a Silesia. Las autoridades comunistas querían que el Papa «contaminara» lo menos posible el sistema, que fuera un viaje más sentimental que pastoral. Intento condenado al fracaso por la personalidad de Juan Pablo II y su conocimiento profundo del alma polaca. Diría lo que tenía que decir y no sería causante de disturbios ni de algaradas. Su «revolución» tenía un propósito tan firme y pacífico como el del Evangelio.

El actual arzobispo de Cracovia, cardenal Stanislaw Dziwisz, que fue secretario del Papa durante más de treinta años, está convencido de que fue en aquella visita donde empezó a derrumbarse el Muro de Berlin. En la entrevista que concedió meses atrás a una agencia polaca, el cardenal Dziwisz dijo: «Todo empezó aquellos días». Y explicó que Juan Pablo II «siempre rechazó la doctrina del “compromiso histórico”, según el cual Occidente e incluso la Iglesia habrían debido considerar al marxismo como un elemento decisivo del desarrollo de la historia. (…) Con la misma determinación, Juan Pablo II se opuso a los intentos de incluir el análisis marxista en la doctrina social de la Iglesia, en el ámbito de la teología de la liberación. Para él, el desarrollo de la humanidad pasaba por la posibilidad de elegir y por los derechos humanos. (…) El discurso de Gniezno marcó el inicio de la caída del telón de acero que entonces dividía Europa. ¡La caída del Muro empezó allí, no en Berlín».

El Papa polaco, en efecto, empezó a derribar el Muro de Berlín el 3 de junio de 1979 (con diez años de anticipación) en una homilía vibrante y netamente evangélica pronunciada en el curso de una Misa que celebró en Gniezno. La homilía acabó con estas proféticas palabras: «¡No volveremos al pasado! Iremos hacia el futuro».

13.11.09

Democracia y totalitarismo

El Cardenal español Julián Herranz publicaba este artículo en en L'Osservatore Romano al recibir el Premio Bonifacio VIII:


Permitidme que tome como punto de partida un problema que afecta a la teología política y hoy es muy actual en Italia y en otros países: la crisis de la justicia en el ordenamiento jurídico civil en relación al orden de los valores espirituales. Se trata de una crisis que parece que se está verificando no sólo por los frecuentes conflictos de competencia e invasiones de campo entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, sino también, y quizá prioritariamente, por el divorcio que progresivamente se ha instaurado entre la moral y el Derecho positivo.
No hay duda de que el fenómeno más positivo de la ciencia jurídica moderna y de las legislaciones democráticas elaboradas después de los regímenes totalitarios del siglo pasado ha sido el desarrollo doctrinal y normativo de los derechos fundamentales, lo que ha contribuido a poner en el centro de la realidad jurídica a su verdadero protagonista, que no es el Estado sino al hombre, con su inalienable dignidad y libertad. Pero es un hecho paradójico que, desde la segunda mitad del siglo pasado, está prevaleciendo el principio jurídico-positivo, fruto del relativismo moral, según el cual, en una sociedad democrática la racionalidad de las leyes sola y únicamente dependería de aquello que la mayoría de los votos decida que sea establecido. Estamos así, frente a la que ha sido justamente llamada una deriva totalitaria de la democracia. Son sistemas democráticos en los que -como en los tiempos del absolutismo monárquico- se pretende atribuir al legislador, es decir, al pueblo soberano representado en los Parlamentos, un poder ilimitado, absoluto: una potestad capaz de limitar los derechos inherentes e inalienables enunciados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y de inventarse nuevos derechos, propugnados por confusas ideologías libertarias. Con razón, hablando en 1993 al mundo académico de Lituania, una nación que apenas acababa de salir de la dictadura comunista, advertía Juan Pablo II de que «el riesgo de los regímenes democráticos es desembocar en un sistema de reglas que no estén suficientemente sustentadas en los valores irrenunciables, fundados sobre la esencia del hombre, que deben estar en la base de cada convivencia, y del que ninguna mayoría puede renegar sin provocar consecuencias funestas para el hombre y la sociedad. (...) Totalitarismo de signos opuestos y democracias enfermas han devastado la historia de nuestro siglo».

Desgraciadamente, es un hecho que en los dos casos -totalitarismos del pasado y democracias enfermas del presente- la racionalidad de las leyes no ha quedado ya vinculada a la correspondencia de la norma con la naturaleza humana, con la verdad objetiva sobre la dignidad del hombre, con los valores morales objetivos y permanentes que el Derecho debería defender y tutelar, para poder ordenar rectamente los comportamientos sociales, proteger las instituciones fundamentales y evitar el desarrollo progresivo de una sociedad salvaje.

Pero no podemos tener una visión negativa o pesimista del futuro. Es necesario reaccionar recurriendo a la razón y a la fe. Es la hora de la inteligencia libre y serena. Es necesario recuperar el auténtico concepto de libertad personal, que no puede ser separado de la verdad objetiva. Es necesario anteponer a la justicia la verdad; la verdad del hombre y de la mujer, la verdad sobre el inicio y sobre el valor de la vida humana, la verdad sobre el único posible concepto de tolerancia y orden, la verdad sobre el mismo concepto de ley, que debe siempre tutelar el bien común de la sociedad, y no los presuntos derechos personales o de un grupo de carácter arbitrario o superfluo. En una palabra, la verdad sobre la dignidad de la persona y de sus derechos fundamentales e instituciones naturales, que preceden a la lógica de cualquier ordenamiento jurídico positivo y de cualquier poder político.

12.11.09

El Evangelio en la cultura digital

Benedicto XVI ha aclaró el pasado 29 de octubre el gran malentendido que se da en ambientes eclesiales, que conciben los medios de comunicación como simples "medios", olvidando que hoy han conformado la cultura. Por este motivo, ha invitado a integrar el Evangelio en esta "nueva cultura" "creada por la comunicación moderna" para poder transformar el "continente digital" con "la única Palabra que puede salvar al hombre".


Esta fue la conclusión a la que llegó al recibir en audiencia a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, a quienes dirigió un discurso en el que reflexionó en un pasaje del magisterio de Juan Pablo II considerado por los expertos como una de las cumbres de la reflexión cristiana sobre la comunicación.

Esta propuesta fue presentada por el Papa Karol Wojtyla en la encíclica "Redemptoris missio" (7 de diciembre de 1990) en la que afirmaba que "el trabajo en estos medios no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho más profundo, porque la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo".

Y añadía en el número 37: "No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta 'nueva cultura' creada por la comunicación moderna".

Según aclaró Benedicto XVI, "la cultura moderna surge, antes aún que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos sicológicos".

"Todo esto constituye un desafío para la Iglesia --según el Papa--, llamada a anunciar el Evangelio a los hombres del tercer milenio, manteniendo inalterado el contenido, pero haciéndolo comprensible gracias también a instrumentos y medios armoniosos con la mentalidad y las culturas de hoy". Por este motivo, el Papa hizo un llamamiento a quienes en la Iglesia trabajan en el ámbito de la comunicación y tienen responsabilidades de guía pastoral "a acoger los desafíos que plantean a la evangelización estas nuevas tecnologías".

El arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, tras la audiencia confirmó a ZENIT la importancia de esta reflexión ulterior de Benedicto XVI sobre el panorama que abrió Juan Pablo II, pues constituye el nuevo contexto en el que la Iglesia está llamada a evangelizar.

Este es el motivo, como confesó en la audiencia el mismo Papa, que le ha llevado a dedicar el Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año al tema"Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo, de amistad".

Ese documento, añadió, pretendía alentar "a los responsables de los procesos comunicativos a todos los niveles, a promover una cultura del respeto por la dignidad y el valor de la persona, un diálogo arraigado en la búsqueda sincera de la verdad, de la amistad que no es fin en sí misma, sino capaz de desarrollar los dones de cada uno para ponerles al servicio de la comunidad humana".

11.11.09

Einstein contra el ateísmo

El genial físico y matemático reconocía su fascinación por "la figura luminosa del Nazareno" y criticaba el fanatismo de ciertos ateos. La web forumlibertas.com publica este artículo digno de ser difundido:


El siglo XXI ha empezado con una moda literaria: los libros groseros de ateos arrogantes. Cuanto más groseros son y más tonterías históricas acumulan, más libros venden. En estos libros, la religión –especialmente la cristiana- es culpable del SIDA, la pobreza, la estupidez, el nazismo, el terrorismo mundial, el fracaso de tu matrimonio y que tus tostadas salgan siempre quemadas.

Michel Onfray en Francia con su Tratado de Ateología, Sam Harris con Carta a una nación cristiana, el biólogo Richard Dawkins con El Espejismo de Dios (The God Delusion), Steven Weinberg, Daniel Dennett... En España se ha apuntado al mini-boom del género Fernando Savater con un libro rutinario, poco pensado y menos trabajado, con el que sacarse un dinerito extra atizándole a la fe.

Grandes mentes

La fe cristiana, o al menos la deísta, puede que sea verdadera. O puede que no. Que muchos hombres inteligentes hayan militado a favor o en contra del deísmo puede hacer pensar en nuestra capacidad de buscar la verdad usando la inteligencia.

“¿Si el cristianismo es tan razonable por qué Celso, Plotino, Hobbes, Maquiavelo, Voltaire, Rousseau, Goethe, Melville, Jefferson, Shaw, Russell, Franklin, Sartre, Camus, Nietzsche, Marx, Freud y Skinner lo rechazaron?”, pregunta el "Handbook of Christian Apologetics" de Peter Kreeft y Ronald K. Tacelli.

Dejando aparte que parece que Voltaire sí murió católico y reconciliado y que Camus en sus últimos años redescubrió la fe cristiana, una respuesta rápida –aunque un poco anglocéntrica- puede ser que “el listado de no creyentes es fácil de superar con Pablo, Juan, Agustín, Tomás de Aquino, Anselmo, Buenaventura, Scoto, Lutero, Calvino, Descartes, Pascal, Leibniz, Berkeley, Galileo, Copérnico, Kepler, Newton, Newman, Lincoln, Pasteur, Kierkegaard, Shakespeare, Dante, Chesterton, Lewis, Solzhenitsin, Tolstoy, Dostoyevsky, Tolkien, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, T.S. Eliot, Dickens, Milton, Spenser y Bach, por no mencionar un tal Jesús de Nazaret”.

Y continua el manual de Kreeft y Tacelli:

“las mentes brillantes a menudo rechazan el cristianismo porque no quieren que sea verdad, porque no está de moda o simplemente porque el cristianismo pide obediencia, arrepentimiento y humildad”.

Einstein y los ateos

Es curioso que en ninguna de estas listas de mentes brillantes salga el genial físico y matemático Albert Einstein. Y es que Einstein era deísta. Creía en un Dios que daba orden y armonía al Universo. Siempre rechazó ser ateo, incluso rechazó ser panteísta. Dios no estaba en el Universo, sino detrás del Universo. Sin embargo nunca aceptó que fuese un Ser Personal. Y mucho menos que interviniese alterando las leyes naturales. Einstein no creía que Dios tuviese libre voluntad, pero es que tampoco creía que los hombres la tuviesen.

En EEUU se acaba de publicar una nueva biografía de Einstein a cargo de Walter Isaacson, que además ha publicado algunas líneas en TIME (www.time.com) sobre la fe de Einstein.

“A lo largo de su vida, Einstein fue constante al rechazar la acusación de ser ateo. ‘Hay gente que dice que no hay Dios, pero lo que realmente me enfada es que me citan para apoyar su punto de vista’, dijo a un amigo.

Al contrario que Sigmund Freud o Bertrand Russell o George Bernard Shaw, Einstein nunca sintió la necesidad de denigrar a los que creían en Dios. Al contrario, tendía a denigrar a los ateos: ‘lo que me separa de la mayoría de esos que se llaman ateos es un sentimiento de radical humildad hacia los secretos inalcanzables de la armonía del cosmos’, explicaba.

‘Los ateos fanáticos’, escribió en una carta, ‘son como esclavos que aún sienten el peso de las cadenas que arrojaron tras un duro esfuerzo. Son criaturas que en su pleito contra la religión tradicional como opio de las masas, no pueden escuchar la música de las esferas”.

Otra de las cosas que distinguen a Einstein de los ateos modernos y groseros es que reconoce los logros históricos de la Iglesia, especialmente los que vivió en carne propia. Así, el 23 de diciembre de 1940 declaraba en la revista TIME sobre la facilidad con que Alemania adoptó la cultura nazi:

"Cuando tuvo lugar la revolución en Alemania, miré con confianza a las universidades, pues sabía que siempre se habían enorgullecido de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron amordazadas. Entonces confié en los grandes editores de los diarios que proclamaban su amor por la libertad. Pero, al igual que las universidades, también ellos tuvieron que callar, sofocados en pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció firme, en pie, para cerrar el camino a las campañas de Hitler que pretendían suprimir la verdad. Antes nunca había experimentado un interés particular por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque la Iglesia fue la única que tuvo la valentía y la constancia para defender la verdad intelectual de la libertad moral."

10.11.09

Como si no hubiera Dios

Juan Pablo II describía así la situación del mundo actual en la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "CHRISTIFIDELES LAICI" 34:


Países y naciones enteras, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateismo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida «como si no hubiera Dios».

Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateismo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y ceremoniales— tiende a ser arrancada de cuajo de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. De ahí proviene el afianzarse de interrogantes y de grandes enigmas, que, al quedar sin respuesta, exponen al hombre contemporáneo a inconsolables decepciones, o a la tentación de suprimir la misma vida humana que plantea esos problemas.

En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad.

8.11.09

el monje y el pez

Me ha llamado la atención la obra del cineasta holandés, realizador de cortos de animación, Michaël Dudok de Wit, del que reconozco conocía poco, pero que tiene ya un gran prestigio (nominaciones y un oscar incluidos).

"The Monk and the Fish" by Michael Dudok de Wit:

6.11.09

Ayuda a los inmigrantes

Interesante artículo de Enric González en El País sobre la negativa de ayudas del Ayuntamiento de Barcelona a Braval, una iniciativa del Opus Dei en el barrio de El Raval para integrar a niños y jóvenes españoles y extranjeros:


En Braval, una de las entidades asistenciales del barrio, se ocupan de la integración de niños y jóvenes españoles y extranjeros. Por explicarlo rápido, les atraen con deportes y actividades extraescolares, les enseñan a convivir e intentan que, ya puestos en ello, estudien. Braval es del Opus Dei, lo cual puede suscitar cierto recelo a según quien. El Ayuntamiento de Barcelona les ha denegado este año la subvención porque sólo trabajan con chicos (tienen otra cosa para chicas y mujeres jóvenes, llamada Terral), y eso no se aviene, al parecer, con las directrices municipales sobre integración sexual.

Tampoco es que la subvención recibida en años anteriores fuera para tirar cohetes. En 2008 ascendió a unos 3.000 euros. Teniendo en cuenta que Braval paga unos 8.000 euros anuales en concepto de alquiler de equipamientos deportivos municipales, sólo significa que el Ayuntamiento hará aún más negocio en el presente ejercicio.


Vale la pena visitar las instalaciones de Braval, fundada en 2002 en la calle de la Cera, para ver el Raval desde abajo, desde el punto de vista de los niños. Tiene sus símbolos cristianos, su capilla y su placa dedicada a Escrivá de Balaguer, pero el barullo (las idas y venidas de los chavales, la limpieza de las camisetas deportivas, la manutención de los ordenadores) y la mezcla (chicos procedentes de 30 países, con 10 idiomas distintos y nueve religiones, sin contar con los no religiosos) generan un cierto ecumenismo. En cualquier caso, el objetivo de Braval no consiste en salvar almas, sino en resolver urgencias muy concretas y materiales. Su director, Pep Masabeu, un tipo tremendamente pesado cuando se trata de conseguir cosas para sus chavales (casi 250 este ejercicio), es pedagogo. ¿Sus máximos orgullos? Que seis de sus críos hayan llegado ya a la Universidad, que una cincuentena hayan encontrado trabajo regular, que varios de ellos se hayan convertido a su vez en voluntarios para ayudar a los que están llegando.

En el Bronx neoyorquino existe un centro similar, el Cretona, también del Opus. Lo visité hace unos años. Pregunté a un voluntario (numerario del Opus Dei) si los chicos, de entre 10 y 18 años, tenían que ir a misa. "¿Misa? Mi trabajo consiste ahora mismo en evitar que ese cabronazo de ahí (y señaló con una sonrisa a un chavalín que tendría 11 o 12) acabe robando en las iglesias pistola en mano, e intentaré que estudie y se imponga un mínimo de autodisciplina; a partir de ahí, él sabrá". La idea viene a ser ésa.

La imperfección, al desnudo

La actitud contemporánea ante la imagen del cuerpo humano pone de manifiesto una curiosa paradoja: en el mundo real estamos obsesionados por la búsqueda del cuerpo 10, el pánico a lo imperfecto, la eterna juventud, la belleza corporal, aunque sea al precio de la cirugía estética; mientras, en el mundo del arte se compite para ver quién muestra el cuerpo humano de forma más degradada o repulsiva. María Molina es Directora de la Galería ArteVeintiuno. Nos lo cuenta en Aceprensa (24-10-09)


Uno se pregunta por qué buena parte del arte contemporáneo da una visión tan degradada del cuerpo humano, con un posicionamiento “maldito” anti-yo, en contraste con la obsesión social por la búsqueda de la perfección corporal. Si al ver el arte de otras épocas creemos detectar cuál era el ideal de belleza corporal del momento, en el caso actual resultaría totalmente equívoco. Calvo Serraller, en Los géneros de la pintura, advierte que la concepción del desnudo en el arte contemporáneo refleja sobre todo “la idea de la imperfección, de la antielección, el antiideal”, la vida como es.

Un icono como el recién fallecido Michael Jackson nos mostró su mejor música, francamente genial, y su aspecto físico transformado, una renuncia a su color de piel y a sus rasgos de raza, en búsqueda de una perfección corporal imaginada en el País de Neverland.

Un género artístico polémico
Nuestro amor por la belleza, según el crítico Kennedy Fraser, “tiene algo de desesperado, heroico, humano”. Amamos nuestra imagen y la reflejamos en el arte. Aceptada la perfección y la belleza de la forma humana, los artistas se apoderan de ella para describirla y explicarla.

Existe la creencia de que el cuerpo humano desnudo es en sí un objeto en el que la vista se detiene con agrado y que nos complace ver representado. Desde la época clásica el cuerpo humano ha constituido una materia prima que ha suscitado el interés de todas las disciplinas –pintura, escultura y hoy también fotografía–, pero las trabas para representarlo han sido innumerables. El desnudo tal vez sea el género más polémico de la Historia del Arte.

El crítico Kenneth Clark afirma: “un desnudo es una forma de arte inventada por los griegos en el siglo V (a.C.), del mismo modo que la ópera es una forma de arte inventada en Italia en el siglo XVII. El desnudo no es un tema de Arte sino una forma de Arte” (El desnudo, Alianza, Madrid, 2002, p.34).

Tanto por las constantes prohibiciones como por la atracción que ejercen los cuerpos desnudos, resulta un tema artístico sumamente interesante. En la segunda década del siglo XX, cuando las costumbres se vuelven aparentemente más naturales y la mentalidad más abierta, la fotografía se beneficia de los influjos de ese cambio postulándose como un género artístico autónomo. Se abren así nuevas vías de experimentación creativa en las que el desnudo se desliga de la censura moral y de la clandestinidad, hasta llegar en los últimos años a una situación de normalidad. (Ver texto completo)

4.11.09

50 obispos anglicanos pasan a la Iglesia Católica

Los obispos, sacerdotes y fieles anglicanos que hasta ahora llegaban a la Iglesia católica eran recibidos individualmente a título personal. Benedicto XVI ha creado un sistema para que puedan ser recibidas en la Iglesia católica parroquias enteras con sus respectivos fieles o incluso diócesis enteras como han solicitado unos 50 obispos anglicanos. La petición requiere aceptar explícitamente el catecismo de la Iglesia católica y la autoridad del Papa.

Card. William Joseph Levada
Prefecto Congregación de la Doctrina de la Fe:
"Sí, serán católicos. Eso quedará claro, porque como las personas que siguen el proceso de catecumenado, hacen una profesión de fe personal y ritual". La estructura de acogida en la Iglesia católica serán los Ordinariatos personales, similares a los Ordinariatos militares ya existentes o a las Iglesias católicas de rito oriental.

3.11.09

Cuando contemplo el cielo…

Texto de Mons. José Antonio Munilla, obispo de Palencia

Se cumplen cuatrocientos años desde que Galileo apuntase por primera vez al cielo con su telescopio, y las Naciones Unidas han declarado el 2009, el Año Internacional de la Astronomía. Si bien es cierto que la ciencia astronómica tiene sus propios fines y métodos, el hombre religioso recibe con sumo interés todos sus descubrimientos y avances, porque para nosotros el firmamento es un lugar privilegiado por el que nos asomamos al misterio de la inmensidad de Dios y a la contemplación de su infinita belleza. Así lo dice el Salmo 8: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?” (Sal 8, 4-5).


Inmensidad del universo: ¡Ponte en mis manos y… observa!

La astronomía dispone de las comprobaciones científicas suficientes para afirmar que el universo es finito y que está en expansión. Recientemente, un astrónomo sevillano, José Luis Comellas, nos impresionaba con unos datos que nos ayudan a contemplar el universo: Cuando observamos el sol, lo estamos viendo tal y como era hace ocho minutos. La razón es que, ése es el tiempo que tarda en llegar la luz desde el sol hasta nosotros, a razón de 300.000 kilómetros por segundo. Y cuando miramos en el firmamento la Estrella Polar, la estamos viendo como era hace ¡trescientos años! Pero… eso no es nada, comparado con la distancia que nos separa de la Galaxia de Andrómeda: la luz que nos llega hoy desde ella, ha salido hace ¡¡dos millones de años!! Podría haber ocurrido perfectamente que esa galaxia hubiese desaparecido hace miles de años, y que nosotros no tuviésemos todavía noticia de ello... Desde estos datos, los creyentes nos maravillamos al considerar que toda esta inmensidad que forma el Universo, no es sino una pequeña criatura del amor de Dios.

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

Una de las cuestiones más apasionantes es la posibilidad de encontrar otras formas de vida en el Universo, y especialmente, otras formas de vida inteligente. De forma mayoritaria, la comunidad científica no excluye esa posibilidad, aunque estima que las probabilidades son pequeñas, dadas las condiciones tan hostiles para la vida en el universo conocido.

En la hipótesis de que solamente existiese vida inteligente en la Tierra, parece lógico que los creyentes nos hagamos la pregunta de por qué un universo tan inmenso: ¿Somos tan importantes como para que Dios crease un universo de estas dimensiones, teniéndonos sólo a nosotros como sus habitantes? Si así fuese, estaríamos ante una prueba más de la dignidad del hombre. Tal vez, Dios nos está diciendo: “Si piensas que el firmamento es maravilloso, deberías ver mi obra maestra en…¡el espejo!”.

Iglesia Católica y astronomía

Una de las leyendas negras más extendidas contra la Iglesia Católica es la sospecha de que en su historia se ha comportado como enemiga de los avances científicos. La realidad es justamente lo contrario: Baste recordar que Copérnico fue un eclesiástico polaco; o que Lemaître, el pionero en proponer la hipótesis del Big Bang como origen del universo, era un sacerdote belga. Sin olvidar que los papas fueron grandes impulsores del estudio del cosmos, hasta el punto de fundar tres observatorios astronómicos.

Por lo que respecta al caso Galileo, frecuentemente aducido, hoy en día sabemos con precisión que el factor determinante del conflicto no fue otro que las malas relaciones personales y las rivalidades entre científicos. Conviene recordar que Galileo no estuvo un minuto en las cárceles de la Inquisición, ni fue sometido a tortura o vejación alguna. Su condena, por no cumplir su compromiso de enseñar el heliocentrismo como una hipótesis –ciertamente, una injerencia indebida del tribunal eclesiástico, como reconoció Juan Pablo II-, consistió solamente en una reclusión en su propia casa y la recitación de algunas oraciones. La leyenda negra sobre Galileo no sólo ha extendido la falsedad de su condena a la hoguera, sino que ha ocultado que Galileo falleció en su vejez, bajo el cuidado de su hija religiosa, y habiendo recibido la bendición papal.

En el momento presente, la Santa Sede mantiene un Observatorio Astronómico, conocido con el nombre de la “Specola Vaticana”, desde el que se están impulsando importantes proyectos. Su razón de ser es el diálogo interdisciplinar, ya que la astronomía es una ciencia que nos ayuda a poner en perspectiva nuestra realidad, al mismo tiempo que nos introduce en un terreno fronterizo, entre ciencia, teología y filosofía.

1.11.09

Carta póstuma

Un amigo bloguero me envía esta carta póstuma de un padre a sus hijos. Se trata de algo real, ocurrido en Valladolid, que quiero publicar aquí por su ejemplaridad:


Queridos todos:

Si leéis esta carta es que el Señor me ha llamado a su presencia. Espero, de su benevolencia, perdone mis cobardías, egoísmos, traiciones. Mis últimos deseos os los dejo en esta carta, espero que reflexionéis sobre ello.

En primer lugar, querer a mamá y mimarla cuanto podáis; todo sería, en términos económicos, poco para pagar el cariño y develo hacia vosotros, toda una vida sin más objetivo que ¡sus hijos! Habrá tenido fallos, pero son insignificantes en el haber general. Todo cariño es poco para compensar sus preocupaciones, sus dolores por todos vuestros problemas. Pero no se trata de compensar nada, mamá ha cumplido con todo su saber y energía la función de madre. Se trata que le deis el cariño y el mimo que ella necesita en este tiempo difícil para ella.

Segundo: Llevaos bien, permaneced unidos. Tratrar de comprenderos y respetaros. No ampliéis vuestras diferencias, ayudaros todos y en especial al que más lo necesite.

Tercero: he tratado de transmitiros la fe que a su vez mis padres me dieron a mí y tengo como el bien más precioso. En algo he fallado, pues me parece que vuestra vida espiritual es lánguida, como si tuvierais miedo a que esa fe fuera incompatible con el mundo actual. La fe que yo he querido daros es en un Dios bueno, paciente, que sólo busca nuestro bien, aunque la impaciencia humana sea un obstáculo para entender sus decisiones.

La felicidad en este mundo está en entender y aceptar con alegría lo que Dios nos manda, apoyados en esa fe, que cree firmemente que Dios nunca nos abandona. Una vida espiritual sin frecuentar los sacramentos es una vida anémica. La comunión frecuente es el mejor alimento del alma.

Cuarto: No quiero lutos para mí, ni visitas al cementerio. Sí os pido que cuando os acordéis pidáis a Dios por mí y en vuestras comuniones tended un recuerdo para vuestro padre.

Quinto: Deseo que mis cenizas reposen junto a mis padres. La esquela la dejo hecha. Deseo que no figure ningún título, simplemente el nombre y debajo: "dejo este mundo, en Valladolid, el día... de... esperando de la misericordia del Padre ganar la vida eterna".

Sexto: A los que, por razones de matrimonio, os habéis encontrado formando parte de mi familia, mi agradecimiento por haber soportado mis errores, mis pesadeces, que sin duda las ha habido. Mi actitud hacia vosotros no ha sido de aceptación, sino de cariño. Todos tenéis virtudes para ser amados. En la parte que os toca, procurad fomentar la unión entre los hermanos. No todos somos iguales, hay diferencias pero éstas no deben ser elevadas a la categoría de enemistades.

Habéis sido buenos hijos, cada uno a su manera siempre me habéis demostrado cariño. Os he querido sin límite y sin diferencias, he procurado formaros lo mejor que he sabido y me he preparado para ello. Habrá habido fallos, propios de la imperfección humana, nunca por despreocupación o falta de amor.

Para todos mi agradecimiento.